viernes, 21 de septiembre de 2012

Historia de Isaac parte 9


XXXIV
Darid vivía en un pequeño piso, se encontraba en un edificio de gente humilde en un barrio de trabajadores de Rabat.
Acababa de despertarse, las pocas horas de sueño casi no le habían servido de descansó. Se encontraba en la cama mirando los papeles que recogió de la casa de Yemyra, no comprendía los símbolos que estaban dibujados en las hojas, pero estaba claro que tenía algo casi más importante que la llave de Anubis en su poder.
No sabía donde escondería los documentos, no estaba seguro de que el llevarlos encima fuera lo más adecuado, y guardarlos en una caja fuerte de un banco era incluso menos seguro teniendo en cuenta las influencias de la Orden oscura.
Se levantó y se dirigió hacia la mesa de trabajo, antes pasó por la cocina y cogió una cerveza fría, cuando se sentó para escribir una carta recibió una llamada en su teléfono móvil, tardó en contestar, no se fiaba de quien podría ser.
-¿Dígame? –dijo cautelosamente.
-¿Inspector Darid? –por la voz parecía occidental.
-El mismo, ¿Quién eres?
-Me llamo Alejandro, tengo que verle urgentemente… -hizo una pausa para tomar aire, estaba nervioso, -es sobre Marta la novia de Isaac, ha sido secuestrada.
-¿La novia de Isaac? –Darid no daba crédito a lo que escuchaba, -¿Cómo narices conoces mi número de teléfono?
-Es una larga historia, digamos que accedí a ciertos mensajes de texto que recibiste, y no sabía a quién acudir, soy amigo de Marta y vinimos para buscar a Isaac, habíamos quedado aquí con Javi…
-¿Con Javi dices? –Darid al escuchar ese nombre le interrumpió.
-¿Conoces a Javi? –pregunto Alejandro.
-Por desgracia si, y dices que a secuestrado a la novia de Isaac… -se levantó bruscamente de la silla, -¿Dónde te encuentras?
-Estoy en el aeropuerto, no sabía dónde ir, -dijo Alejandro visiblemente abatido.
-Escúchame atentamente, coge un taxi y dirígete a la Iglesia de San Francisco, espérame dentro, no tardare en llegar, -Darid colgó el teléfono.
Después de vestirse apresuradamente termino de redactar la carta y bajó a la calle, antes de montarse en el coche entregó la carta a un tendero amigo suyo y le dio unas instrucciones para que enviara la carta por él. Se montó en su coche y se dirigió hacia la Iglesia de San Francisco.
XXXV
Marta hacía ya tiempo que había sido bajada del coche a punta de pistola, ahora se encontraba en la parte trasera de un todo terreno, estaba amordaza y atada de pies y manos, intentó ver quien conducía pero le fue casi imposible moverse.
Al de unas horas de travesía sin apenas beber nada de agua estaba agotada, pensaba que la dejarían en medio del desierto abandonada para que muriera, comenzó a llorar imaginando el futuro que le esperaba pero sobre todo pensaba en su amado Isaac, estaba convencida de que había muerto.
Cuando la desesperación casi la había vencido y estaba comenzando a asimilar la situación notó como el vehículo se detenía, abrieron la puerta y vio como Javi se le acercaba, con una navaja cortó las ataduras de las piernas y la bajó del todoterreno.
-Bienvenida a tu nueva casa, -dijo Javi mientras la ayudaba a bajar del coche.
Al pisar el suelo Marta trastabilló y hubiera caído de rodillas si Javi no la hubiera ayudado a mantener el equilibrio, tenía las piernas apelmazadas y le costaba dar un simple paso.
Javi cogió del brazo nuevamente a Marta y la llevó hacia un edificio que parecía ser muy antiguo y estar abandonado, Marta miró a su alrededor y se fijo que había otro edificio que parecía también muy antiguo cerca de donde estaban, estaba muy bien conservado y tenía un extraño símbolo de un chacal rodeado por un circulo llameante en la puerta, aparte de esas dos construcciones no vio nada más que arena a su alrededor.
Escuchó como Javi hablaba en árabe con otro hombre, no logró comprender nada de lo que decían pero vio como el hombre se montaba en el todoterreno y se alejaba dejando tras de sí una estela de polvo.
-Vamos a ponernos cómodos, pasaremos una temporada aquí, -dijo Javi mientras dirigía a Marta hacia la extraña construcción.
XXXVI
Isaac deambulaba por las calles de Rabat sin saber bien dónde empezar a buscar a Darid, la lógica le decía que tenía que comenzar por la comisaria, pero últimamente la lógica no era algo que funcionara en su vida.
Isaac tenía una sensación extraña como si alguien le estuviera siguiendo, se giro y vio unos metros detrás del a Antoine, este al darse cuenta de que le habían visto se detuvo y le saludó con la mano, tenía una mueca burlona en su rostro. Isaac apretó los puños por la rabia, pero se calmó al pensar en Marta, se dio la vuelta y continuó con su camino.
Le llamó la atención un pequeño local que estaba en un estrecho callejón, “casa de España de Rabat” ponía en el cartel, decidió entrar, -tal vez podría mirar alguna guía de teléfonos o similar, -pensó Isaac mientras entraba.
Cuando entró se fijo que el local era un restaurante, la decoración era muy típica, algunas fotos de cantantes de flamenco y corridas de toros, parecía como su hubiera entrado en algún bar tradicional del barrio de la Macarena.
-Muy buenos días, -le dijo un hombre amablemente cuando le vio entrar, -discúlpeme pero está cerrado.
-Solo quería preguntarle si tendría alguna guía de teléfonos o algo parecido de Rabat, estoy buscando a una persona, -le respondió Isaac devolviéndole una sonrisa forzada.
El hombre se le acercó y le estrecho efusivamente la mano.
-¡Un paisano!, claro adelante pasa siéntate, -el hombre le señalo amablemente una banqueta junto a la barra.
Cuando Isaac se sentó en la banqueta el amable hombre le sirvió un café.
-Hace tiempo que no veo a un turista Español por aquí, me llamo Jacinto, -el hombre estaba emocionado.
-Yo me llamo Isaac, y discúlpeme pero tengo algo de prisa, ¿podría dejarme por favor la guía de teléfonos para buscar a mi amigo? –temía haber parecido demasiado brusco.
Jacinto hizo un gesto afirmativo con su cabeza y se dirigió hacia la trastienda, al cabo de unos segundos apareció con un ordenador portátil.
-En pleno año 2012 para que usar las guías si tenemos internet, -el hombre sonreía mientras le dio el ordenador a Isaac.
-Muchas gracias Jacinto, -dijo mientras comenzaba a teclear.
Le costó más de lo que imaginaba encontrar una página donde poder buscar la dirección pero una vez que entró en ella se alegró al comprobar que al introducir el nombre de Darid Assem solo aparecía una entrada, anotó la dirección donde supuestamente vivía el inspector y le devolvió el ordenador a Jacinto.
-¿Encontraste lo que buscabas?
-Sí, muchísimas gracias, no sabes de cuanto me ha servido tu ayuda, -Isaac estaba exultante.
-Me alegro muchísimo, espero que nos veamos en algún otro momento, -Jacinto estrecho nuevamente la mano de Isaac.
Cuando abandonó el local vio como Antoine se encontraba sentado en una terraza de un bar tomando un té, al pasar Isaac por su lado le miró fijamente, si las miradas mataran aquella habría terminado con la vida de Antoine.
Se dirigió hacia un taxi para ir a la casa de Darid.
XXXVII
Cuando Alejandro llegó a la iglesia de San Francisco se detuvo para observar la fachada de estilo colonial, la mezcla con la cultura árabe la hacían imponente.
Cuando entró se fijo en que no había mucha gente en su interior, eso en parte le tranquilizaba. Se dirigió hacia un banco cercano a la entrada de la iglesia desde donde podía ver quien entraba y salía y esperó a que apareciera el inspector.
Darid llegó un cuarto de hora más tarde que Alejandro, al entrar se detuvo en la puerta observando el interior de la iglesia, algunos fieles hacían cola en el confesionario, un par de occidentales seguramente turistas están de rodillas frente al altar seguramente rezando, miro hacia un lateras y en un banco cerca de la entrada vio a un hombre algo nervioso que lo observaba fijamente, Darid se acercó lentamente.
-¿Alejandro? –dijo Darid casi susurrando respetando ese silencio ceremonial que se respiraba en el ambiente.
Alejandro asintió con la cabeza.
-Soy Darid, hemos hablado antes por teléfono, -se sentó junto a él sin dejar de mirar al frente.
-Lamento el haberte molestado, no sabía a quién podía acudir, -dijo Alejandro nervioso, las manos le sudaban y sostenía una revista que manoseaba una y otra vez para intentar paliar el nerviosismo.
-Me debes una explicación, ¿Cómo me localizaste? –Darid esta vez le miró inquisitivamente, tenía una mano cerca de la cartuchera donde guardaba su pistola.
-Soy amigo de Marta, ella estaba preocupada por su novio, se ve que en la policía de Sevilla le hablaron de ti… -hizo una pausa para tragar saliva, -al no tener noticias de Isaac ella se puso a investigar por su cuenta y dio con la noticia de la muerte de un preso en la comisaria y al ver tu nombre en la noticia se preocupó más todavía.
Darid al recordar aquel momento sintió una punzada en el pecho, no es algo de lo que estuviera orgulloso, pero era algo que se tenía que hacer.
-Me pidió ayuda y yo… digamos que logre acceder a cierta información tuya, incluidas llamadas y mensajes de texto recientes…
-¿Cómo coño pudiste hacer eso? –Darid estaba enojado.
-Digamos que fue más fácil de lo que pensaba, la seguridad informática no es algo que cultiven demasiado ciertas empresas… -Alejandro le dio los informes a Darid.
Darid se quedo estupefacto al ver las hojas que acababan de darle, venia toda su hoja de servicios y toda la información telefónica, cuando terminó de leerlos las rompió.
-Por eso sabíamos que no querías hacer daño a Isaac y queríamos venir a hablar contigo para saber qué es lo que ocurría con Isaac…
-¿Y qué pinta en todo esto Javi? –le interrumpió Darid.
-Es amigo de Isaac, Marta quedo con él pero la secuestraron al salir del aeropuerto, -el tono de voz de Alejandro denotaba ahora culpabilidad, -tenía que haber estado con ella.
Darid le intento calmar, y le explico lo sucedido en esos dos días y quien era en realidad Javi.
-¿Enserio me estás diciendo que no es un guion de película lo que me cuentas? –dijo Alejandro con escepticismo, miraba a Darid fijamente con los ojos abiertos como platos intentando comprender lo que le decía.
Darid asintió, y por la cara que tenia al contar la historia no parecía que mintiera.
-Lo que no se es porque Yemyra…
-¿Yemyra? –le interrumpió Alejando.
-Si Yemyra es el nombre de Javi en la organización, -le contesto Darid, -lo que no se es porque Yemyra querría secuestrar a Marta...
-Si tiene a Isaac lo mismo la necesita para chantajearle por alguna razón, -dijo Alejandro.
-Seguramente… ¿pero cuál? –cuando terminó de hablar giró la cabeza bruscamente mirando la entrada de la iglesia, alguien había dando un portazo al cerrar la puerta.
-No puede ser… -Darid no daba crédito a lo que veía.
-¡Isaac! –gritó Alejandro levantándose rápidamente y dirigiéndose a la entrada de la iglesia.
Los fieles que estaban haciendo cola en el confesionario miraron a Alejandro al escuchar el grito.
-¿Alejandro? ¿Qué haces aquí? –Isaac miraba incrédulo hacia el hombre que se le acercaba rápidamente.
XXXVIII
-Dime Antoine, ¿Cómo va todo? –dijo Yemyra cuando le contestaron al teléfono.
-Están ya juntos, cuando sepa alguna cosa más te avisare pero tenemos un problema.
-¿Qué ocurre? –pregunto Yemyra preocupado.
-Un hombre que no conozco de nada está con ellos, –dijo Antoine.
-Te llamo en unos minutos, -Yemyra colgó el teléfono y se giró para mirar a Marta.
-¿No viniste sola verdad?
Marta no contestó, estaba en una silla atada de pies y manos y simplemente miraba al suelo, Yemyra se acercó y la abofeteo con fuerza, la sangre apareció en la comisura de sus labios.
-No me hagas repetirte la pregunta… ¿Quién es ese hombre? –dijo mientras sujetaba del pelo a Marta y tiraba de el para obligarla a mirarle a la cara.
-¡Vete a la mierda maldito cabrón! –Marta soltó un escupitajo que impacto en el rostro de Yemyra.
-Si no me lo dices no volverás a ver a Isaac, -dijo mientras se limpiaba el escupitajo y tiraba con más fuerza del pelo.
El escuchar el nombre de su amado y el saber que estaba vivo hicieron que su resistencia se mermara.
-No es nadie importante, solo un amigo que quiso acompañarme, -dijo Marta apesadumbrada por la sensación de traición que tenía en esos momentos.
Yemyra soltó el pelo de Marta y la abofeteo una vez más, las lagrimas invadían sus mejillas pero lloraba en silenció no quería darle el gusto de escucharla quejarse.
Antoine estaba fuera de la iglesia vigilando la entrada para no perder a sus objetivos de vista, justo cuando vio a los tres hombres salir de la iglesia sonó el teléfono.
-Yemyra acaban de salir, ¿Qué hago?
-Hagamos que la historia de Isaac le resulte creíble a Darid, mata al otro hombre.
Antoine colgó el teléfono y continuó siguiendo a los tres hombres mientras zurcía un plan en su mente.
XXXIX
-Todavía me cuesta creer que pudieras escapar, -dijo Darid mientras encendía un cigarro.
-A mí también me cuesta creerlo, pero es tal y como te conté. –Isaac permanecía quieto mirando el suelo, -cuando llegue a tu casa te vi salir apresuradamente y te seguí hasta la iglesia.
-Espero que nadie te haya seguido a ti.
Darid comenzó a caminar seguido de Isaac y Alejandro, se dirigían a su casa desde donde podrían estar más seguros y planear como rescatarían a Marta.
-¿Qué calor hace aquí no? –decía Alejandro quejosamente.
-Vamos hombre, ya queda poco, sino no haber venido, -le contestó Isaac visiblemente enfadado.
-De nada, de nada, si lo se le digo a Marta que nos vamos a cenar en vez de venir aquí a buscarte.
Isaac al escuchar eso miró a Alejandro y le cogió de la camisa mirándole a los ojos encolerizado.
-Como vuelvas a decir algo así te parto la cara maldito imbécil, -dijo mientras levantaba el puño amenazando con golpearle.
-¡Cuidado! –grito Darid mientras sacaba su pistola.
Isaac miro a Darid y vio como disparaba a algo o alguien detrás de él, se giró para mirar y vio a Antoine apuntándole con un arma, Antoine le disparó. Isaac sintió una quemazón tremenda en su hombro y soltó a Alejandro, miró la zona donde le había impactado el disparo, comenzaba a sangrar profusamente.
-¡Al suelo maldita sea! –gritó Darid mientras volvía a disparar a Antoine.
Estaban en una zona relativamente descubierta, Isaac se lanzó al suelo intentando buscar alguna cobertura posible, mientras estaba en el suelo vio a Alejandro inmóvil unos metros delante de él.
-Alejandro ¿estás bien? –le gritó mientras permanecía en el suelo mirándole.
-Creo que sí… -estaba visiblemente asustado, el miedo le paralizaba y era incapaz de moverse.
-¡Detrás de aquel coche rápido! –dijo Darid mientras les señalaba un coche que estaba aparcado unos metros por detrás de ellos.
-Alejandro, cuando cuente tres nos levantamos y corremos hacia el coche, ¿comprendido? –no dejaba de mirarle intentando tranquilizarle.
Alejando simplemente asintió con la cabeza, siempre le habían gustado las películas de guerra y tiroteos pero esto no se parecía ni mucho menos a una película de acción.
-Uno… dos… -justo en ese momento una bala silbó cerca de él casi dándole de lleno en la cabeza, -tres ¡ahora, vamos Alejandro! –se levantó rápidamente y corrió en dirección al coche que le había señalado Darid mientras este les cubría disparando a Antoine.
Alejandro tomo aire y se levantó lo más rápido que pudo y siguió a Isaac, estaba ya a medio metro del coche cuando notó un pellizcó en la espalda a la altura de los riñones, cuando ya estaba a resguardo juntó a Isaac se sentó apoyando su espalda en el coche.
-Muy bien Alejandro, lo lograste, ¿estás bien? –dijo Isaac mientras le daba una palmada en los hombros.
-Si llego a saber que voy a participar en una película de vaqueros me hubiera traído un caballo, -intentó bromear Alejandro.
Isaac rió por el comentario de Alejandro, permanecieron a resguardo hasta que el tiroteo cesó y apareció Darid corriendo.
-¿Estáis todos bien? –dijo Darid mientras miraba a los dos hombres.
-Me dieron en el hombro, pero no es nada, es una herida superficial, -dijo Isaac mientras apretaba la herida con un pañuelo intentando evitar el perder más sangre.
-Debió de seguirte cuando escapaste… -Darid ayudo a Isaac a levantarse, -seguramente cuando nos vieron juntos no se lo pensaron demasiado.
-Vamos Alejandro dame la mano, -Isaac le tendió la mano para ayudarle a incorporarse.
Alejandro no contestó, permanecía en silencio sin decir nada, Darid se puso de rodillas junto a él y le tomo el pulso.
-Esta… muerto, -dijo Darid.
-¿Muerto?, si hace menos de un minuto que hemos hablado ¿Cómo es posible? –Isaac estaba incrédulo mirando a los ojos ahora carentes de vida de Alejandro.
Darid inspecciono el cuerpo y vio como brotaba abundante sangre de una herida de bala recibida en los riñones, Isaac no pudo aguantar las lágrimas.
-Malditos hijos de puta, -gritó desesperado.
-Vámonos de aquí, la policía se encargara de él, es mejor irnos cuanto antes, lo siento mucho Isaac, -Darid se incorporó y se dirigió hacia su coche.
Isaac miró por última vez a Alejandro, nunca se llevaron bien, pero siempre fue buen amigo de Marta y ahora que había muerto por ir a buscarle un sentimiento de culpabilidad le inundó completamente.
-Amigo tu muerte no será en vano, -miró por última vez el cadáver de Alejandro y se marchó con Darid.

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