miércoles, 7 de noviembre de 2012

Historia de Isaac parte 10


XL
Marta llevaba horas sentada y atada en esa silla, las muñecas le dolían tremendamente, se fijo en que estaban comenzando a ponerse moradas. No quería suplicar pero el dolor comenzaba a ser insoportable.
-Javi… -dijo apesadumbrada.
-No me llames Javi, soy Yemyra, ¿Qué quieres?
-Javi… me duelen mucho las muñecas, ¿podrías aflojarme las cuerdas un poco? –no levantó la vista del suelo al hablar con él.
Yemyra se acercó a Marta y cortó las cuerdas de los pies y de las manos con una navaja, hizo un gesto a un hombre armado que estaba con ellos y este cogió bruscamente a Marta y la llevó a una pequeña habitación que se encontraba en el recinto y la encerró cerrando la puerta tras de sí con llave.
Marta estaba agarrotada después de tantas horas en la misma postura, y decidió dar vueltas alrededor de la habitación para intentar volver a poner su cuerpo en orden, después de tres vueltas comenzaba a sentirse mejor y el riego sanguíneo volvió a fluir correctamente. Cuando se disponía a comenzar la quinta vuelta escuchó como Yemyra hablaba por teléfono y pegó la oreja a la puerta para intentar escuchar mejor lo que decían.
-Antoine tranquilo, ¿Qué ocurrió? –Yemyra estaba algo intranquilo.
-Estoy herido en una pierna, pero no es nada grave, no te preocupes. –dijo Antoine.
-¿Cumpliste con tu tarea? ¿Está muerto? –preguntó ansioso.
-Darid se tragara la historia, herí a Isaac en un brazo y mate al otro hombre, así que no creo que sospeche nada y se creerá todo lo que Isaac le cuente, -dijo arrogantemente.
-Muy buen trabajo Antoine, Isaac se pondrá en contacto con nosotros para indicarnos donde están, ve a que te curen esa herida y cuando tengas noticias llámame, -Yemyra estaba exultante.
Marta al escuchar la palabra muerto y buen trabajo temió lo peor, no sabía de quien hablaban si de Alejandro o de Isaac, pero el dolor y la pena comenzaron a invadirla y empezó a llorar desconsoladamente, se sentó en un rincón de espaldas a la pared y estuvo llorando durante mucho tiempo hasta que escuchó como alguien abría la puerta.
-Bueno Marta, si todo sale bien pronto terminara el calvario, -dijo Yemyra al que se le veía feliz.
Marta se levantó y se lanzó contra él, le golpeaba en el pecho con todas sus fuerzas pero sin mucha eficacia, uno de esos golpes logro impactar en el rostro de Yemyra haciéndole una herida por la que sangraba levemente.
-¡Maldita seas!, -dijo mientras la pegaba un puñetazo en la mandíbula haciéndola caer al suelo.
Marta intentó levantarse pero la vista se le nublo y perdió el sentido, quedó inconsciente tumbada en el suelo mientras Yemyra salía de la habitación cerrando nuevamente la puerta con llave.
XLI
Darid cogió del botiquín un bote de alcohol y unas vendas, se dirigió a la cocina donde estaba Isaac sentado en una silla sin camisa y sujetando el pañuelo en la herida que ya casi había dejado de sangrar.
-Esto te dolerá un poco… -dijo mientras vertía un poco de alcohol en la herida.
-¡Joder, quema! –grito Isaac apartando la mano de Darid de un manotazo.
Darid limpió bien la herida y la vendó, no era la primera herida de bala que veía.
-Es un rasguño, te pondrás bien enseguida, -dijo mientras daba una última vuelta al vendaje.
-¿Quién eres? –pregunto Isaac mientras cogía un cigarro del paquete de tabaco que estaba encima de la mesa.
-El inspector de policía Darid…
-A estas alturas no me vengas con chorradas, no estamos ya para mas jeroglíficos ni tonterías de misterios y leyendas, ¿Quién coño eres? –volvió a preguntar inquisitivamente.
Darid se levantó y se dirigió a la nevera, la abrió y saco dos cervezas, le dio una a Isaac y se sentó junto a él cogiendo también un cigarro y encendiéndolo.
-Mi familia tenía un juramente con la hermandad de Bastet, éramos los encargados de proteger la llave y la clave desde hace siglos…
-¿Enserio me estáis diciendo que esto tiene algo que ver con dioses, diosas y tiempos antiguos?, me cuesta muchísimo creerlo, -le interrumpió Isaac.
-Tú mismo lo estás viendo, yo no creo demasiado en esas cosas tampoco, pero está claro que alguien si, y está matando por lograr todo esto, mi trabajo era encontrar la llave y la encontré, fue por casualidad gracias a James pero la encontré. Pero todo se enredo de una forma increíble, y ahora está en juego la vida de mucha gente, yo no sé que abra dentro de ese templo, pero si alguien esta tan dispuesto a matar por lo que está dentro de ella mi trabajo es evitarlo.
-No sé qué es lo que abra dentro de ese templo, no sé si al abrirlo saldrá el Dios Osiris o simplemente no abra nada, solo quiero terminar con todo esto y salir de este país, -dijo Isaac.
-Llevan siglos detrás de esto, así que se esconda lo que se esconda detrás de esas puertas será mejor no despertarlo, cientos de personas han muerto a lo largo de la historia y creo que va siendo hora de terminar con todo esto, -aseveró Darid.
-Yo solo quiero vengarme de Javi por matar a James y sobre todo por secuestrar a Marta.
-Ahora se llama Yemyra, es el nombre que adopto al lograr el poder en la orden oscura, -le matizo Darid.
-Me da igual como se llame, para mi es hombre muerto, -dijo tajantemente Isaac.
Estuvieron horas hablando y cavilando como terminar con Yemyra y su organización, estaba claro que para terminar con ellos tendrían que cortar las cabezas visibles y el resto se evaporaría como el agua al hervir, tenían que matar a Antoine y a Yemyra.
-Voy al servicio, -dijo Isaac levantándose de la mesa.
-Yo hare un par de llamadas para localizar donde se esconde Yemyra.
Isaac se dirigió al cuarto de baño, cuando se encerró con pestillo sacó un teléfono móvil y llamo a Yemyra.
-Isaac, estaba esperando tu llamada.
-Maldito cerdo, me disparaste y mataste a Alejandro, -dijo Isaac intentando no levantar la voz para que no le escuchara Darid.
-Era necesario hacerlo para que no sospecharan de ti, pero lo más importante es que Marta está bien, mientras tú no nos engañes, ¿tienes la clave encima?
-Muy pronto la tendré, mañana iremos al templo de Osiris, y como toques un pelo a Marta date por muerto, -el tono amenazador de Isaac indicaba que era capaz de cumplir con su amenaza.
-No te preocupes por Marta, tráeme la clave, aquí te esperare e Isaac… -hizo una pausa, -no olvides que tienes que terminar con la vida de Darid.
-No lo olvido… -la voz amenazadora se convirtió ahora en aflicción.
Cuando salió del baño Isaac tenía la cara descompuesta, no le gustaba lo que tenía que hacer, pero no le quedaba más remedio, se dirigió a la cocina y vio a Darid sonriente.
-Les hemos localizado, mañana partimos pronto.
-¿Llevas la clave encima? –pregunto Isaac.
-Aquí la tengo, ¿Por qué? –preguntó Darid con cierta curiosidad.
-Por nada Darid, acuérdate de todo lo que hablamos.
Ambos hombres después de tomar un par de cervezas más se marcharon a dormir.
XLII
Al día siguiente se despertaron muy pronto, después de vestirse y prepararse Darid dio una pistola a Isaac.
-Después de lo de ayer, es mejor que la lleves encima, -dijo Darid ofreciéndole una beretta.
Isaac cogió la pistola y la observó un instante antes de guardarla.
-¿Sabes cómo se usa? –pregunto Darid.
-Sí, alguna vez dispare una pistola parecida a esta en un campo de tiro.
-Pues vámonos entonces.
Salieron de la casa en dirección al coche de Darid, Isaac estaba nervioso, pensaba que todo terminaría pronto y que vería a Marta en unas horas, antes de montarse en el coche miró a su alrededor por si veía a Antoine, pero nadie les seguía.
-¿Está todo bien? –pregunto Darid.
-Creo que sí, miraba a ver si nos seguía alguien, -dijo mientras entraba en el coche.
Arrancaron y se dirigieron a la autopista para ir hasta la población donde tomarían el desvió para adentrarse en el desierto, tenían unas cuantas horas hasta llegar. Después de tres horas de conducir Darid entró en un área de servicio para repostar y poder estirar un poco las piernas, Isaac se dirigió al servicio de la cafetería de la estación de servicio, cuando entró al baño un hombre se acercó a él y le dio un pequeño sobre.
Cuando estaba encerrado en el baño abrió el sobre y sacó una nota que había en su interior.
Isaac, si Darid tiene la clave encima aprovecha ahora y acaba con él, cuando lo hagas un coche estará esperándote para que me traigas la clave”
Después de leerla la rompió y la tiro a la taza del baño pulsando la cisterna, los pedacitos desaparecieron al momento, Isaac cogió aire y salió del baño, vio a Darid en la barra de la cafetería tomando un café.
-Cuando quieras podemos irnos, -le dijo Isaac nervioso.
Darid le miró fijamente, intuía que algo pasaba.
-¿Qué te ocurre Isaac?, te noto muy nervioso.
-Estoy preocupado por Marta solamente es eso, tengo ganas de llegar ya.
-Muy bien, pues vámonos, -dijo mientras dejaba un billete sobre la barra y se levantaba.
Cuando salieron de la cafetería Darid se fijo en un coche que estaba aparcado cerca del suyo con el motor en marcha, se empezó a inquietar, algo no le terminaba de gustar, se giro para hablar con Isaac y le vio detrás del con la Beretta en la mano apuntándole.
-Isaac… -Darid le miraba a los ojos
-Lo siento mucho, es o tu o Marta, -Isaac estaba nervioso la mano le temblaba.
-No quieres hacer esto, seguro que encontramos una solución, cálmate, -el tono de Darid era conciliador.
-¡No tengo más remedio! –gritó Isaac desesperado.
Darid se acercaba lentamente, casi imperceptiblemente.
-Tranquilo, hablemos de esto, podemos ayudar a Marta sin que hagas esto…
-Lo siento mucho, -dijo Isaac mientras apretaba el gatillo.
Darid se llevó las manos al estomago, acababa de recibir un disparo a quemarropa y la sangre salía a borbotones, el dolor era intenso, miró a Isaac antes de caer de rodillas delante de él.
-Lo lamento Darid, de verdad, -dijo apesadumbrado.
Darid no podía articular palabra, se agarro a la pierna de Isaac para no perder el equilibrio, pero no aguantó mucho más y cayó al suelo, Isaac le registro y saco una hoja donde había unos extraños símbolos escritos, se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
Del coche salió un hombre que se acerco a Isaac, le hizo un gesto y este corrió rápidamente al vehículo, montaron y salieron de la estación de servicio apresuradamente, Darid yacía en el rellano de las escaleras en medio de un charco de sangre.
En otro extremo del aparcamiento se encontraba Antoine en otro coche, al ver la escena sacó su teléfono y realizó una llamada.
-Yemyra, Isaac ha cumplido, acaba de matar a Darid.
-Bien, ven aquí y en cuanto llegue Isaac mátalo.
Antoine guardó el teléfono y siguió al otro vehículo a una prudencial distancia.
XLIII
Marta continuaba sentada contra la pared de la fría habitación, se sentía mal por desear que el muerto fuera Alejandro y no Isaac, se sentía culpable por desear eso, odiaba a Yemyra y quería asesinarlo. Le daba vueltas a la cabeza pensando en cómo vengarse, sabía que solamente eran sueños producidos por la rabia y el odio porque en su situación no veía ninguna posibilidad de llevar a cabo sus deseos.
-Hora de comer, -dijeron desde el otro lado de la puerta.
-No me apetece comer nada.
Abrieron la puerta y entró un hombre con una bandeja y la depositó en el suelo junto a la entrada.
-Me importa muy poco lo que quieras, -dijo mientras se reía el hombre que le llevó la comida.
Cuando salió y cerró nuevamente la puerta Marta se acercó a la bandeja de comida, había un plato con algo de carne, supuestamente era cordero, cogió los cubiertos y se fijó en el cuchillo, no parecía muy afilado pero se quedo mirándolo y entonces nuevamente su mente se pasó a trabajar.
Se guardó el cuchillo en el bolsillo trasero de su pantalón y se volvió a sentar en el rincón, esta vez estaba más tranquila, ya había perdido casi toda esperanza así que le daba lo mismo cualquier cosa que sucediera. Después de pensarlo un rato se decidió a dar el paso, se acercó a la puerta y la golpeó para llamar la atención del hombre que la había llevado la comida.
-¿Qué ocurre, porque no paras de dar golpes?, -dijo el hombre visiblemente enfadado.
Marta no contestó solamente golpeaba la puerta una y otra vez esperando sacar de sus casillas al carcelero y que entrase.
-Maldita seas, ¡deja de golpear la puerta de una vez!
Marta continuó dando golpes hasta que escuchó como abrían la cerradura torpemente desde el otro lado, sacó el cuchillo y se lo colocó escondido entre la manga de la camiseta y la palma de la mano.
-¿Qué es lo que querías maldita idiota?, -dijo el carcelero mientras abría la puerta de un golpe.
Marta estaba quieta delante de él, mirándolo fijamente, el hombre la observaba con una mezcla de enfado y curiosidad. Marta solamente señalo al suelo con su mano y el guardia miró hacia donde le señalaba, Marta vio nítidamente el cuello al girar el guardia la cabeza y aprovechó para lanzarse sobre él y de un rápido movimiento le clavó el cuchillo en el cuello. El hombre se llevó la mano a la zona donde tenía clavado el cuchillo, cogió la empuñadura y se lo sacó produciendo que saliera un chorro de sangre de la herida, se intentó taponar la herida pero era imposible, la sangre salía a borbotones, el cuchillo se le había hundido en una arteria carótida, Marta se retiró del hombre asustada llevándose las manos al rostro sin querer mirar, el hombre estaba condenado, notó como la vista se le volvía borrosa y al de unos pocos segundos cayó al suelo muerto sin que dejara de brotar sangre de su cuello.
Marta no se atrevía a mirarlo, acababa de matar a un hombre y esa sensación le repugnaba, pero sabía que no le había quedado más remedio, era él o ella, sin mirar casi el cadáver le registró y le quitó una pistola que el hombre tenía en una cartuchera, se asomó a la habitación contigua a la de la celda y al comprobar que no había nadie salió cerrando la puerta tras de ella y dejando el cadáver del guardia donde antes ella había estado encerrada.
-Javi… te toca, -dijo Marta mientras salía de la habitación.

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