XL
Marta llevaba horas
sentada y atada en esa silla, las muñecas le dolían tremendamente, se fijo en
que estaban comenzando a ponerse moradas. No quería suplicar pero el dolor
comenzaba a ser insoportable.
-Javi… -dijo
apesadumbrada.
-No me llames Javi, soy
Yemyra, ¿Qué quieres?
-Javi… me duelen mucho
las muñecas, ¿podrías aflojarme las cuerdas un poco? –no levantó la vista del
suelo al hablar con él.
Yemyra se acercó a
Marta y cortó las cuerdas de los pies y de las manos con una navaja, hizo un
gesto a un hombre armado que estaba con ellos y este cogió bruscamente a Marta
y la llevó a una pequeña habitación que se encontraba en el recinto y la
encerró cerrando la puerta tras de sí con llave.
Marta estaba agarrotada
después de tantas horas en la misma postura, y decidió dar vueltas alrededor de
la habitación para intentar volver a poner su cuerpo en orden, después de tres
vueltas comenzaba a sentirse mejor y el riego sanguíneo volvió a fluir
correctamente. Cuando se disponía a comenzar la quinta vuelta escuchó como
Yemyra hablaba por teléfono y pegó la oreja a la puerta para intentar escuchar
mejor lo que decían.
-Antoine tranquilo,
¿Qué ocurrió? –Yemyra estaba algo intranquilo.
-Estoy herido en una
pierna, pero no es nada grave, no te preocupes. –dijo Antoine.
-¿Cumpliste con tu
tarea? ¿Está muerto? –preguntó ansioso.
-Darid se tragara la historia,
herí a Isaac en un brazo y mate al otro hombre, así que no creo que sospeche
nada y se creerá todo lo que Isaac le cuente, -dijo arrogantemente.
-Muy buen trabajo
Antoine, Isaac se pondrá en contacto con nosotros para indicarnos donde están,
ve a que te curen esa herida y cuando tengas noticias llámame, -Yemyra estaba
exultante.
Marta al escuchar la
palabra muerto y buen trabajo temió lo peor, no sabía de quien hablaban si de
Alejandro o de Isaac, pero el dolor y la pena comenzaron a invadirla y empezó a
llorar desconsoladamente, se sentó en un rincón de espaldas a la pared y estuvo
llorando durante mucho tiempo hasta que escuchó como alguien abría la puerta.
-Bueno Marta, si todo
sale bien pronto terminara el calvario, -dijo Yemyra al que se le veía feliz.
Marta se levantó y se
lanzó contra él, le golpeaba en el pecho con todas sus fuerzas pero sin mucha
eficacia, uno de esos golpes logro impactar en el rostro de Yemyra haciéndole
una herida por la que sangraba levemente.
-¡Maldita seas!, -dijo
mientras la pegaba un puñetazo en la mandíbula haciéndola caer al suelo.
Marta intentó
levantarse pero la vista se le nublo y perdió el sentido, quedó inconsciente
tumbada en el suelo mientras Yemyra salía de la habitación cerrando nuevamente
la puerta con llave.
XLI
Darid cogió del
botiquín un bote de alcohol y unas vendas, se dirigió a la cocina donde estaba
Isaac sentado en una silla sin camisa y sujetando el pañuelo en la herida que
ya casi había dejado de sangrar.
-Esto te dolerá un
poco… -dijo mientras vertía un poco de alcohol en la herida.
-¡Joder, quema! –grito
Isaac apartando la mano de Darid de un manotazo.
Darid limpió bien la
herida y la vendó, no era la primera herida de bala que veía.
-Es un rasguño, te
pondrás bien enseguida, -dijo mientras daba una última vuelta al vendaje.
-¿Quién eres? –pregunto
Isaac mientras cogía un cigarro del paquete de tabaco que estaba encima de la
mesa.
-El inspector de
policía Darid…
-A estas alturas no me
vengas con chorradas, no estamos ya para mas jeroglíficos ni tonterías de
misterios y leyendas, ¿Quién coño eres? –volvió a preguntar inquisitivamente.
Darid se levantó y se
dirigió a la nevera, la abrió y saco dos cervezas, le dio una a Isaac y se
sentó junto a él cogiendo también un cigarro y encendiéndolo.
-Mi familia tenía un
juramente con la hermandad de Bastet, éramos los encargados de proteger la
llave y la clave desde hace siglos…
-¿Enserio me estáis diciendo
que esto tiene algo que ver con dioses, diosas y tiempos antiguos?, me cuesta
muchísimo creerlo, -le interrumpió Isaac.
-Tú mismo lo estás
viendo, yo no creo demasiado en esas cosas tampoco, pero está claro que alguien
si, y está matando por lograr todo esto, mi trabajo era encontrar la llave y la
encontré, fue por casualidad gracias a James pero la encontré. Pero todo se
enredo de una forma increíble, y ahora está en juego la vida de mucha gente, yo
no sé que abra dentro de ese templo, pero si alguien esta tan dispuesto a matar
por lo que está dentro de ella mi trabajo es evitarlo.
-No sé qué es lo que
abra dentro de ese templo, no sé si al abrirlo saldrá el Dios Osiris o
simplemente no abra nada, solo quiero terminar con todo esto y salir de este
país, -dijo Isaac.
-Llevan siglos detrás
de esto, así que se esconda lo que se esconda detrás de esas puertas será mejor
no despertarlo, cientos de personas han muerto a lo largo de la historia y creo
que va siendo hora de terminar con todo esto, -aseveró Darid.
-Yo solo quiero
vengarme de Javi por matar a James y sobre todo por secuestrar a Marta.
-Ahora se llama Yemyra,
es el nombre que adopto al lograr el poder en la orden oscura, -le matizo
Darid.
-Me da igual como se
llame, para mi es hombre muerto, -dijo tajantemente Isaac.
Estuvieron horas
hablando y cavilando como terminar con Yemyra y su organización, estaba claro
que para terminar con ellos tendrían que cortar las cabezas visibles y el resto
se evaporaría como el agua al hervir, tenían que matar a Antoine y a Yemyra.
-Voy al servicio, -dijo
Isaac levantándose de la mesa.
-Yo hare un par de
llamadas para localizar donde se esconde Yemyra.
Isaac se dirigió al
cuarto de baño, cuando se encerró con pestillo sacó un teléfono móvil y llamo a
Yemyra.
-Isaac, estaba
esperando tu llamada.
-Maldito cerdo, me
disparaste y mataste a Alejandro, -dijo Isaac intentando no levantar la voz
para que no le escuchara Darid.
-Era necesario hacerlo
para que no sospecharan de ti, pero lo más importante es que Marta está bien,
mientras tú no nos engañes, ¿tienes la clave encima?
-Muy pronto la tendré,
mañana iremos al templo de Osiris, y como toques un pelo a Marta date por
muerto, -el tono amenazador de Isaac indicaba que era capaz de cumplir con su
amenaza.
-No te preocupes por
Marta, tráeme la clave, aquí te esperare e Isaac… -hizo una pausa, -no olvides
que tienes que terminar con la vida de Darid.
-No lo olvido… -la voz
amenazadora se convirtió ahora en aflicción.
Cuando salió del baño
Isaac tenía la cara descompuesta, no le gustaba lo que tenía que hacer, pero no
le quedaba más remedio, se dirigió a la cocina y vio a Darid sonriente.
-Les hemos localizado,
mañana partimos pronto.
-¿Llevas la clave
encima? –pregunto Isaac.
-Aquí la tengo, ¿Por
qué? –preguntó Darid con cierta curiosidad.
-Por nada Darid,
acuérdate de todo lo que hablamos.
Ambos hombres después
de tomar un par de cervezas más se marcharon a dormir.
XLII
Al día siguiente se
despertaron muy pronto, después de vestirse y prepararse Darid dio una pistola
a Isaac.
-Después de lo de ayer,
es mejor que la lleves encima, -dijo Darid ofreciéndole una beretta.
Isaac cogió la pistola
y la observó un instante antes de guardarla.
-¿Sabes cómo se usa?
–pregunto Darid.
-Sí, alguna vez dispare
una pistola parecida a esta en un campo de tiro.
-Pues vámonos entonces.
Salieron de la casa en
dirección al coche de Darid, Isaac estaba nervioso, pensaba que todo terminaría
pronto y que vería a Marta en unas horas, antes de montarse en el coche miró a
su alrededor por si veía a Antoine, pero nadie les seguía.
-¿Está todo bien?
–pregunto Darid.
-Creo que sí, miraba a
ver si nos seguía alguien, -dijo mientras entraba en el coche.
Arrancaron y se
dirigieron a la autopista para ir hasta la población donde tomarían el desvió
para adentrarse en el desierto, tenían unas cuantas horas hasta llegar. Después
de tres horas de conducir Darid entró en un área de servicio para repostar y
poder estirar un poco las piernas, Isaac se dirigió al servicio de la cafetería
de la estación de servicio, cuando entró al baño un hombre se acercó a él y le
dio un pequeño sobre.
Cuando estaba encerrado
en el baño abrió el sobre y sacó una nota que había en su interior.
“Isaac, si Darid tiene la clave encima aprovecha ahora y acaba con él,
cuando lo hagas un coche estará esperándote para que me traigas la clave”
Después de leerla la
rompió y la tiro a la taza del baño pulsando la cisterna, los pedacitos
desaparecieron al momento, Isaac cogió aire y salió del baño, vio a Darid en la
barra de la cafetería tomando un café.
-Cuando quieras podemos
irnos, -le dijo Isaac nervioso.
Darid le miró
fijamente, intuía que algo pasaba.
-¿Qué te ocurre Isaac?,
te noto muy nervioso.
-Estoy preocupado por
Marta solamente es eso, tengo ganas de llegar ya.
-Muy bien, pues
vámonos, -dijo mientras dejaba un billete sobre la barra y se levantaba.
Cuando salieron de la
cafetería Darid se fijo en un coche que estaba aparcado cerca del suyo con el
motor en marcha, se empezó a inquietar, algo no le terminaba de gustar, se giro
para hablar con Isaac y le vio detrás del con la Beretta en la mano apuntándole.
-Isaac… -Darid le
miraba a los ojos
-Lo siento mucho, es o
tu o Marta, -Isaac estaba nervioso la mano le temblaba.
-No quieres hacer esto,
seguro que encontramos una solución, cálmate, -el tono de Darid era
conciliador.
-¡No tengo más remedio!
–gritó Isaac desesperado.
Darid se acercaba
lentamente, casi imperceptiblemente.
-Tranquilo, hablemos de
esto, podemos ayudar a Marta sin que hagas esto…
-Lo siento mucho, -dijo
Isaac mientras apretaba el gatillo.
Darid se llevó las
manos al estomago, acababa de recibir un disparo a quemarropa y la sangre salía
a borbotones, el dolor era intenso, miró a Isaac antes de caer de rodillas
delante de él.
-Lo lamento Darid, de
verdad, -dijo apesadumbrado.
Darid no podía
articular palabra, se agarro a la pierna de Isaac para no perder el equilibrio,
pero no aguantó mucho más y cayó al suelo, Isaac le registro y saco una hoja
donde había unos extraños símbolos escritos, se lo guardó en el bolsillo del
pantalón.
Del coche salió un
hombre que se acerco a Isaac, le hizo un gesto y este corrió rápidamente al vehículo,
montaron y salieron de la estación de servicio apresuradamente, Darid yacía en
el rellano de las escaleras en medio de un charco de sangre.
En otro extremo del
aparcamiento se encontraba Antoine en otro coche, al ver la escena sacó su
teléfono y realizó una llamada.
-Yemyra, Isaac ha
cumplido, acaba de matar a Darid.
-Bien, ven aquí y en
cuanto llegue Isaac mátalo.
Antoine guardó el
teléfono y siguió al otro vehículo a una prudencial distancia.
XLIII
Marta continuaba
sentada contra la pared de la fría habitación, se sentía mal por desear que el
muerto fuera Alejandro y no Isaac, se sentía culpable por desear eso, odiaba a
Yemyra y quería asesinarlo. Le daba vueltas a la cabeza pensando en cómo
vengarse, sabía que solamente eran sueños producidos por la rabia y el odio
porque en su situación no veía ninguna posibilidad de llevar a cabo sus deseos.
-Hora de comer,
-dijeron desde el otro lado de la puerta.
-No me apetece comer
nada.
Abrieron la puerta y
entró un hombre con una bandeja y la depositó en el suelo junto a la entrada.
-Me importa muy poco lo
que quieras, -dijo mientras se reía el hombre que le llevó la comida.
Cuando salió y cerró
nuevamente la puerta Marta se acercó a la bandeja de comida, había un plato con
algo de carne, supuestamente era cordero, cogió los cubiertos y se fijó en el
cuchillo, no parecía muy afilado pero se quedo mirándolo y entonces nuevamente
su mente se pasó a trabajar.
Se guardó el cuchillo
en el bolsillo trasero de su pantalón y se volvió a sentar en el rincón, esta
vez estaba más tranquila, ya había perdido casi toda esperanza así que le daba
lo mismo cualquier cosa que sucediera. Después de pensarlo un rato se decidió a
dar el paso, se acercó a la puerta y la golpeó para llamar la atención del
hombre que la había llevado la comida.
-¿Qué ocurre, porque no
paras de dar golpes?, -dijo el hombre visiblemente enfadado.
Marta no contestó
solamente golpeaba la puerta una y otra vez esperando sacar de sus casillas al
carcelero y que entrase.
-Maldita seas, ¡deja de
golpear la puerta de una vez!
Marta continuó dando
golpes hasta que escuchó como abrían la cerradura torpemente desde el otro
lado, sacó el cuchillo y se lo colocó escondido entre la manga de la camiseta y
la palma de la mano.
-¿Qué es lo que querías
maldita idiota?, -dijo el carcelero mientras abría la puerta de un golpe.
Marta estaba quieta
delante de él, mirándolo fijamente, el hombre la observaba con una mezcla de
enfado y curiosidad. Marta solamente señalo al suelo con su mano y el guardia
miró hacia donde le señalaba, Marta vio nítidamente el cuello al girar el
guardia la cabeza y aprovechó para lanzarse sobre él y de un rápido movimiento
le clavó el cuchillo en el cuello. El hombre se llevó la mano a la zona donde tenía
clavado el cuchillo, cogió la empuñadura y se lo sacó produciendo que saliera
un chorro de sangre de la herida, se intentó taponar la herida pero era
imposible, la sangre salía a borbotones, el cuchillo se le había hundido en una
arteria carótida, Marta se retiró del hombre asustada llevándose las manos al
rostro sin querer mirar, el hombre estaba condenado, notó como la vista se le volvía
borrosa y al de unos pocos segundos cayó al suelo muerto sin que dejara de
brotar sangre de su cuello.
Marta no se atrevía a
mirarlo, acababa de matar a un hombre y esa sensación le repugnaba, pero sabía
que no le había quedado más remedio, era él o ella, sin mirar casi el cadáver
le registró y le quitó una pistola que el hombre tenía en una cartuchera, se
asomó a la habitación contigua a la de la celda y al comprobar que no había
nadie salió cerrando la puerta tras de ella y dejando el cadáver del guardia
donde antes ella había estado encerrada.
-Javi… te toca, -dijo
Marta mientras salía de la habitación.
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