XXIII
Cuando salieron de la
biblioteca Isaac y Javi decidieron coger un taxi para volver a casa, la noche
se acercaba y querían ir a casa de Antoine antes de que anocheciera del todo.
Cuando se bajaron del
taxi Isaac se fijo en un puesto callejero en el que vendían teléfonos móviles.
-Javi, voy a ir a
comprar un teléfono para poder llamar a Marta, te espero allí, -dijo mientras
señalaba con su mano el puesto.
-Vale Isaac, no
tardare, solo cogeré un par de cosas y regreso en cinco minutos, -dijo Javi
mientras abría la puerta de casa.
Isaac se dirigió hacia el puesto que se encontraba a unos
metros de la vivienda, cuando comenzó a hablar con el vendedor escuchó unos
gritos provenientes de la casa de Javi, se giró y vio como su amigo salía
corriendo de su casa perseguido por dos hombres armados, uno de ellos era Darid
el policía que quiso quitarle las fotos.
Isaac escuchó como
Darid gritaba dándole el alto, Javi tropezó con un grupo de hombres que se
encontraban parados junto a un puesto de comida y cayó al suelo, uno de los
perseguidores se abalanzó sobre
Javi que estaba intentando ponerse en pie, comenzó un forcejeo entre los dos
hombres.
Isaac se escabulló
entre el gentío que miraba con una mezcla de sorpresa y estupor la escena que
estaba sucediendo, se intentó acercar hacia donde estaba su amigo.
Darid corría en la misma
dirección en la que peleaban Javi y su asaltante, le costaba avanzar debido a
la cantidad de gente que se había congregado para ver la pelea, se hacía paso a
empujones y casi no lograba avanzar.
El otro hombre estaba
encima de Javi y le intentaba inmovilizar, este se resistía revolviéndose y
lanzando golpes que no lograban impactar en el cuerpo del asaltante que golpeaba
con sus puños el rostro de Javi.
Nadie de los que
miraban la escena intentó separarlos, simplemente gritaban y jaleaban eufóricos
ante aquella escena de violencia.
Darid estaba llegando
también al lugar de la pelea, estaba empuñando su pistola, -¡dejad paso,
policía! –gritaba mientras apartaba bruscamente a una mujer que entorpecía su
camino.
Isaac se fijo en que se
encontraba junto a un puesto con piezas de artesanía, aprovechando la confusión
cogió un jarrón de cerámica y se dirigió hacia Darid intentando que no le viera.
Darid estaba ya junto a los dos hombres, Javi estaba en el suelo boca abajo con
el rostro ensangrentado, el otro hombre estaba con una rodilla sobre su espalda
y le sujetaba las dos manos para que no se moviera, Darid apuntaba con su arma
a Javi, tenía una sonrisa dibujada en su rostro.
-¿Dónde está tu amigo
el occidental?, se que se encontraba contigo, -dijo Darid con tono autoritario.
-No sé de quién me
hablas, -dijo Javi con voz temblorosa debido al cansancio de la pelea.
-Se quién
eres Chacal, a mi no puedes engañarme y terminare encontrando a Isaac, así que más
vale que colabores.
En ese instante la
gente comenzó a marcharse cuando escucharon las sirenas de un coche de policía
que se acercaba, Darid miró en la dirección en la que provenía el sonido y en
ese momento Isaac aprovechó para acercarse un poco más, levantó el jarrón y
golpeó con fuerza la cabeza de Darid, el jarrón se rompió en varios pedazos y
el inspector cayó inconsciente dándose de bruces contra el suelo.
El hombre que estaba
sobre Javi intentó reaccionar pero en cuanto dejo de hacer presión sobre la
espalda Javi hizo un rápido movimiento empujándolo contra el suelo, cogió la
pistola de Darid que había ido a parar cerca de sus pies y golpeó con la culata
en la sien al asaltante, el impacto fue tremendo y el hombre cayó fulminado.
-Muchas gracias Isaac,
-dijo Javi levantándose dolorido del suelo.
-Mas vale que salgamos
de aquí, la policía está cerca, -Isaac estaba nervioso, era la segunda vez en
el mismo día en el que se veía involucrado en problemas serios y lo que más le
inquietaba era la presencia de Darid en ambos sucesos.
-¿Cómo pudieron
localizarte, crees que te siguieron? –dijo Javi mientras se limpiaba la sangre
que tenía en la boca.
-Es muy probable, pero
no vi a nadie sospechoso, además tengo la impresión de que no será la última
vez que veamos a Darid, -dijo mientras miraba al inspector que yacía
inconsciente en el suelo.
-Isaac, esto parece
peligroso, tú decides, ¿Qué quieres que hagamos? –Javi miraba fijamente a su
amigo.
-El sentido común me
dice que deberíamos ir a la embajada y salir del país… -hizo una pausa mientras
pensaba, -pero vamos a ir a casa de Antoine, aquí está pasando algo y pienso
averiguar que es.
Ambos hombres se
alejaron del lugar rápidamente, la noche estaba comenzando a hacer acto de
presencia en el cielo de Rabat.
XXIV
-¡Inspector! ¿Se encuentra bien? –dijo un policía
que intentaba reanimar a Darid.
Darid comenzó a
reaccionar y poco a poco fue recuperándose, la cabeza le dolía horrores, tenía
borroso todavia el recuerdo de lo que había sucedido.
-Señor, no se mueva, la
ambulancia esta de camino.
-¿Dónde están los
occidentales? –Darid se levantó renqueante mirando a su alrededor.
-No vimos a nadie más,
solo a usted y al otro hombre fallecido, -el agente señalo el cadáver del
hombre al que golpeó Javi en la sien.
Darid se acercó hacia
el cadáver de su compañero, se puso de rodillas junto al cuerpo, -hermano me vengare, ese sucio chacal pagara
por lo que hizo, -después de decir esto dijo una pequeña plegaria y cerró los parpados
de su amigo.
Se dirigió al interior
de la vivienda de Javi acompañado por un agente y comenzó a registrarla, en un
pequeño armario encontró una caja que contenía unos extraños documentos. Darid
inspecciono los papeles y se fijo en el familiar sello que tenían algunos de
ellos, -lo sabía, me lo imaginaba, ahora sí que tengo que encontrarte Isaac.
Se guardó los documentos en el bolsillo y salió
apresuradamente de la casa, cuando estaba algo alejado sacó su teléfono móvil y
volvió a marcar el número de Hem-Netyer.
-Darid hermano, ¿Qué sucede?
–dijo Hem-Netyer con su peculiar voz tranquila y pausada.
-Están aquí nuevamente,
buscan la llave de Anubis, nuestro hermano fue asesinado y les perdí la pista,
pero encontré unos documentos interesantes, -dijo Darid con voz apesadumbrada.
-Muy bien Darid,
tenemos que evitar que lleguen a nosotros, tenemos que terminar con ellos de
una vez por todas, hable con el hermano Abdelrani, sabe donde se dirigen, les
encontraras en casa de Antoine, te mandare su dirección por mensaje.
-¿Qué hacemos con
Isaac? No creo que sea uno de ellos, -pregunto Darid.
-Está empezando a saber
más de lo que nos conviene, lo dejo en tus manos, se que actuaras
correctamente, hermano… -hizo una pausa y cambio su tono de voz, ahora sonaba
preocupado, -no tengo que recordarte lo que nos jugamos, tu familia nos sirvió
bien, pero conoces la historia, está cerca el final y debemos decantar la
balanza hacia nuestro lado.
-Hare lo correcto y
terminare con ellos Hem-Netyer. –Darid colgó el teléfono al terminar la frase.
XXV
Isaac y Javi llegaron a
la dirección de Antoine cuando ya serian las diez de la noche, la calle estaba
tímidamente iluminada por unas pocas farolas.
-Es tarde Javi, ¿Crees
que lo encontraremos? –dijo mientras miraba su reloj.
-No tengo ni idea, pero
ya que estamos aquí es mejor intentarlo, esa es la casa, -señaló un chalet algo
alejado, -vamos.
Ambos hombres se
dirigieron hacia la casa, un muro de aproximadamente dos metros de altura rodeaba
el perímetro de la finca, se pararon frente a la puerta de acceso.
-Una pregunta antes de
llamar, escuche decir a Darid que te llamaba chacal y decía que te conocía, ¿os
habíais visto antes? –preguntó Isaac mirando fijamente a Javi.
-No lo creo, pero no me
extrañaría tampoco, desde que ando excavando e investigando por la zona he tenido
más de un encontronazo con las autoridades locales, tal vez en alguna de mis
visitas a la comisaria me viera.
-Es posible… -dijo Isaac
mientras pulsaba el timbre del portero automático, -debe ser que después de lo
vivido estos días estoy volviéndome paranoico.
Pulso otra vez el
timbre, esta vez un poco más insistentemente, cuando se disponía a pulsar por
tercera vez contestaron.
-¿Quién es? –era la voz
de un hombre, por el mal funcionamiento del portero automático sonaba algo
distorsionada.
-Me llamo Isaac González,
¿es usted Antoine Durand?
-El mismo, ¿Qué desean?
-Queríamos hablar con
usted sobre un amigo nuestro, James, creo que hace poco le conoció, -dijo Isaac
mirando esperanzado a Javi.
Antoine no contestó,
simplemente pulso el timbre y la puerta se abrió, Isaac y Javi entraron en la
finca.
XXVI
Marta se metió pronto a
la cama para intentar dormir, pero estaba claro que esa noche le costaría, no
dejaba de dar vueltas, estaba incomoda y nerviosa, cuando casi estaba a punto
de lograrlo sonó el teléfono móvil volviéndola a desvelar, era un mensaje de
texto de Alejandro.
“Marta, tengo que verte urgentemente, encontré cosas preocupantes del
tal Darid, llámame lo más pronto que puedas, un beso.”
Marta no lo dudo un
instante y le llamó.
-Alejandro, ¿Qué
ocurre? –dijo Marta visiblemente preocupada.
-Tengo que verte, es demasiado
complicado como para contarlo por teléfono y tengo que enseñarte una cosa,
¿Cuándo podemos vernos? –se notaba que estaba alterado.
-Ahora mismo si
quieres, estoy en mi casa de Guillena, te espero aquí.
-Tardare un par de
horas en llegar. –Alejandro colgó.
Marta se quedó tumbada
un rato en la cama bocarriba mirando el techo, estaba nerviosa y las
sensaciones de que algo grave sucedía volvieron con mucha más fuerza.
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