XXXIV
Darid vivía en un
pequeño piso, se encontraba en un edificio de gente humilde en un barrio de
trabajadores de Rabat.
Acababa de despertarse,
las pocas horas de sueño casi no le habían servido de descansó. Se encontraba
en la cama mirando los papeles que recogió de la casa de Yemyra, no comprendía
los símbolos que estaban dibujados en las hojas, pero estaba claro que tenía
algo casi más importante que la llave de Anubis en su poder.
No sabía donde
escondería los documentos, no estaba seguro de que el llevarlos encima fuera lo
más adecuado, y guardarlos en una caja fuerte de un banco era incluso menos
seguro teniendo en cuenta las influencias de la Orden oscura.
Se levantó y se dirigió
hacia la mesa de trabajo, antes pasó por la cocina y cogió una cerveza fría,
cuando se sentó para escribir una carta recibió una llamada en su teléfono
móvil, tardó en contestar, no se fiaba de quien podría ser.
-¿Dígame? –dijo
cautelosamente.
-¿Inspector Darid? –por
la voz parecía occidental.
-El mismo, ¿Quién eres?
-Me llamo Alejandro,
tengo que verle urgentemente… -hizo una pausa para tomar aire, estaba nervioso,
-es sobre Marta la novia de Isaac, ha sido secuestrada.
-¿La novia de Isaac?
–Darid no daba crédito a lo que escuchaba, -¿Cómo narices conoces mi número de
teléfono?
-Es una larga historia,
digamos que accedí a ciertos mensajes de texto que recibiste, y no sabía a quién
acudir, soy amigo de Marta y vinimos para buscar a Isaac, habíamos quedado aquí
con Javi…
-¿Con Javi dices?
–Darid al escuchar ese nombre le interrumpió.
-¿Conoces a Javi?
–pregunto Alejandro.
-Por desgracia si, y
dices que a secuestrado a la novia de Isaac… -se levantó bruscamente de la
silla, -¿Dónde te encuentras?
-Estoy en el
aeropuerto, no sabía dónde ir, -dijo Alejandro visiblemente abatido.
-Escúchame atentamente,
coge un taxi y dirígete a la Iglesia de San Francisco, espérame dentro, no
tardare en llegar, -Darid colgó el teléfono.
Después de vestirse
apresuradamente termino de redactar la carta y bajó a la calle, antes de
montarse en el coche entregó la carta a un tendero amigo suyo y le dio unas
instrucciones para que enviara la carta por él. Se montó en su coche y se
dirigió hacia la Iglesia de San Francisco.
XXXV
Marta hacía ya tiempo
que había sido bajada del coche a punta de pistola, ahora se encontraba en la
parte trasera de un todo terreno, estaba amordaza y atada de pies y manos,
intentó ver quien conducía pero le fue casi imposible moverse.
Al de unas horas de travesía
sin apenas beber nada de agua estaba agotada, pensaba que la dejarían en medio
del desierto abandonada para que muriera, comenzó a llorar imaginando el futuro
que le esperaba pero sobre todo pensaba en su amado Isaac, estaba convencida de
que había muerto.
Cuando la desesperación
casi la había vencido y estaba comenzando a asimilar la situación notó como el vehículo
se detenía, abrieron la puerta y vio como Javi se le acercaba, con una navaja
cortó las ataduras de las piernas y la bajó del todoterreno.
-Bienvenida a tu nueva
casa, -dijo Javi mientras la ayudaba a bajar del coche.
Al pisar el suelo Marta
trastabilló y hubiera caído de rodillas si Javi no la hubiera ayudado a
mantener el equilibrio, tenía las piernas apelmazadas y le costaba dar un
simple paso.
Javi cogió del brazo
nuevamente a Marta y la llevó hacia un edificio que parecía ser muy antiguo y
estar abandonado, Marta miró a su alrededor y se fijo que había otro edificio
que parecía también muy antiguo cerca de donde estaban, estaba muy bien conservado
y tenía un extraño símbolo de un chacal rodeado por un circulo llameante en la
puerta, aparte de esas dos construcciones no vio nada más que arena a su
alrededor.
Escuchó como Javi
hablaba en árabe con otro hombre, no logró comprender nada de lo que decían
pero vio como el hombre se montaba en el todoterreno y se alejaba dejando tras
de sí una estela de polvo.
-Vamos a ponernos cómodos,
pasaremos una temporada aquí, -dijo Javi mientras dirigía a Marta hacia la
extraña construcción.
XXXVI
Isaac deambulaba por
las calles de Rabat sin saber bien dónde empezar a buscar a Darid, la lógica le
decía que tenía que comenzar por la comisaria, pero últimamente la lógica no
era algo que funcionara en su vida.
Isaac tenía una
sensación extraña como si alguien le estuviera siguiendo, se giro y vio unos
metros detrás del a Antoine, este al darse cuenta de que le habían visto se
detuvo y le saludó con la mano, tenía una mueca burlona en su rostro. Isaac
apretó los puños por la rabia, pero se calmó al pensar en Marta, se dio la
vuelta y continuó con su camino.
Le llamó la atención un
pequeño local que estaba en un estrecho callejón, “casa de España de Rabat”
ponía en el cartel, decidió entrar, -tal
vez podría mirar alguna guía de teléfonos o similar, -pensó Isaac mientras
entraba.
Cuando entró se fijo
que el local era un restaurante, la decoración era muy típica, algunas fotos de
cantantes de flamenco y corridas de toros, parecía como su hubiera entrado en
algún bar tradicional del barrio de la Macarena.
-Muy buenos días, -le
dijo un hombre amablemente cuando le vio entrar, -discúlpeme pero está cerrado.
-Solo quería preguntarle
si tendría alguna guía de teléfonos o algo parecido de Rabat, estoy buscando a
una persona, -le respondió Isaac devolviéndole una sonrisa forzada.
El hombre se le acercó
y le estrecho efusivamente la mano.
-¡Un paisano!, claro
adelante pasa siéntate, -el hombre le señalo amablemente una banqueta junto a
la barra.
Cuando Isaac se sentó
en la banqueta el amable hombre le sirvió un café.
-Hace tiempo que no veo
a un turista Español por aquí, me llamo Jacinto, -el hombre estaba emocionado.
-Yo me llamo Isaac, y
discúlpeme pero tengo algo de prisa, ¿podría dejarme por favor la guía de
teléfonos para buscar a mi amigo? –temía haber parecido demasiado brusco.
Jacinto hizo un gesto
afirmativo con su cabeza y se dirigió hacia la trastienda, al cabo de unos segundos
apareció con un ordenador portátil.
-En pleno año 2012 para
que usar las guías si tenemos internet, -el hombre sonreía mientras le dio el
ordenador a Isaac.
-Muchas gracias
Jacinto, -dijo mientras comenzaba a teclear.
Le costó más de lo que
imaginaba encontrar una página donde poder buscar la dirección pero una vez que
entró en ella se alegró al comprobar que al introducir el nombre de Darid Assem
solo aparecía una entrada, anotó la dirección donde supuestamente vivía el
inspector y le devolvió el ordenador a Jacinto.
-¿Encontraste lo que
buscabas?
-Sí, muchísimas
gracias, no sabes de cuanto me ha servido tu ayuda, -Isaac estaba exultante.
-Me alegro muchísimo,
espero que nos veamos en algún otro momento, -Jacinto estrecho nuevamente la
mano de Isaac.
Cuando abandonó el
local vio como Antoine se encontraba sentado en una terraza de un bar tomando
un té, al pasar Isaac por su lado le miró fijamente, si las miradas mataran
aquella habría terminado con la vida de Antoine.
Se dirigió hacia un
taxi para ir a la casa de Darid.
XXXVII
Cuando Alejandro llegó
a la iglesia de San Francisco se detuvo para observar la fachada de estilo
colonial, la mezcla con la cultura árabe la hacían imponente.
Cuando entró se fijo en
que no había mucha gente en su interior, eso en parte le tranquilizaba. Se
dirigió hacia un banco cercano a la entrada de la iglesia desde donde podía ver
quien entraba y salía y esperó a que apareciera el inspector.
Darid llegó un cuarto
de hora más tarde que Alejandro, al entrar se detuvo en la puerta observando el
interior de la iglesia, algunos fieles hacían cola en el confesionario, un par
de occidentales seguramente turistas están de rodillas frente al altar
seguramente rezando, miro hacia un lateras y en un banco cerca de la entrada
vio a un hombre algo nervioso que lo observaba fijamente, Darid se acercó
lentamente.
-¿Alejandro? –dijo
Darid casi susurrando respetando ese silencio ceremonial que se respiraba en el
ambiente.
Alejandro asintió con
la cabeza.
-Soy Darid, hemos
hablado antes por teléfono, -se sentó junto a él sin dejar de mirar al frente.
-Lamento el haberte
molestado, no sabía a quién podía acudir, -dijo Alejandro nervioso, las manos
le sudaban y sostenía una revista que manoseaba una y otra vez para intentar
paliar el nerviosismo.
-Me debes una
explicación, ¿Cómo me localizaste? –Darid esta vez le miró inquisitivamente, tenía
una mano cerca de la cartuchera donde guardaba su pistola.
-Soy amigo de Marta,
ella estaba preocupada por su novio, se ve que en la policía de Sevilla le
hablaron de ti… -hizo una pausa para tragar saliva, -al no tener noticias de
Isaac ella se puso a investigar por su cuenta y dio con la noticia de la muerte
de un preso en la comisaria y al ver tu nombre en la noticia se preocupó más
todavía.
Darid al recordar aquel
momento sintió una punzada en el pecho, no es algo de lo que estuviera
orgulloso, pero era algo que se tenía que hacer.
-Me pidió ayuda y yo…
digamos que logre acceder a cierta información tuya, incluidas llamadas y
mensajes de texto recientes…
-¿Cómo coño pudiste
hacer eso? –Darid estaba enojado.
-Digamos que fue más
fácil de lo que pensaba, la seguridad informática no es algo que cultiven
demasiado ciertas empresas… -Alejandro le dio los informes a Darid.
Darid se quedo
estupefacto al ver las hojas que acababan de darle, venia toda su hoja de
servicios y toda la información telefónica, cuando terminó de leerlos las
rompió.
-Por eso sabíamos que
no querías hacer daño a Isaac y queríamos venir a hablar contigo para saber qué
es lo que ocurría con Isaac…
-¿Y qué pinta en todo
esto Javi? –le interrumpió Darid.
-Es amigo de Isaac,
Marta quedo con él pero la secuestraron al salir del aeropuerto, -el tono de
voz de Alejandro denotaba ahora culpabilidad, -tenía que haber estado con
ella.
Darid le intento
calmar, y le explico lo sucedido en esos dos días y quien era en realidad Javi.
-¿Enserio me estás
diciendo que no es un guion de película lo que me cuentas? –dijo Alejandro con
escepticismo, miraba a Darid fijamente con los ojos abiertos como platos
intentando comprender lo que le decía.
Darid asintió, y por la
cara que tenia al contar la historia no parecía que mintiera.
-Lo que no se es porque
Yemyra…
-¿Yemyra? –le
interrumpió Alejando.
-Si Yemyra es el nombre
de Javi en la organización, -le contesto Darid, -lo que no se es porque Yemyra querría
secuestrar a Marta...
-Si tiene a Isaac lo
mismo la necesita para chantajearle por alguna razón, -dijo Alejandro.
-Seguramente… ¿pero cuál?
–cuando terminó de hablar giró la cabeza bruscamente mirando la entrada de la
iglesia, alguien había dando un portazo al cerrar la puerta.
-No puede ser… -Darid
no daba crédito a lo que veía.
-¡Isaac! –gritó
Alejandro levantándose rápidamente y dirigiéndose a la entrada de la iglesia.
Los fieles que estaban
haciendo cola en el confesionario miraron a Alejandro al escuchar el grito.
-¿Alejandro? ¿Qué haces
aquí? –Isaac miraba incrédulo hacia el hombre que se le acercaba rápidamente.
XXXVIII
-Dime Antoine, ¿Cómo va
todo? –dijo Yemyra cuando le contestaron al teléfono.
-Están ya juntos,
cuando sepa alguna cosa más te avisare pero tenemos un problema.
-¿Qué ocurre? –pregunto
Yemyra preocupado.
-Un hombre que no
conozco de nada está con ellos, –dijo Antoine.
-Te llamo en unos
minutos, -Yemyra colgó el teléfono y se giró para mirar a Marta.
-¿No viniste sola
verdad?
Marta no contestó,
estaba en una silla atada de pies y manos y simplemente miraba al suelo, Yemyra
se acercó y la abofeteo con fuerza, la sangre apareció en la comisura de sus
labios.
-No me hagas repetirte
la pregunta… ¿Quién es ese hombre? –dijo mientras sujetaba del pelo a Marta y
tiraba de el para obligarla a mirarle a la cara.
-¡Vete a la mierda
maldito cabrón! –Marta soltó un escupitajo que impacto en el rostro de Yemyra.
-Si no me lo dices no volverás
a ver a Isaac, -dijo mientras se limpiaba el escupitajo y tiraba con más fuerza
del pelo.
El escuchar el nombre
de su amado y el saber que estaba vivo hicieron que su resistencia se mermara.
-No es nadie
importante, solo un amigo que quiso acompañarme, -dijo Marta apesadumbrada por
la sensación de traición que tenía en esos momentos.
Yemyra soltó el pelo de
Marta y la abofeteo una vez más, las lagrimas invadían sus mejillas pero
lloraba en silenció no quería darle el gusto de escucharla quejarse.
Antoine estaba fuera de
la iglesia vigilando la entrada para no perder a sus objetivos de vista, justo
cuando vio a los tres hombres salir de la iglesia sonó el teléfono.
-Yemyra acaban de
salir, ¿Qué hago?
-Hagamos que la
historia de Isaac le resulte creíble a Darid, mata al otro hombre.
Antoine colgó el
teléfono y continuó siguiendo a los tres hombres mientras zurcía un plan en su
mente.
XXXIX
-Todavía me cuesta
creer que pudieras escapar, -dijo Darid mientras encendía un cigarro.
-A mí también me cuesta
creerlo, pero es tal y como te conté. –Isaac permanecía quieto mirando el
suelo, -cuando llegue a tu casa te vi salir apresuradamente y te seguí hasta la
iglesia.
-Espero que nadie te
haya seguido a ti.
Darid comenzó a caminar
seguido de Isaac y Alejandro, se dirigían a su casa desde donde podrían estar más
seguros y planear como rescatarían a Marta.
-¿Qué calor hace aquí
no? –decía Alejandro quejosamente.
-Vamos hombre, ya queda
poco, sino no haber venido, -le contestó Isaac visiblemente enfadado.
-De nada, de nada, si
lo se le digo a Marta que nos vamos a cenar en vez de venir aquí a buscarte.
Isaac al escuchar eso
miró a Alejandro y le cogió de la camisa mirándole a los ojos encolerizado.
-Como vuelvas a decir
algo así te parto la cara maldito imbécil, -dijo mientras levantaba el puño
amenazando con golpearle.
-¡Cuidado! –grito Darid
mientras sacaba su pistola.
Isaac miro a Darid y
vio como disparaba a algo o alguien detrás de él, se giró para mirar y vio a
Antoine apuntándole con un arma, Antoine le disparó. Isaac sintió una quemazón
tremenda en su hombro y soltó a Alejandro, miró la zona donde le había
impactado el disparo, comenzaba a sangrar profusamente.
-¡Al suelo maldita sea!
–gritó Darid mientras volvía a disparar a Antoine.
Estaban en una zona
relativamente descubierta, Isaac se lanzó al suelo intentando buscar alguna
cobertura posible, mientras estaba en el suelo vio a Alejandro inmóvil unos
metros delante de él.
-Alejandro ¿estás bien?
–le gritó mientras permanecía en el suelo mirándole.
-Creo que sí… -estaba
visiblemente asustado, el miedo le paralizaba y era incapaz de moverse.
-¡Detrás de aquel coche
rápido! –dijo Darid mientras les señalaba un coche que estaba aparcado unos
metros por detrás de ellos.
-Alejandro, cuando
cuente tres nos levantamos y corremos hacia el coche, ¿comprendido? –no dejaba
de mirarle intentando tranquilizarle.
Alejando simplemente
asintió con la cabeza, siempre le habían gustado las películas de guerra y
tiroteos pero esto no se parecía ni mucho menos a una película de acción.
-Uno… dos… -justo en
ese momento una bala silbó cerca de él casi dándole de lleno en la cabeza,
-tres ¡ahora, vamos Alejandro! –se levantó rápidamente y corrió en dirección al
coche que le había señalado Darid mientras este les cubría disparando a
Antoine.
Alejandro tomo aire y
se levantó lo más rápido que pudo y siguió a Isaac, estaba ya a medio metro del
coche cuando notó un pellizcó en la espalda a la altura de los riñones, cuando
ya estaba a resguardo juntó a Isaac se sentó apoyando su espalda en el coche.
-Muy bien Alejandro, lo
lograste, ¿estás bien? –dijo Isaac mientras le daba una palmada en los hombros.
-Si llego a saber que
voy a participar en una película de vaqueros me hubiera traído un caballo,
-intentó bromear Alejandro.
Isaac rió por el
comentario de Alejandro, permanecieron a resguardo hasta que el tiroteo cesó y
apareció Darid corriendo.
-¿Estáis todos bien?
–dijo Darid mientras miraba a los dos hombres.
-Me dieron en el
hombro, pero no es nada, es una herida superficial, -dijo Isaac mientras
apretaba la herida con un pañuelo intentando evitar el perder más sangre.
-Debió de seguirte
cuando escapaste… -Darid ayudo a Isaac a levantarse, -seguramente cuando nos
vieron juntos no se lo pensaron demasiado.
-Vamos Alejandro dame
la mano, -Isaac le tendió la mano para ayudarle a incorporarse.
Alejandro no contestó, permanecía
en silencio sin decir nada, Darid se puso de rodillas junto a él y le tomo el
pulso.
-Esta… muerto, -dijo
Darid.
-¿Muerto?, si hace
menos de un minuto que hemos hablado ¿Cómo es posible? –Isaac estaba incrédulo
mirando a los ojos ahora carentes de vida de Alejandro.
Darid inspecciono el
cuerpo y vio como brotaba abundante sangre de una herida de bala recibida en
los riñones, Isaac no pudo aguantar las lágrimas.
-Malditos hijos de
puta, -gritó desesperado.
-Vámonos de aquí, la
policía se encargara de él, es mejor irnos cuanto antes, lo siento mucho Isaac,
-Darid se incorporó y se dirigió hacia su coche.
Isaac miró por última
vez a Alejandro, nunca se llevaron bien, pero siempre fue buen amigo de Marta y
ahora que había muerto por ir a buscarle un sentimiento de culpabilidad le
inundó completamente.
-Amigo tu muerte no
será en vano, -miró por última vez el cadáver de Alejandro y se marchó con
Darid.