Año 1250 a.C
Asentamiento Fenicio.
-Ocurra lo que ocurra
tenemos que cumplir las órdenes. –Se repetía una y otra vez un joven soldado
mientras sostenía en su mano la bolsa de cuero que le dieron.
Se dirigía junto a un
pequeño contingente hacia el templo, El Rey les mandó entregar a los sacerdotes
aquella bolsa y recordarles que tenían que deshacerse y encerrar para siempre lo
que dentro de ella había.
El joven soldado le dio
con cuidado a uno de los custodios del templo la bolsa de cuero.
-¿Aquí estará
resguardado de cualquier mal?
-Dile al rey que aquí
permanecerá seguro hasta el fin de los días. –El sacerdote deposito la bolsa
cuidadosamente en una cámara escavada en la roca en lo más profundo del templo.
I
Año 2012.
Desierto del Sahara.
En el desierto del
Sahara es complicado sobrevivir, James Doyle un Ingles afincado en Sevilla era
un especialista en hacerlo, toda su vida se enfrentó a los retos más
inverosímiles que un hombre podía llevar a cabo, desde recorrer África de norte
a sur en moto, a coronar la cima del Nanga Parbat de Pakistán sin oxigeno.
Serian las dos del
mediodía, el sol en su plenitud castigaba cualquier rincón de aquel inmenso
paraíso de arena y dunas.
-Creo que es mejor que
montemos aquí el campamento Brahim. –James era un tipo duro que se creía
invencible, nació con las películas de Indiana Jones y solo con ver su
vestimenta y su manera de actuar cualquier persona se abría dado cuenta de que
se creía Harrison Ford.
-Como usted diga señor.
–Brahim era un nativo de la zona que hablaba castellano y conocía el desierto
como nadie, se pasó casi toda su vida entre dunas y conocía la ubicación de
todos los oasis de la zona.
Brahim se dirigió hacia
donde se encontraban sus otros dos compañeros de travesía contratados por James
para llevar las provisiones, les dio un par de órdenes y rápidamente empezaron
a montar las Jaimas y encargarse de los camellos.
-Señor, todo estará
listo en media hora.
-Gracias Brahim, voy a
inspeccionar aquellas dunas, -señalo hacia una zona cercana en dirección sur,
-preparad la comida, regreso en menos de una hora.
James se dirigió hacia
la zona de dunas, caminar por aquel lugar se hacía complicado, los pies se
hundían en la arena y la inclinación de aquella acumulación de arena era
considerable incluso para un hombre en un estado de forma envidiable como era
el suyo.
Al llegar a la cumbre
de la duna el paisaje que ante él se presentaba lo dejó estupefacto, era un mar
de arena en un constante movimiento casi imperceptible, era una inmensidad
guiada por la sutil fuerza del viento, se sentó observando aquella obra de arte
creada por la naturaleza.
-Ojala
Isaac estuviera aquí, le encantaría ver esto, -pensó
mientras sacaba una cámara de fotos de la mochila que llevaba a sus espaldas,
-ese estúpido, mira que no venir conmigo,
el se lo pierde. –Comenzó a sacar fotos de aquel majestuoso mar de arena.
Brahim estaba
preparando en la cocina de gas un cuscús típico de su tierra y calentando un
poco de té, cuando escuchó la detonación de un arma de fuego en la distancia,
instintivamente miró hacia donde se encontraba James, no se le veía por ningún
sitio, corrió hacia la Jaima principal a coger un rifle mientras gritaba a sus
compañeros para que sujetaran a los asustados camellos que debido al sonido de
la detonación intentaban liberarse de sus ataduras.
James yacía en la
arena, tumbado bocarriba mirando el cielo que se encontraba totalmente despejado,
estaba tranquilo, calmado, sabía que moriría por aquel disparo recibido y la
paz invadió su cuerpo, -es hermoso morir
aquí, -en cuanto terminó la frase la poca vida que le quedaba se le escapó en
un último suspiro, había muerto donde siempre quiso hacerlo, viajando en un
lugar exótico.
II
-Cariño, creo que
doscientos veinte invitados son demasiados. –Dijo Isaac frunciendo el ceño.
-¡Siempre estas protestando!,
continua cerrando los sobres o no llegaran a tiempo las invitaciones.
Isaac continuó con la
aburrida tarea de depositar postales de invitación a su boda en los sobres
rosas que Marta había escogido, el era un hombre de acción, acostumbrado a la
aventura, y aquella monótona tarea le cansaba sobremanera.
-¿Marta, crees que
James abra logrado atravesar ya el Sahara? –Introdujo otra postal en el
interior del sobre.
-No lo sé, pero me
alegro de que no fueras con él, -se acercó donde Isaac y le dio un beso en la
mejilla, -la boda esta cerca, y tenemos que preparar muchas cosas aquí.
Isaac siempre había
acompañado a James en sus últimas aventuras, era su medio de vida, se dedicaba
a eso y aunque quisiera mucho a Marta y deseara casarse con ella su cabeza no
dejaba de pensar en el desierto que su amigo James estaría disfrutando, seguro que
le echaría en cara durante el resto de su vida el no haberlo acompañado.
Por fin estaba
terminando con la tediosa labor de las invitaciones cuando el sonido de su
teléfono móvil lo sacó de la monotonía.
-¿Quién es? –Al coger
el teléfono se fijó que la llamada la hacían desde un teléfono con número
oculto.
-¿Señor Isaac González?
–La voz era de un hombre aparentemente preocupado.
-Soy yo ¿Quién pregunta
por mí?
-Soy el Inspector García
de la comisaría de Sevilla-centro ¿Podría venir esta tarde? –El hombre hizo una
pausa, -tengo que comunicarle algo importante.
Isaac no sabía que
pensar, se quedó dubitativo un instante, -¿qué
querrá la policía de mi?, -era la única pregunta que se le agolpaba en la
cabeza.
-Si claro, a las cinco estaré
allí, -colgó el teléfono y miró a Marta con preocupación.
-¿Cariño que te pasa?
–preguntó Marta al ver la cara de intranquilidad de Isaac.
-No lo sé, era la
policía, querían que fuera esta tarde a la comisaria, no sé que abra ocurrido.
-Seguramente será algún
malentendido, -Marta trató de calmarle. –No te preocupes, continuemos con los
preparativos de la boda.
Continuaron con las
invitaciones y los preparativos el resto de la mañana, pero Isaac sabia que
algo malo había ocurrido, no solía confundirse cuando sentía punzadas en su
estomago, eso siempre significaba que algo terrible estaba sucediendo.
III
Brahim había sido el
primero en llegar al lugar donde yacía muerto James.
Lo que vio le había
dejado traumatizado, siempre había pensado que aquello era un mito de su
infancia, pero ahora mismo estaba viéndolo con sus propios ojos.
Se alejó del lugar
despacio sin querer molestar a aquellos hombres que vestían extraños hábitos y
estaban junto al cadáver de James rebuscando entre sus pertenencias, antes de
abandonar el lugar vio medio enterrada en la arena la cámara de fotos del
desdichado fallecido, disimuladamente la cogió y se la guardo entre los
ropajes, cuando estaba a una prudencial distancia apretó el paso y se dirigió
al campamento desde donde llamo con la radio a las autoridades para avisar de
la muerte del excéntrico James.
En cuanto dio el aviso
cogió uno de los camellos y desapareció del lugar presa del pánico.
IV
Isaac salió de su casa
en dirección a la comisaria de la Alameda de Hércules, donde había quedado con
el inspector García.
Desde que se mudo de su
ciudad natal a Sevilla la Alameda de Hércules siempre le había fascinado, era
uno de los paseos más importantes de la ciudad, flanqueado por un lado por el impresionante
rio Guadalquivir y por otro por el hermoso barrio de la Macarena.
Se detuvo frente a las dos
columnas que adornaban la Alameda, estaban coronadas por las figuras esculpidas
en piedra de Hércules y Julio cesar.
-Que es lo que abra pasado, llevo días sin noticias de James y ahora
esta llamada de la policía, -pensó mientras encendía un cigarro observando
las columnas.
Su preocupación era
palpable, el tema de la boda con Marta le había ayudado a olvidarse
parcialmente del viaje que no pudo hacer junto a James, pero ahora en su cabeza
la boda había pasado a un segundo plano, y no podía dejar de pensar en que
alguna cosa extraña había sucedido.
Cuando se consumió el
cigarro se dirigió hacia la entrada de la comisaria, se detuvo frente a un
mostrador donde un agente estaba escribiendo en el ordenador.
-Buenas tardes, tengo
una cita con el inspector García.
-Nombre por favor.
–Dijo el agente sin apartar la vista de la pantalla.
-Isaac, Isaac González.
El agente se puso a
teclear el nombre de Isaac. -Si aquí esta anotado, tercera planta despacho 25.
-Gracias. –Isaac se
dirigió hacia el ascensor, el estar ya en la comisaria le causaba más inquietud,
y las punzadas del estomago no cesaban. –James,
cabeza dura, espero que esto no sea por uno de tus líos, -se dijo así mismo
mientras pulsaba el botón del ascensor que le llevó a la tercera planta.
V
Marta era una hermosa
mujer de 25 años, morena con pelo largo y una figura increíble, la típica
belleza del sur de España, se encontraba limpiando la casa cuando escuchó que
sonaba un teléfono en la cocina.
-Este Isaac ya volvió a
olvidarse el móvil al salir, -se dirigió a la cocina rápidamente para responder
la llamada.
-¿Dígame?
-Perdone, creo que me confundí.
-¿Por quién pregunta?
–Respondió Marta antes de que el hombre colgara.
-Busco al señor Isaac.
–Estaba claro que por el acento el hombre no era español.
-No se encuentra en
casa ahora mismo, se dejó el teléfono aquí, si quiere que le de algún recado. –Estaba
acostumbrada a hacer de secretaria de Isaac, no era la primera vez que se
dejaba el teléfono en casa, siempre estaba pensando en aventuras y en lugares
lejanos.
-Dígale que soy Brahim,
conocía a su amigo James, que me llame en cuanto pueda a este número, gracias
señorita. –El hombre colgó sin esperar respuesta alguna.
Marta anotó el recado
en una libreta y continúo con sus tareas diarias aunque estaba algo preocupada
por escuchar el nombre de James, temía que algo pasaba.
VI
Isaac había llegado a
la tercera planta de la comisaria, ante él había un pasillo que parecía
interminable, con varias salas y despachos a los laterales, comenzó la búsqueda
del numero 25, se detuvo frente a la puerta que se encontraba cerrada, cogió
aire, dio dos golpes secos al cristal para avisar que entraba y la abrió.
-Buenas tardes, soy
Isaac, ¿el inspector García?
-Soy yo, adelante pase.
–El inspector estaba de pie junto a la mesa, se le notaba en el rostro que
había vivido muchas cosas en su vida, era un hombre de mediana edad y un
evidente sobrepeso.
-Siéntese por favor,
-le indicó con la mano una silla que se encontraba junto a la mesa del
despacho. –Le mande llamar por que recibimos una noticia de la embajada
Española en Marruecos sobre su amigo James, -al pronunciar el nombre hizo una
pausa.
-¿Qué es lo que le ha pasado
a James?
-Falleció en el Sahara,
y como no encontramos a ningún familiar cercano le llamamos a usted porque sabemos que era su amigo
íntimo. –García no estaba a gusto dando este tipo de noticias y se le notaba en
el habla.
-Fallecido… ¿Cómo ha ocurrido?
–Isaac había confirmado todos sus temores.
-Recibió un disparo,
mañana llega su cuerpo al tanatorio, ¿se hará usted cargo de su cuerpo para su
identificación y sepelio?
-Claro, ¿pero quién
lleva la investigación del asesinato, saben alguna cosa de quien ha podido ser?
–Isaac estaba tan impactado por la noticia que todavía no la asimilaba y
aparentaba tranquilidad.
-La policía de
Marruecos lleva la investigación, dice que tiene a uno de sus mejores
inspectores trabajando en el caso, de momento no sabemos nada, pero le
mantendremos informado.
Isaac se levantó y
agradeció al inspector el comunicarle la noticia, se dirigió nuevamente al
ascensor. -“James, ¿Qué te ha pasado?, en
que lio te metiste ahora”-se preguntaba mientras se dirigía hacia su casa.
VII
Darid Assem es un
inspector de la policía marroquí con muchos años de experiencia, hacía tiempo
que había dicho abiertamente que estaba en contra del régimen que gobernaba en
el país, así que sus superiores siempre que podían le hacían la vida imposible,
le daban los casos que nadie más quería, y cuanto más lejos lo tuvieran mejor
para ellos.
-¿Qué es lo que tenemos
aquí? –Se notaba que no estaba contento con el caso que acaban de darle, -más
vale que terminemos rápido con esto.
-Un extranjero asesinado
de un disparo inspector. -El forense acaba de inspeccionar el cadáver.
Darid se inclino sobre
el cadáver de James. -¿Viste estas marcas que tiene aquí?
El forense inspecciono
la zona del pecho que Darid le señalaba.
-Es raro, parecen
mordiscos de algún animal, pero nunca vi nada parecido y menos en medio del
desierto.
-Está bien, salgamos de
este infierno, llevaros el cuerpo, quiero acabar con esto cuanto antes, seguramente
se tratara de un robo -el inspector hizo un gesto y unos hombres depositaron el
cadáver en una camilla y se lo llevaron al furgón del forense. –que calor hace
aquí maldita sea. –Darid se secaba con un pañuelo el sudor de la frente.
Ya se habían marchado
casi todos, solo quedaban él y su ayudante en aquel abrasador desierto, si por él
fuera habría dejado a aquel extranjero en el desierto, pero la embajada
española había presionado para que se lo llevaran, estaba a punto de marcharse
con la intención de dar carpetazo al caso en cuanto regresara a la comisaria.
-Sayyid Darid, mire aquí.
–El joven ayudante se encontraba unos metros alejado de donde había estado el
cadáver.
Darid se dirigió a
regañadientes donde estaba su ayudante.
-¿Qué es lo que pasa?
–dijo enfadado, el joven policía recién salido de la academia siempre le hacía
trabajar más de lo que le gustaba.
Al llegar a la altura
del joven policía se fijó en un pequeño artefacto que había en el suelo, era de
forma piramidal, tenía unas extrañas inscripciones grabadas, le parecía que ese
mismo artefacto ya lo había visto en alguna ocasión, pero no lograba acordarse
de donde.
Darid lo recogió con
cuidado, lo examino más detalladamente y un pequeño relieve de un chacal
rodeado por un círculo llameante le hizo recordar.
-Tenemos que volver
rápidamente a la comisaria, aquí no estamos seguros. –Dijo mientras guardaba el
extraño objeto en su bolsillo.
El joven ayudante
intentó preguntar qué es lo que ocurría, pero Darid ya estaba de camino hacia
el todo terreno, así que lo siguió y no preguntó nada más al respecto.
VIII
Ya de regreso a casa
Isaac quiso llamar a Marta, pero al palparse los bolsillos se dio cuenta de que
nuevamente se había olvidado el teléfono en casa.
El camino de regreso lo
hizo en silencio, cabizbajo, sin terminar de creer lo que acababan de comunicarle.
–James, muerto, no puede ser, -no
dejaba de repetirlo una y otra vez como si de un mantra se tratara.
Cuando llego a su casa
se detuvo frente a la puerta, estuvo un par de minutos sin decidirse a entrar,
en ese instante se abrió la puerta y Marta salió apresuradamente dándose de
bruces con él.
-¡Dios Isaac, que
susto! –Marta se llevó la mano al pecho. -¿Qué haces aquí parado, que te
ocurre?
-James ha muerto,
acaban de decírmelo. –No pudo aguantar más y se lanzó a sus brazos comenzando a
llorar.
-No puede ser, -le temblaba
la voz -¿Cómo ha ocurrido, que ha pasado? –Marta abrazó fuertemente a Isaac
acariciando su cabello para intentar calmarlo.
-Recibió un disparo
mientras estaba en el desierto, no se mucho más, mañana traen el cadáver.
-Vayamos dentro cariño,
–cogió de la mano a Isaac y lo dirigió a casa, iba como un zombi arrastrando
los pies, como si las fuerzas se le hubieran marchado de golpe.
Isaac se dejó caer a
plomo sobre el sofá, se sentía cansado y abatido, no dejaba de pensar en su
amigo.
-¡Si hubiera ido con él
estaría vivo joder! –dio un golpe en la mesilla de centro con tal fuerza que
hizo que un jarrón que la adornaba cayera al suelo.
-O estaríais muertos
los dos, así que demos gracias de que te quedaste aquí, te traeré un té, -Marta
se levantó y se dirigió a la cocina, -seguro que te tranquiliza.
Al llegar a la cocina y
coger la tetera vio la libreta donde anotó el número de teléfono del extraño
hombre, puso la tetera con agua en el fuego y regresó al salón.
-Antes llamo un hombre
a tu teléfono, parecía árabe, aquí tienes el numero.
Isaac cogió la hoja
donde estaba anotado el número. -¿Y dices que era árabe?
-Lo deduje por su
acento y por el extraño nombre que tenía, me dijo que conocía a James, me
comento que esperaba que lo llamaras cuanto antes.
-James estaba en el Sahara, tal vez este hombre sabía alguna cosa, o
incluso podía ser el inspector que investigaba el caso en Marruecos. –Pensó
Isaac mientras cogía el teléfono y marcaba el número que estaba anotado en la
libreta.
-¿Isaac? –contesto un
hombre al otro lado.
-Si soy yo, ¿de qué me
conoces? –Se le notaba intrigado.
-Me llamo Brahim, era
el guía de su amigo James, él me habló de usted, -hizo una pequeña pausa,
-tengo que hablarle sobre su muerte.
-Está bien, dígame
Brahim, le escucho.
-Por teléfono no
Sayyid, es mejor vernos en persona, estaré en el hotel Kasbah Tizimi de Rabat,
cuando llegue avíseme Sayyid.
Isaac intentó decir
algo pero Brahim ya había colgado, se quedó mudo unos minutos, hasta que Marta
llegó con el té y entonces Isaac rompió el silencio.
-Mañana cuando
identifique el cadáver de James me voy a Marruecos. –Dijo Isaac tajantemente.
Marta dejo caer la
bandeja donde llevaba la tetera y las tazas sobre la alfombra, sabía que cuando
Isaac ponía ese tono de voz era imposible convencerle de lo contrario.
-Ten cuidado.
–Simplemente dijo eso mientras recogía las tazas del suelo.
IX
Darid llegó a la
comisaria y rápidamente se dirigió a su despacho, se acercó a un archivador y
saco un expediente antiguo que guardaba en el fondo.
-No
puede ser posible, no puede ser el mismo objeto -pensó
mientras rebuscaba en la carpeta y sacaba una fotografía en blanco y negro.
Colocó encima de la mesa el objeto en forma de
pirámide que había encontrado en el desierto y lo comparó con el que salía en
la fotografía.
Al darse cuenta de la
similitud de los dos objetos se dirigió al teléfono y torpemente marcó un número
que pensaba que jamás tendría que usar.
-Darid, ¿Qué quieres?
–contestó un hombre con voz ronca.
-Por fin lo encontré,
lo tengo conmigo, esta vez no cabe duda de que es el original. –Darid estaba
nervioso y se le trababa la lengua al hablar.
-No lo comentes con
nadie, hablare con el resto de hermanos, cuídate Darid, te llamaremos.
Cuando colgó el teléfono
se dejó caer en la silla sin dejar de mirar el extraño objeto piramidal que
tenía en sus manos. –Que Alá nos proteja.
X
La mañana no había
comenzado todo lo bien que Isaac abría querido, se dirigió al tanatorio al
recibir la llamada de que podía pasar a identificar el cadáver de James.
Marta le acompaño en
todo momento, cuando terminaron con los trámites y el papeleo se quedó a solas
con el cadáver de su compañero de aventuras.
-Amigo mío, ¿qué es lo
que te ocurrió? –No terminaba de asimilar que James estaba ahora postrado sobre
una mesa metálica de un tanatorio solo cubierto por una sábana blanca. Estuvo despidiéndose
de su amigo, al de unos minutos Marta entró.
-Cariño, ¿estás bien? –se
acerco por detrás y lo abrazó pasando sus brazos por la cintura.
-Todavía me cuesta
asimilarlo, verle aquí tumbado, -hizo un esfuerzo por no llorar. –James solía
meterse en líos, ¿pero tantos como para recibir un disparo en medio del
desierto?, no le encuentro sentido, me parece absurdo.
-Isaac, dentro de tres
horas sale tu vuelo a Rabat, tal vez el hombre con el que hablaste pueda
aclararte alguna cosa. –dijo apesadumbrada, le costaba pensar que Isaac se marchaba
a Marruecos quedando tan pocos días para su boda, y lo que más la inquietaba
era que lo hacía para hablar sobre el asesinato de James con alguien al que no
conocía de nada, eso la llenaba de preocupación, pero también tenía claro que
no podría hacer nada por impedírselo, así que trataba de asimilarlo lo antes
posible.
-Es cierto, puede que
ese hombre me aclare las cosas, pero Marta… -hizo una pausa -no me pasara nada,
y llegare a tiempo a la boda, sabes que te quiero, ¿verdad? –Isaac se giró y
miró a Marta fijamente a los ojos.
-Lo sé, y yo también a
ti, ahora vámonos o llegaras tarde.
Isaac miró por última
vez a James, -te prometo amigo mío, que averiguare quien fue el que te hizo
esto, -dijo mientras tapaba con la sabana el rostro de su amigo.
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