lunes, 27 de agosto de 2012

Hitoria de Isaac -Parte1


Año 1250 a.C 
Asentamiento Fenicio.
-Ocurra lo que ocurra tenemos que cumplir las órdenes. –Se repetía una y otra vez un joven soldado mientras sostenía en su mano la bolsa de cuero que le dieron.
Se dirigía junto a un pequeño contingente hacia el templo, El Rey les mandó entregar a los sacerdotes aquella bolsa y recordarles que tenían que deshacerse y encerrar para siempre lo que dentro de ella había.
El joven soldado le dio con cuidado a uno de los custodios del templo la bolsa de cuero.
-¿Aquí estará resguardado de cualquier mal?
-Dile al rey que aquí permanecerá seguro hasta el fin de los días. –El sacerdote deposito la bolsa cuidadosamente en una cámara escavada en la roca en lo más profundo del templo.
I
Año 2012.
Desierto del Sahara.
En el desierto del Sahara es complicado sobrevivir, James Doyle un Ingles afincado en Sevilla era un especialista en hacerlo, toda su vida se enfrentó a los retos más inverosímiles que un hombre podía llevar a cabo, desde recorrer África de norte a sur en moto, a coronar la cima del Nanga Parbat de Pakistán sin oxigeno.
Serian las dos del mediodía, el sol en su plenitud castigaba cualquier rincón de aquel inmenso paraíso de arena y dunas.
-Creo que es mejor que montemos aquí el campamento Brahim. –James era un tipo duro que se creía invencible, nació con las películas de Indiana Jones y solo con ver su vestimenta y su manera de actuar cualquier persona se abría dado cuenta de que se creía Harrison Ford.
-Como usted diga señor. –Brahim era un nativo de la zona que hablaba castellano y conocía el desierto como nadie, se pasó casi toda su vida entre dunas y conocía la ubicación de todos los oasis de la zona.
Brahim se dirigió hacia donde se encontraban sus otros dos compañeros de travesía contratados por James para llevar las provisiones, les dio un par de órdenes y rápidamente empezaron a montar las Jaimas y encargarse de los camellos.
-Señor, todo estará listo en media hora.
-Gracias Brahim, voy a inspeccionar aquellas dunas, -señalo hacia una zona cercana en dirección sur, -preparad la comida, regreso en menos de una hora.
James se dirigió hacia la zona de dunas, caminar por aquel lugar se hacía complicado, los pies se hundían en la arena y la inclinación de aquella acumulación de arena era considerable incluso para un hombre en un estado de forma envidiable como era el suyo.
Al llegar a la cumbre de la duna el paisaje que ante él se presentaba lo dejó estupefacto, era un mar de arena en un constante movimiento casi imperceptible, era una inmensidad guiada por la sutil fuerza del viento, se sentó observando aquella obra de arte creada por la naturaleza.
-Ojala Isaac estuviera aquí, le encantaría ver esto, -pensó mientras sacaba una cámara de fotos de la mochila que llevaba a sus espaldas, -ese estúpido, mira que no venir conmigo, el se lo pierde. –Comenzó a sacar fotos de aquel majestuoso mar de arena.
Brahim estaba preparando en la cocina de gas un cuscús típico de su tierra y calentando un poco de té, cuando escuchó la detonación de un arma de fuego en la distancia, instintivamente miró hacia donde se encontraba James, no se le veía por ningún sitio, corrió hacia la Jaima principal a coger un rifle mientras gritaba a sus compañeros para que sujetaran a los asustados camellos que debido al sonido de la detonación intentaban liberarse de sus ataduras.
James yacía en la arena, tumbado bocarriba mirando el cielo que se encontraba totalmente despejado, estaba tranquilo, calmado, sabía que moriría por aquel disparo recibido y la paz invadió su cuerpo, -es hermoso morir aquí, -en cuanto terminó la frase la poca vida que le quedaba se le escapó en un último suspiro, había muerto donde siempre quiso hacerlo, viajando en un lugar exótico.
II
-Cariño, creo que doscientos veinte invitados son demasiados. –Dijo Isaac frunciendo el ceño.
-¡Siempre estas protestando!, continua cerrando los sobres o no llegaran a tiempo las invitaciones.
Isaac continuó con la aburrida tarea de depositar postales de invitación a su boda en los sobres rosas que Marta había escogido, el era un hombre de acción, acostumbrado a la aventura, y aquella monótona tarea le cansaba sobremanera.
-¿Marta, crees que James abra logrado atravesar ya el Sahara? –Introdujo otra postal en el interior del sobre.
-No lo sé, pero me alegro de que no fueras con él, -se acercó donde Isaac y le dio un beso en la mejilla, -la boda esta cerca, y tenemos que preparar muchas cosas aquí.
Isaac siempre había acompañado a James en sus últimas aventuras, era su medio de vida, se dedicaba a eso y aunque quisiera mucho a Marta y deseara casarse con ella su cabeza no dejaba de pensar en el desierto que su amigo James estaría disfrutando, seguro que le echaría en cara durante el resto de su vida el no haberlo acompañado.
Por fin estaba terminando con la tediosa labor de las invitaciones cuando el sonido de su teléfono móvil lo sacó de la monotonía.
-¿Quién es? –Al coger el teléfono se fijó que la llamada la hacían desde un teléfono con número oculto.
-¿Señor Isaac González? –La voz era de un hombre aparentemente preocupado.
-Soy yo ¿Quién pregunta por mí?
-Soy el Inspector García de la comisaría de Sevilla-centro ¿Podría venir esta tarde? –El hombre hizo una pausa, -tengo que comunicarle algo importante.
Isaac no sabía que pensar, se quedó dubitativo un instante, -¿qué querrá la policía de mi?, -era la única pregunta que se le agolpaba en la cabeza.
-Si claro, a las cinco estaré allí, -colgó el teléfono y miró a Marta con preocupación.
-¿Cariño que te pasa? –preguntó Marta al ver la cara de intranquilidad de Isaac.
-No lo sé, era la policía, querían que fuera esta tarde a la comisaria, no sé que abra ocurrido.
-Seguramente será algún malentendido, -Marta trató de calmarle. –No te preocupes, continuemos con los preparativos de la boda.
Continuaron con las invitaciones y los preparativos el resto de la mañana, pero Isaac sabia que algo malo había ocurrido, no solía confundirse cuando sentía punzadas en su estomago, eso siempre significaba que algo terrible estaba sucediendo.
III
Brahim había sido el primero en llegar al lugar donde yacía muerto James.
Lo que vio le había dejado traumatizado, siempre había pensado que aquello era un mito de su infancia, pero ahora mismo estaba viéndolo con sus propios ojos.
Se alejó del lugar despacio sin querer molestar a aquellos hombres que vestían extraños hábitos y estaban junto al cadáver de James rebuscando entre sus pertenencias, antes de abandonar el lugar vio medio enterrada en la arena la cámara de fotos del desdichado fallecido, disimuladamente la cogió y se la guardo entre los ropajes, cuando estaba a una prudencial distancia apretó el paso y se dirigió al campamento desde donde llamo con la radio a las autoridades para avisar de la muerte del excéntrico James.
En cuanto dio el aviso cogió uno de los camellos y desapareció del lugar presa del pánico.
IV
Isaac salió de su casa en dirección a la comisaria de la Alameda de Hércules, donde había quedado con el inspector García.
Desde que se mudo de su ciudad natal a Sevilla la Alameda de Hércules siempre le había fascinado, era uno de los paseos más importantes de la ciudad, flanqueado por un lado por el impresionante rio Guadalquivir y por otro por el hermoso barrio de la Macarena.
Se detuvo frente a las dos columnas que adornaban la Alameda, estaban coronadas por las figuras esculpidas en piedra de Hércules y Julio cesar.
-Que es lo que abra pasado, llevo días sin noticias de James y ahora esta llamada de la policía, -pensó mientras encendía un cigarro observando las columnas.
Su preocupación era palpable, el tema de la boda con Marta le había ayudado a olvidarse parcialmente del viaje que no pudo hacer junto a James, pero ahora en su cabeza la boda había pasado a un segundo plano, y no podía dejar de pensar en que alguna cosa extraña había sucedido.
Cuando se consumió el cigarro se dirigió hacia la entrada de la comisaria, se detuvo frente a un mostrador donde un agente estaba escribiendo en el ordenador.
-Buenas tardes, tengo una cita con el inspector García.
-Nombre por favor. –Dijo el agente sin apartar la vista de la pantalla.
-Isaac, Isaac González.
El agente se puso a teclear el nombre de Isaac. -Si aquí esta anotado, tercera planta despacho 25.
-Gracias. –Isaac se dirigió hacia el ascensor, el estar ya en la comisaria le causaba más inquietud, y las punzadas del estomago no cesaban. –James, cabeza dura, espero que esto no sea por uno de tus líos, -se dijo así mismo mientras pulsaba el botón del ascensor que le llevó a la tercera planta.
V
Marta era una hermosa mujer de 25 años, morena con pelo largo y una figura increíble, la típica belleza del sur de España, se encontraba limpiando la casa cuando escuchó que sonaba un teléfono en la cocina.
-Este Isaac ya volvió a olvidarse el móvil al salir, -se dirigió a la cocina rápidamente para responder la llamada.
-¿Dígame?
-Perdone, creo que me confundí.
-¿Por quién pregunta? –Respondió Marta antes de que el hombre colgara.
-Busco al señor Isaac. –Estaba claro que por el acento el hombre no era español.
-No se encuentra en casa ahora mismo, se dejó el teléfono aquí, si quiere que le de algún recado. –Estaba acostumbrada a hacer de secretaria de Isaac, no era la primera vez que se dejaba el teléfono en casa, siempre estaba pensando en aventuras y en lugares lejanos.
-Dígale que soy Brahim, conocía a su amigo James, que me llame en cuanto pueda a este número, gracias señorita. –El hombre colgó sin esperar respuesta alguna.
Marta anotó el recado en una libreta y continúo con sus tareas diarias aunque estaba algo preocupada por escuchar el nombre de James, temía que algo pasaba.
VI
Isaac había llegado a la tercera planta de la comisaria, ante él había un pasillo que parecía interminable, con varias salas y despachos a los laterales, comenzó la búsqueda del numero 25, se detuvo frente a la puerta que se encontraba cerrada, cogió aire, dio dos golpes secos al cristal para avisar que entraba y la abrió.
-Buenas tardes, soy Isaac, ¿el inspector García?
-Soy yo, adelante pase. –El inspector estaba de pie junto a la mesa, se le notaba en el rostro que había vivido muchas cosas en su vida, era un hombre de mediana edad y un evidente sobrepeso.
-Siéntese por favor, -le indicó con la mano una silla que se encontraba junto a la mesa del despacho. –Le mande llamar por que recibimos una noticia de la embajada Española en Marruecos sobre su amigo James, -al pronunciar el nombre hizo una pausa.
-¿Qué es lo que le ha pasado a James?  
-Falleció en el Sahara, y como no encontramos a ningún familiar cercano le llamamos  a usted porque sabemos que era su amigo íntimo. –García no estaba a gusto dando este tipo de noticias y se le notaba en el habla.
-Fallecido… ¿Cómo ha ocurrido? –Isaac había confirmado todos sus temores.
-Recibió un disparo, mañana llega su cuerpo al tanatorio, ¿se hará usted cargo de su cuerpo para su identificación y sepelio?
-Claro, ¿pero quién lleva la investigación del asesinato, saben alguna cosa de quien ha podido ser? –Isaac estaba tan impactado por la noticia que todavía no la asimilaba y aparentaba tranquilidad.
-La policía de Marruecos lleva la investigación, dice que tiene a uno de sus mejores inspectores trabajando en el caso, de momento no sabemos nada, pero le mantendremos informado.
Isaac se levantó y agradeció al inspector el comunicarle la noticia, se dirigió nuevamente al ascensor. -“James, ¿Qué te ha pasado?, en que lio te metiste ahora”-se preguntaba mientras se dirigía hacia su casa.
VII
Darid Assem es un inspector de la policía marroquí con muchos años de experiencia, hacía tiempo que había dicho abiertamente que estaba en contra del régimen que gobernaba en el país, así que sus superiores siempre que podían le hacían la vida imposible, le daban los casos que nadie más quería, y cuanto más lejos lo tuvieran mejor para ellos.
-¿Qué es lo que tenemos aquí? –Se notaba que no estaba contento con el caso que acaban de darle, -más vale que terminemos rápido con esto.
-Un extranjero asesinado de un disparo inspector. -El forense acaba de inspeccionar el cadáver.
Darid se inclino sobre el cadáver de James. -¿Viste estas marcas que tiene aquí?
El forense inspecciono la zona del pecho que Darid le señalaba.
-Es raro, parecen mordiscos de algún animal, pero nunca vi nada parecido y menos en medio del desierto.
-Está bien, salgamos de este infierno, llevaros el cuerpo, quiero acabar con esto cuanto antes, seguramente se tratara de un robo -el inspector hizo un gesto y unos hombres depositaron el cadáver en una camilla y se lo llevaron al furgón del forense. –que calor hace aquí maldita sea. –Darid se secaba con un pañuelo el sudor de la frente.
Ya se habían marchado casi todos, solo quedaban él y su ayudante en aquel abrasador desierto, si por él fuera habría dejado a aquel extranjero en el desierto, pero la embajada española había presionado para que se lo llevaran, estaba a punto de marcharse con la intención de dar carpetazo al caso en cuanto regresara a la comisaria.
-Sayyid Darid, mire aquí. –El joven ayudante se encontraba unos metros alejado de donde había estado el cadáver.
Darid se dirigió a regañadientes donde estaba su ayudante.
-¿Qué es lo que pasa? –dijo enfadado, el joven policía recién salido de la academia siempre le hacía trabajar más de lo que le gustaba.
Al llegar a la altura del joven policía se fijó en un pequeño artefacto que había en el suelo, era de forma piramidal, tenía unas extrañas inscripciones grabadas, le parecía que ese mismo artefacto ya lo había visto en alguna ocasión, pero no lograba acordarse de donde.
Darid lo recogió con cuidado, lo examino más detalladamente y un pequeño relieve de un chacal rodeado por un círculo llameante le hizo recordar.
-Tenemos que volver rápidamente a la comisaria, aquí no estamos seguros. –Dijo mientras guardaba el extraño objeto en su bolsillo.
El joven ayudante intentó preguntar qué es lo que ocurría, pero Darid ya estaba de camino hacia el todo terreno, así que lo siguió y no preguntó nada más al respecto.
VIII
Ya de regreso a casa Isaac quiso llamar a Marta, pero al palparse los bolsillos se dio cuenta de que nuevamente se había olvidado el teléfono en casa.
El camino de regreso lo hizo en silencio, cabizbajo, sin terminar de creer lo que acababan de comunicarle. –James, muerto, no puede ser, -no dejaba de repetirlo una y otra vez como si de un mantra se tratara.
Cuando llego a su casa se detuvo frente a la puerta, estuvo un par de minutos sin decidirse a entrar, en ese instante se abrió la puerta y Marta salió apresuradamente dándose de bruces con él.
-¡Dios Isaac, que susto! –Marta se llevó la mano al pecho. -¿Qué haces aquí parado, que te ocurre?
-James ha muerto, acaban de decírmelo. –No pudo aguantar más y se lanzó a sus brazos comenzando a llorar.
-No puede ser, -le temblaba la voz -¿Cómo ha ocurrido, que ha pasado? –Marta abrazó fuertemente a Isaac acariciando su cabello para intentar calmarlo.
-Recibió un disparo mientras estaba en el desierto, no se mucho más, mañana traen el cadáver.
-Vayamos dentro cariño, –cogió de la mano a Isaac y lo dirigió a casa, iba como un zombi arrastrando los pies, como si las fuerzas se le hubieran marchado de golpe.
Isaac se dejó caer a plomo sobre el sofá, se sentía cansado y abatido, no dejaba de pensar en su amigo.
-¡Si hubiera ido con él estaría vivo joder! –dio un golpe en la mesilla de centro con tal fuerza que hizo que un jarrón que la adornaba cayera al suelo.
-O estaríais muertos los dos, así que demos gracias de que te quedaste aquí, te traeré un té, -Marta se levantó y se dirigió a la cocina, -seguro que te tranquiliza.
Al llegar a la cocina y coger la tetera vio la libreta donde anotó el número de teléfono del extraño hombre, puso la tetera con agua en el fuego y regresó al salón.
-Antes llamo un hombre a tu teléfono, parecía árabe, aquí tienes el numero.
Isaac cogió la hoja donde estaba anotado el número. -¿Y dices que era árabe?
-Lo deduje por su acento y por el extraño nombre que tenía, me dijo que conocía a James, me comento que esperaba que lo llamaras cuanto antes.
-James estaba en el Sahara, tal vez este hombre sabía alguna cosa, o incluso podía ser el inspector que investigaba el caso en Marruecos. –Pensó Isaac mientras cogía el teléfono y marcaba el número que estaba anotado en la libreta.
-¿Isaac? –contesto un hombre al otro lado.
-Si soy yo, ¿de qué me conoces? –Se le notaba intrigado.
-Me llamo Brahim, era el guía de su amigo James, él me habló de usted, -hizo una pequeña pausa, -tengo que hablarle sobre su muerte.
-Está bien, dígame Brahim, le escucho.
-Por teléfono no Sayyid, es mejor vernos en persona, estaré en el hotel Kasbah Tizimi de Rabat, cuando llegue avíseme Sayyid.
Isaac intentó decir algo pero Brahim ya había colgado, se quedó mudo unos minutos, hasta que Marta llegó con el té y entonces Isaac rompió el silencio.
-Mañana cuando identifique el cadáver de James me voy a Marruecos. –Dijo Isaac tajantemente.
Marta dejo caer la bandeja donde llevaba la tetera y las tazas sobre la alfombra, sabía que cuando Isaac ponía ese tono de voz era imposible convencerle de lo contrario.
-Ten cuidado. –Simplemente dijo eso mientras recogía las tazas del suelo.
IX
Darid llegó a la comisaria y rápidamente se dirigió a su despacho, se acercó a un archivador y saco un expediente antiguo que guardaba en el fondo.
-No puede ser posible, no puede ser el mismo objeto -pensó mientras rebuscaba en la carpeta y sacaba una fotografía en blanco y negro.
 Colocó encima de la mesa el objeto en forma de pirámide que había encontrado en el desierto y lo comparó con el que salía en la fotografía.
Al darse cuenta de la similitud de los dos objetos se dirigió al teléfono y torpemente marcó un número que pensaba que jamás tendría que usar.
-Darid, ¿Qué quieres? –contestó un hombre con voz ronca.
-Por fin lo encontré, lo tengo conmigo, esta vez no cabe duda de que es el original. –Darid estaba nervioso y se le trababa la lengua al hablar.
-No lo comentes con nadie, hablare con el resto de hermanos, cuídate Darid, te llamaremos.
Cuando colgó el teléfono se dejó caer en la silla sin dejar de mirar el extraño objeto piramidal que tenía en sus manos. –Que Alá nos proteja.
X
La mañana no había comenzado todo lo bien que Isaac abría querido, se dirigió al tanatorio al recibir la llamada de que podía pasar a identificar el cadáver de James.
Marta le acompaño en todo momento, cuando terminaron con los trámites y el papeleo se quedó a solas con el cadáver de su compañero de aventuras.
-Amigo mío, ¿qué es lo que te ocurrió? –No terminaba de asimilar que James estaba ahora postrado sobre una mesa metálica de un tanatorio solo cubierto por una sábana blanca. Estuvo despidiéndose de su amigo, al de unos minutos Marta entró.
-Cariño, ¿estás bien? –se acerco por detrás y lo abrazó pasando sus brazos por la cintura.
-Todavía me cuesta asimilarlo, verle aquí tumbado, -hizo un esfuerzo por no llorar. –James solía meterse en líos, ¿pero tantos como para recibir un disparo en medio del desierto?, no le encuentro sentido, me parece absurdo.
-Isaac, dentro de tres horas sale tu vuelo a Rabat, tal vez el hombre con el que hablaste pueda aclararte alguna cosa. –dijo apesadumbrada, le costaba pensar que Isaac se marchaba a Marruecos quedando tan pocos días para su boda, y lo que más la inquietaba era que lo hacía para hablar sobre el asesinato de James con alguien al que no conocía de nada, eso la llenaba de preocupación, pero también tenía claro que no podría hacer nada por impedírselo, así que trataba de asimilarlo lo antes posible.
-Es cierto, puede que ese hombre me aclare las cosas, pero Marta… -hizo una pausa -no me pasara nada, y llegare a tiempo a la boda, sabes que te quiero, ¿verdad? –Isaac se giró y miró a Marta fijamente a los ojos.
-Lo sé, y yo también a ti, ahora vámonos o llegaras tarde.
Isaac miró por última vez a James, -te prometo amigo mío, que averiguare quien fue el que te hizo esto, -dijo mientras tapaba con la sabana el rostro de su amigo.

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