lunes, 27 de agosto de 2012

Historia de Isaac -Parte2


XI
Del tanatorio al aeropuerto internacional de Sevilla no había mucho recorrido, veinte minutos en coche como mucho, pero Isaac no dejaba de pensar en el viaje que tenía que hacer, no le daba miedo volar, pero sí que es lo que se encontraría o averiguaría en Rabat.
-Ten cuidado, y pase lo que pase regresa de una sola pieza. –Marta estaba preocupada y nerviosa mientras conducía. –La boda es en veinte días, ¡Y quiero un novio sano en el altar!
Esa última frase logró sacar de sus pensamientos a Isaac y en su rostro se vislumbro por primera vez en dos días una sonrisa.
-No me perdería esa boda por nada del mundo, y menos después de haber metido cientos de invitaciones en esos sobres rosas tan cursis. –Soltaron una carcajada a la vez, era una forma de liberar tensión y nerviosismo.
Cuando se despidieron en la terminal e Isaac ya estaba en el avión Marta se dio cuenta de que nuevamente se había olvidado el teléfono móvil, volvió a casa intranquila pensando en ello, pero estaba segura que en cuanto aterrizara se daría cuenta y le llamaría desde otro teléfono.
El viaje duraba unas cuantas horas, pero Isaac fue incapaz de dormir, no dejaba de mirar por la ventanilla, junto a él una mujer de procedencia marroquí dormía plácidamente, cuando por la megafonía avisaron de que se abrocharan los cinturones de seguridad para aterrizar el nerviosismo que recorría su cuerpo se acrecentó.
Cuando pisó el aeropuerto de Rabat las sensaciones que Isaac sintió eran como si acabara de realizado un viaje en el tiempo, lo clásico se mezclaba con lo moderno, convivían en el mismo espacio hombres de negocios con modernos trajes de diseño y ordenadores portátiles e ipad con hombres que vestían chilabas y babuchas cargando fardos de mercancías junto a mujeres ataviadas con un vistoso Caftán y un velo cubriendo su cabello que vendían comida en puestos improvisados.
Isaac se dirigió sin perder tiempo a la salida tras recoger su equipaje para montarse en un taxi.
-Al hotel Kasbah Tizimi por favor. –Le dijo Isaac al curioso taxista que no le dejaba de dedicar una sonrisa que dejaba ver su descuidada dentadura.
-Enseguida Sayyid. –El taxista arrancó bruscamente, casi se lleva por delante a un hombre que cruzaba en ese momento el paso de cebra.
XII
-¡Veras cuando te coja desgraciado! –Darid hacía gestos con su puño al taxi que casi lo atropella mientras cruzaba el paso de peatones dirección al aeropuerto.
-Parece increíble que estos imbéciles no saben ni conducir, - pensó mientras entraba por la puerta principal del aeropuerto y se dirigía hacia la cafetería donde le habían dicho que le esperarían.
No sabía a quién tenía que buscar, solo le dieron las instrucciones de esperarlo sentado tomando un té y ellos le localizarían.
Estaba preocupado e inquieto, porque nunca pensó que tendría que usar esos contactos, pensaba que el legado que su familia trasmitía de generación en generación era simplemente un cuento para entretener a los niños, pero en cuanto vio aquel objeto supo que era muy real, y que le tocaba ahora encargarse a él del asunto.
Pidió un té rojo y se sentó en una mesa que se encontraba algo alejada del resto.
Miraba ansioso a todos lados por si veía a alguien extraño, pero ya habían pasado más de veinte minutos y nadie se le acercó, estaba apuntó de desistir y levantarse cuando recibió una llamada en su teléfono móvil.
-Darid, hermano, ¿Llevas contigo el objeto? –La voz del hombre que le hablaba le resultaba familiar, no la había escuchado nunca, pero su tono era tan cordial que tuvo la sensación de que lo conocía de siempre.
-Aquí lo tengo conmigo. –Darid saco del bolsillo el extraño objeto y lo sostuvo fuertemente en sus manos mientras lo miraba, -¿Qué tengo que hacer?
-Protegerlo con tu vida, llego en diez minutos.
 ¿Por qué siempre me tiene que pasar algo? Pensó mientras guardaba el objeto nuevamente en su bolsillo y daba un último sorbo al té ya frio.
XIII
Isaac acababa de bajarse del taxi, se encontraba frente a las puertas de aquel hotel intentando pensar en lo que le dirían, como casi siempre se había olvidado el teléfono móvil en casa así que no podía llamar a Marta, se dirigió a la recepción y preguntó por Brahim, por suerte solo había un cliente con ese nombre que se hospedaba en el hotel, el recepcionista llamo a la habitación.
-Dice el señor Brahim que le espere en la cafetería, bajara enseguida. –El recepcionista  hablaba un castellano casi perfecto.
Se dirigió hacia la cafetería y se sentó junto a la barra mirando hacia la entrada para controlar quien llegaba, no solía beber pero se pidió un whisky para intentar templar los nervios.
Pasarían diez minutos cuando vio que por la puerta entraba un hombre de mediana estatura, vestía de forma occidental con unos pantalones vaqueros y una camisa estampada, a pesar de la ropa se notaba que era oriundo de la zona, las arrugas de su rostro daban una ligera idea de la edad que tendría, pero decían mas sobre la experiencia en la vida que aquel hombre debía de haber atesorado, se dirigió hacia donde se encontraba Isaac.
-¿Señor Isaac? –Le tendió la mano mientras le miraba fijamente a los ojos sin dejar de sonreír.
-Soy yo, -le devolvió el saludo apretando firmemente la mano, -¿eres Brahim supongo no?
-Si Sayyid, yo soy, venga por favor, -hizo un gesto amable con su brazo señalando una mesa al fondo del establecimiento, -será mejor que nos sentemos.
Isaac cogió el vaso de whisky que estaba a medio apurar y se dirigió hacia la mesa que le señalaba Brahim, la amabilidad de aquel hombre y la ayuda del whisky calentando su cuerpo habían logrado atemperarle los nervios y se encontraba más tranquilo.
-Quería hablarle de su amigo James, -el tono de voz sonó algo apesadumbrado, -yo era su guía, y tenía que haberme encargado de que no le ocurriera nada, pero no pude evitarlo. –Hizo un gesto al camarero y este le trajo una taza de té.
-Me hizo venir hasta Marruecos señor Brahim, supongo que no solo habrá sido para darme su pésame.
-Claro que no Sayyid, pero lo cortés no quita lo valiente, -dio un sorbo al té humeante, -quería explicarle lo que vi, y darle una cosa que recogí donde su amigo James fue asesinado.
Brahim deposito sobre la mesa un sobre y se lo acerco a Isaac, este lo cogió cuidadosamente y al abrirlo vio que en su interior había unas cuantas fotos.
-¿Qué es esto?
-Son unas fotos que revele de la cámara de su amigo, por favor mírelas atentamente.
Isaac empezó a fijarse en las fotos, las primeras eran del desierto, unas fotos hermosas dignas de utilizarse en una postal, cuando había ojeado casi todas se fijo en las tres últimas, miro fijamente a Brahim.
-¿De donde son estas fotos? –preguntó con curiosidad.
- Sayyid por eso preferí que viniera, quería hablarle de estas fotos. –Brahim apuró el poco té que le quedaba, tenía el semblante serio.
Isaac no podía dejar de mirar las tres fotos con detenimiento pasando de una a otra con pulso tembloroso, bebió de un trago lo que quedaba en la copa e intento comprender lo que tenía ante sí, estaba seguro de que aquello estaba relacionado de alguna forma con la muerte de su amigo James.
Brahim no quiso interrumpir los pensamientos de Isaac, así que se levanto y se dirigió hacia la barra para hablar con el camarero, se enfrasco en lo que parecía una divertida conversación, ambos reían y charlaban distendidamente, Isaac levanto la cabeza y miró hacia la barra al escuchar las risas de ambos hombres, vio como un hombre que vestía una chilaba y que por sus rasgos parecía árabe se acercaba hacia Brahim y el camarero. Cuando llegó a su altura Isaac vio que el hombre portaba una pistola, intento avisar a Brahim que al escuchar el grito de Isaac se giro a mirarle pero fue tarde, Brahim acababa de recibir dos disparos a quemarropa, y cayó al suelo muerto, el camarero se escondió debajo de la barra, Isaac sin pensárselo dos veces se dirigió corriendo hacia el extraño hombre, este al verlo reacciono apuntándolo con la pistola, pero no le dio tiempo a apretar el gatillo porque Isaac se abalanzo sobre él y logro derribarlo, al caer el asesino se golpeó la cabeza contra el suelo bruscamente, Isaac comenzó a golpearlo, sus nudillos impactaban en el rostro de aquel hombre con fuerza, los nervios se apoderaron de él y no dejaba de golpearlo una y otra vez, habría seguido así si el camarero no hubiera intervenido y lo hubiera detenido, el extraño hombre tenía el rostro ensangrentado y estaba inconsciente junto al cadáver del desdichado Brahim que había recibido dos fatídicos disparos en el pecho.
-¡Llamad a una ambulancia! –Isaac se encontraba de rodillas junto a Brahim, comenzó a hacerle unos masajes cardiacos, aunque sabía que no servía de nada.
El revuelo de los disparos y la pelea había congregado a una multitud de gente que se arremolinaba alrededor de Isaac, al de unos minutos asimilo la muerte de Brahim y dejó de hacerle el masaje cardiaco, se aparto del cadáver cerrándole los ojos antes de alejarse, se dirigió hacia la mesa para recoger las fotos, que guardó cuidadosamente cuando vio que la policía entraba por la puerta.
En menos de media hora la zona estaba acordonada, los sanitarios se llevaron el cadáver de Brahim y el asesino fue arrestado, Isaac tuvo que dar muchas explicaciones, y al final le llevaron a comisaría para que declarara sobre lo sucedido, la muerte de Brahim le había impactado, pero ahora temía que si descubrían las fotografías se las quitarían, así que decidió acompañar al agente sin oponer resistencia para no complicar la situación más.
XIV
Marta deambulaba por casa nerviosa esperando la llamada de Isaac, debería de haber llegado hace mucho, pero todavía no tenía noticias de él.
Siempre que salía de viaje estaba tranquila, porque estaba acostumbrada a que su futuro marido se pasara mucho tiempo fuera de casa viviendo aventuras que a ella le parecían absurdas y temerarias pero eran el modo de vida de Isaac.
Marta conoció a Isaac cuando estaba de viaje de placer por Egipto, él estaba grabando un reportaje para una televisión Italiana, recordó como Isaac se la acercó con el pretexto de entrevistarla, se encontraban casualmente en cada rincón del país que ella visitaba, cuando volvió a España recibió la llamada de Isaac y desde ese momento comenzó su relación, hace ya seis años.
Pero esta vez era distinto, el motivo de su viaje era debido a la muerte de James, lo que la inquietaba sobremanera porque había sido asesinado y temía que Isaac se metiera en líos, no la extrañaría nada que sucediera porque siempre que James estaba por medio algo sucedía.
Mientras limpiaba la casa minuciosamente cosa que hacia siempre que se encontraba nerviosa encontró la hoja donde anotó el teléfono de Brahim, -te daré un día mas de margen antes de llamar, -pensó mientras lo guardaba en su agenda.
XV
Darid vio como un hombre bien trajeado se le acercaba, era alto y de complexión delgada, tenía el pelo canoso y por los rasgos de su rostro dedujo que tendría más de sesenta años.
-Darid hermano, me alegra verte por fin. –El hombre ofreció su mano en señal de saludo.
-Yo esperaba no tener que llamarles nunca. –Darid le correspondió y estrecho la mano que le habían tendido.
-En el fondo no es tan mala señal que estés aquí, tarde o temprano tenía que ocurrir, y menos mal que lograste hacerte con la reliquia, ¿la tienes encima?
-Aquí  la tengo, pero antes de nada dime cómo te llamas. –Darid no se fiaba de nadie, algo que aprendió desde pequeño y más desde que trabajaba en homicidios y conocía de primera mano la corrupción que imperaba en el sistema.
-Me llamo Hem-Netyer.
-Sirviente de Dios… -Darid sabía algo de la cultura Egipcia y recordó que en la antigüedad ese era un título muy prestigioso entre los sacerdotes egipcios.
-Efectivamente, y también conocido como el profeta, puedes llamarme así si te parece más sencillo. –Esbozo una sonrisa mientras miraba a Darid, -y ahora por favor déjame ver la reliquia.
Darid sacó a regañadientes de su bolsillo el objeto piramidal y se lo entregó cuidadosamente.
Hem-Netyer lo miró detenidamente, sonreía como un niño que acababa de recibir un hermoso regalo, estaba eufórico.
-Tantos siglos de espera, tantas muertes inútiles, y al final aquí esta. –Pasaba sus dedos por los relieves de la reliquia, -tus antepasados estarían muy orgulloso de ti Darid, yo me encargare a partir de ahora, -dijo mientras guardaba la reliquia en su bolsillo, -tengo una última petición que hacerte.
-Pensé que con esto ya había cumplido con el trato que mi familia hizo en su momento con la Hermandad. –Darid estaba molesto e incomodo, tenía ganas de volver a su casa, relajarse y olvidarse de todo lo ocurrido.
-Y bien que cumplisteis con vuestro juramente, pero solo te pido que vayas a la comisaria, tenéis un occidental que acaba de presenciar un asesinato, tiene unas fotografías que nos interesan y que si salen a la luz podrían ponernos en aprietos, espero que puedas encargarte del asunto, en cuanto lo logres no volverás a saber de nosotros, y tu familia podrá ser libre nuevamente.
Darid recordó lo que su padre y su abuelo le contaron sobre la deuda que tenían con aquella extraña Hermanad desde que salvaron a su familia de una muerte segura durante la segunda cruzada.
La familia de Darid siempre fue inflexible sobre esa deuda, y aunque a él le pareciera una locura que después de tantos años todavía mantuvieran ese juramento el lo respetaba y en cuanto se le presentó la oportunidad de cumplir el juramento no lo dudo un solo instante.
-Está bien, pero mi familia queda ya libre de cualquier deuda. –Darid se levanto y salió del aeropuerto para coger su coche y volver a la comisaria.
Cuando llegó vio a Isaac sentado en una silla en una de las salas de interrogatorios junto a un agente que le tomaba declaración, se paró frente a la puerta observando por el cristal.

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