XI
Del tanatorio al
aeropuerto internacional de Sevilla no había mucho recorrido, veinte minutos en
coche como mucho, pero Isaac no dejaba de pensar en el viaje que tenía que
hacer, no le daba miedo volar, pero sí que es lo que se encontraría o
averiguaría en Rabat.
-Ten cuidado, y pase lo
que pase regresa de una sola pieza. –Marta estaba preocupada y nerviosa
mientras conducía. –La boda es en veinte días, ¡Y quiero un novio sano en el
altar!
Esa última frase logró
sacar de sus pensamientos a Isaac y en su rostro se vislumbro por primera vez
en dos días una sonrisa.
-No me perdería esa
boda por nada del mundo, y menos después de haber metido cientos de
invitaciones en esos sobres rosas tan cursis. –Soltaron una carcajada a la vez,
era una forma de liberar tensión y nerviosismo.
Cuando se despidieron
en la terminal e Isaac ya estaba en el avión Marta se dio cuenta de que
nuevamente se había olvidado el teléfono móvil, volvió a casa intranquila
pensando en ello, pero estaba segura que en cuanto aterrizara se daría cuenta y
le llamaría desde otro teléfono.
El viaje duraba unas
cuantas horas, pero Isaac fue incapaz de dormir, no dejaba de mirar por la
ventanilla, junto a él una mujer de procedencia marroquí dormía plácidamente,
cuando por la megafonía avisaron de que se abrocharan los cinturones de
seguridad para aterrizar el nerviosismo que recorría su cuerpo se acrecentó.
Cuando pisó el
aeropuerto de Rabat las sensaciones que Isaac sintió eran como si acabara de
realizado un viaje en el tiempo, lo clásico se mezclaba con lo moderno,
convivían en el mismo espacio hombres de negocios con modernos trajes de diseño
y ordenadores portátiles e ipad con hombres que vestían chilabas y babuchas cargando
fardos de mercancías junto a mujeres ataviadas con un vistoso Caftán y un velo
cubriendo su cabello que vendían comida en puestos improvisados.
Isaac se dirigió sin
perder tiempo a la salida tras recoger su equipaje para montarse en un taxi.
-Al hotel Kasbah Tizimi
por favor. –Le dijo Isaac al curioso taxista que no le dejaba de dedicar una
sonrisa que dejaba ver su descuidada dentadura.
-Enseguida Sayyid. –El
taxista arrancó bruscamente, casi se lleva por delante a un hombre que cruzaba
en ese momento el paso de cebra.
XII
-¡Veras cuando te coja
desgraciado! –Darid hacía gestos con su puño al taxi que casi lo atropella
mientras cruzaba el paso de peatones dirección al aeropuerto.
-Parece
increíble que estos imbéciles no saben ni conducir,
- pensó mientras entraba por la puerta principal del aeropuerto y se dirigía
hacia la cafetería donde le habían dicho que le esperarían.
No sabía a quién tenía
que buscar, solo le dieron las instrucciones de esperarlo sentado tomando un té
y ellos le localizarían.
Estaba preocupado e
inquieto, porque nunca pensó que tendría que usar esos contactos, pensaba que
el legado que su familia trasmitía de generación en generación era simplemente
un cuento para entretener a los niños, pero en cuanto vio aquel objeto supo que
era muy real, y que le tocaba ahora encargarse a él del asunto.
Pidió un té rojo y se sentó
en una mesa que se encontraba algo alejada del resto.
Miraba ansioso a todos
lados por si veía a alguien extraño, pero ya habían pasado más de veinte
minutos y nadie se le acercó, estaba apuntó de desistir y levantarse cuando
recibió una llamada en su teléfono móvil.
-Darid, hermano,
¿Llevas contigo el objeto? –La voz del hombre que le hablaba le resultaba familiar,
no la había escuchado nunca, pero su tono era tan cordial que tuvo la sensación
de que lo conocía de siempre.
-Aquí lo tengo conmigo.
–Darid saco del bolsillo el extraño objeto y lo sostuvo fuertemente en sus
manos mientras lo miraba, -¿Qué tengo que hacer?
-Protegerlo con tu
vida, llego en diez minutos.
¿Por qué
siempre me tiene que pasar algo? Pensó mientras guardaba el objeto
nuevamente en su bolsillo y daba un último sorbo al té ya frio.
XIII
Isaac acababa de
bajarse del taxi, se encontraba frente a las puertas de aquel hotel intentando
pensar en lo que le dirían, como casi siempre se había olvidado el teléfono
móvil en casa así que no podía llamar a Marta, se dirigió a la recepción y
preguntó por Brahim, por suerte solo había un cliente con ese nombre que se
hospedaba en el hotel, el recepcionista llamo a la habitación.
-Dice el señor Brahim
que le espere en la cafetería, bajara enseguida. –El recepcionista hablaba un castellano casi perfecto.
Se dirigió hacia la
cafetería y se sentó junto a la barra mirando hacia la entrada para controlar
quien llegaba, no solía beber pero se pidió un whisky para intentar templar los
nervios.
Pasarían diez minutos
cuando vio que por la puerta entraba un hombre de mediana estatura, vestía de
forma occidental con unos pantalones vaqueros y una camisa estampada, a pesar
de la ropa se notaba que era oriundo de la zona, las arrugas de su rostro daban
una ligera idea de la edad que tendría, pero decían mas sobre la experiencia en
la vida que aquel hombre debía de haber atesorado, se dirigió hacia donde se
encontraba Isaac.
-¿Señor Isaac? –Le tendió
la mano mientras le miraba fijamente a los ojos sin dejar de sonreír.
-Soy yo, -le devolvió
el saludo apretando firmemente la mano, -¿eres Brahim supongo no?
-Si Sayyid, yo soy,
venga por favor, -hizo un gesto amable con su brazo señalando una mesa al fondo
del establecimiento, -será mejor que nos sentemos.
Isaac cogió el vaso de
whisky que estaba a medio apurar y se dirigió hacia la mesa que le señalaba
Brahim, la amabilidad de aquel hombre y la ayuda del whisky calentando su
cuerpo habían logrado atemperarle los nervios y se encontraba más tranquilo.
-Quería hablarle de su
amigo James, -el tono de voz sonó algo apesadumbrado, -yo era su guía, y tenía
que haberme encargado de que no le ocurriera nada, pero no pude evitarlo. –Hizo
un gesto al camarero y este le trajo una taza de té.
-Me hizo venir hasta
Marruecos señor Brahim, supongo que no solo habrá sido para darme su pésame.
-Claro que no Sayyid,
pero lo cortés no quita lo valiente, -dio un sorbo al té humeante, -quería
explicarle lo que vi, y darle una cosa que recogí donde su amigo James fue
asesinado.
Brahim deposito sobre
la mesa un sobre y se lo acerco a Isaac, este lo cogió cuidadosamente y al
abrirlo vio que en su interior había unas cuantas fotos.
-¿Qué es esto?
-Son unas fotos que
revele de la cámara de su amigo, por favor mírelas atentamente.
Isaac empezó a fijarse
en las fotos, las primeras eran del desierto, unas fotos hermosas dignas de
utilizarse en una postal, cuando había ojeado casi todas se fijo en las tres
últimas, miro fijamente a Brahim.
-¿De donde son estas
fotos? –preguntó con curiosidad.
- Sayyid por eso
preferí que viniera, quería hablarle de estas fotos. –Brahim apuró el poco té
que le quedaba, tenía el semblante serio.
Isaac no podía dejar de
mirar las tres fotos con detenimiento pasando de una a otra con pulso
tembloroso, bebió de un trago lo que quedaba en la copa e intento comprender lo
que tenía ante sí, estaba seguro de que aquello estaba relacionado de alguna
forma con la muerte de su amigo James.
Brahim no quiso
interrumpir los pensamientos de Isaac, así que se levanto y se dirigió hacia la
barra para hablar con el camarero, se enfrasco en lo que parecía una divertida
conversación, ambos reían y charlaban distendidamente, Isaac levanto la cabeza
y miró hacia la barra al escuchar las risas de ambos hombres, vio como un
hombre que vestía una chilaba y que por sus rasgos parecía árabe se acercaba hacia
Brahim y el camarero. Cuando llegó a su altura Isaac vio que el hombre portaba
una pistola, intento avisar a Brahim que al escuchar el grito de Isaac se giro
a mirarle pero fue tarde, Brahim acababa de recibir dos disparos a quemarropa,
y cayó al suelo muerto, el camarero se escondió debajo de la barra, Isaac sin
pensárselo dos veces se dirigió corriendo hacia el extraño hombre, este al
verlo reacciono apuntándolo con la pistola, pero no le dio tiempo a apretar el
gatillo porque Isaac se abalanzo sobre él y logro derribarlo, al caer el asesino
se golpeó la cabeza contra el suelo bruscamente, Isaac comenzó a golpearlo, sus
nudillos impactaban en el rostro de aquel hombre con fuerza, los nervios se
apoderaron de él y no dejaba de golpearlo una y otra vez, habría seguido así si
el camarero no hubiera intervenido y lo hubiera detenido, el extraño hombre tenía
el rostro ensangrentado y estaba inconsciente junto al cadáver del desdichado
Brahim que había recibido dos fatídicos disparos en el pecho.
-¡Llamad a una
ambulancia! –Isaac se encontraba de rodillas junto a Brahim, comenzó a hacerle
unos masajes cardiacos, aunque sabía que no servía de nada.
El revuelo de los
disparos y la pelea había congregado a una multitud de gente que se
arremolinaba alrededor de Isaac, al de unos minutos asimilo la muerte de Brahim
y dejó de hacerle el masaje cardiaco, se aparto del cadáver cerrándole los ojos
antes de alejarse, se dirigió hacia la mesa para recoger las fotos, que guardó
cuidadosamente cuando vio que la policía entraba por la puerta.
En menos de media hora
la zona estaba acordonada, los sanitarios se llevaron el cadáver de Brahim y el
asesino fue arrestado, Isaac tuvo que dar muchas explicaciones, y al final le
llevaron a comisaría para que declarara sobre lo sucedido, la muerte de Brahim
le había impactado, pero ahora temía que si descubrían las fotografías se las quitarían,
así que decidió acompañar al agente sin oponer resistencia para no complicar la
situación más.
XIV
Marta deambulaba por
casa nerviosa esperando la llamada de Isaac, debería de haber llegado hace
mucho, pero todavía no tenía noticias de él.
Siempre que salía de
viaje estaba tranquila, porque estaba acostumbrada a que su futuro marido se
pasara mucho tiempo fuera de casa viviendo aventuras que a ella le parecían
absurdas y temerarias pero eran el modo de vida de Isaac.
Marta conoció a Isaac
cuando estaba de viaje de placer por Egipto, él estaba grabando un reportaje
para una televisión Italiana, recordó como Isaac se la acercó con el pretexto
de entrevistarla, se encontraban casualmente en cada rincón del país que ella
visitaba, cuando volvió a España recibió la llamada de Isaac y desde ese
momento comenzó su relación, hace ya seis años.
Pero esta vez era
distinto, el motivo de su viaje era debido a la muerte de James, lo que la
inquietaba sobremanera porque había sido asesinado y temía que Isaac se metiera
en líos, no la extrañaría nada que sucediera porque siempre que James estaba
por medio algo sucedía.
Mientras limpiaba la
casa minuciosamente cosa que hacia siempre que se encontraba nerviosa encontró
la hoja donde anotó el teléfono de Brahim, -te
daré un día mas de margen antes de llamar, -pensó mientras lo guardaba en
su agenda.
XV
Darid vio como un
hombre bien trajeado se le acercaba, era alto y de complexión delgada, tenía el
pelo canoso y por los rasgos de su rostro dedujo que tendría más de sesenta
años.
-Darid hermano, me
alegra verte por fin. –El hombre ofreció su mano en señal de saludo.
-Yo esperaba no tener
que llamarles nunca. –Darid le correspondió y estrecho la mano que le habían
tendido.
-En el fondo no es tan
mala señal que estés aquí, tarde o temprano tenía que ocurrir, y menos mal que
lograste hacerte con la reliquia, ¿la tienes encima?
-Aquí la tengo, pero antes de nada dime cómo te
llamas. –Darid no se fiaba de nadie, algo que aprendió desde pequeño y más
desde que trabajaba en homicidios y conocía de primera mano la corrupción que
imperaba en el sistema.
-Me llamo Hem-Netyer.
-Sirviente de Dios…
-Darid sabía algo de la cultura Egipcia y recordó que en la antigüedad ese era
un título muy prestigioso entre los sacerdotes egipcios.
-Efectivamente, y
también conocido como el profeta, puedes llamarme así si te parece más sencillo.
–Esbozo una sonrisa mientras miraba a Darid, -y ahora por favor déjame ver la
reliquia.
Darid sacó a
regañadientes de su bolsillo el objeto piramidal y se lo entregó
cuidadosamente.
Hem-Netyer lo miró
detenidamente, sonreía como un niño que acababa de recibir un hermoso regalo,
estaba eufórico.
-Tantos siglos de
espera, tantas muertes inútiles, y al final aquí esta. –Pasaba sus dedos por
los relieves de la reliquia, -tus antepasados estarían muy orgulloso de ti
Darid, yo me encargare a partir de ahora, -dijo mientras guardaba la reliquia
en su bolsillo, -tengo una última petición que hacerte.
-Pensé que con esto ya
había cumplido con el trato que mi familia hizo en su momento con la Hermandad.
–Darid estaba molesto e incomodo, tenía ganas de volver a su casa, relajarse y
olvidarse de todo lo ocurrido.
-Y bien que cumplisteis
con vuestro juramente, pero solo te pido que vayas a la comisaria, tenéis un
occidental que acaba de presenciar un asesinato, tiene unas fotografías que nos
interesan y que si salen a la luz podrían ponernos en aprietos, espero que
puedas encargarte del asunto, en cuanto lo logres no volverás a saber de
nosotros, y tu familia podrá ser libre nuevamente.
Darid recordó lo que su
padre y su abuelo le contaron sobre la deuda que tenían con aquella extraña
Hermanad desde que salvaron a su familia de una muerte segura durante la
segunda cruzada.
La familia de Darid
siempre fue inflexible sobre esa deuda, y aunque a él le pareciera una locura
que después de tantos años todavía mantuvieran ese juramento el lo respetaba y
en cuanto se le presentó la oportunidad de cumplir el juramento no lo dudo un solo
instante.
-Está bien, pero mi
familia queda ya libre de cualquier deuda. –Darid se levanto y salió del
aeropuerto para coger su coche y volver a la comisaria.
Cuando llegó vio a
Isaac sentado en una silla en una de las salas de interrogatorios junto a un
agente que le tomaba declaración, se paró frente a la puerta observando por el
cristal.
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