martes, 3 de julio de 2012

EL AMOR VERDADERO


Eran las cinco de la tarde, Andrés estaba sentado ya en el tren esperando que saliera, tenía ya ganas de llegar a su destino y ver a sus nietos, al compartimento donde se encontraba estaba vacío, entonces sonó el pitido que indicaba que el tren se disponía a marchar cuando la puerta del compartimento se abrió y entro una señora, el al verla no lo dudo ni un segundo.
-Carmen…. ¿Eres tú? –Sus ojos normalmente apagados reobraron vida, su sonrisa era incontrolable.
-¡Andrés! Cuanto tiempo. –La mujer de pelo corto y gris permanecía  de pie junto a él, las piernas le temblaban ligeramente de los nervios como si hubiera vuelto a su adolescencia.
-Casi cincuenta años ya, y continuas igual de guapa que siempre. –Andrés se levanto y la abrazo fuertemente, luego se sentaron juntos y comenzaron a hablar de sus vidas del pasado.
Andrés cogió la mano de Carmen la miro fijamente y como si un imán los atrajera se fundieron en un beso, cincuenta años de separación pero aquel amor de adolescencia prevaleció sobre el tiempo.
-Nunca deje de quererte –Le dijo Andrés mientras la miraba con dulzura y cogía sus manos fuertemente como no queriéndola volver a perder.
-Yo a ti tampoco.

LOS GIROS DE LA VIDA


La habitación del hospital pese al blanco que predominaba y destacaba sobre cualquier otro color se notaba fría como carente de alegría o signo alguno de vitalidad.
Juan era uno de los inquilinos de esa habitación, unos tubos y cables le conectaban a una maquina que controlaba sus constantes vitales, en la otra cama se encontraba David, había sufrido un accidente de tráfico no hace mucho y tenía las piernas escayoladas, el silencio que reinaba solo era roto por el cante de los pájaros que provenían de un parque cercano.
-¿Llevas mucho tiempo por aquí?  -Pregunto David sin obtener respuesta, volvió a intentarlo pero solo logro el mismo silencio, nadie le contesto, en ese instante volvió a sumergirse en sus pensamientos y apunto de dormirse estaba cuando entro el médico.
-Buenos días ¿Qué tal nos encontramos hoy?
-Bueno, un poco aburrido, mi compañero no es que hable demasiado. –Dijo David como queríendo hacer una broma.
-Perdió en un accidente de coche a toda su familia, el ha sobrevivido milagrosamente no se puede mover ni hablar. –La voz del medico sonó tajante y dura.
David miro a Juan, estuvo en silencio un rato y al momento volvió a hablar. –Yo también perdí las piernas en un accidente, no podre volver a andar, pero al menos intento superarlo.
El médico lo miro  fríamente. –Cuando tengas tiempo mira el periódico de hoy. –Al terminar la frase se marcho, David cogió el periódico que tenia encima de la mesa y empezó a mirar las noticias por encima hasta que encontró una que le impacto.
“Accidente de tráfico en la A-8 el conductor de un Audi se estrello contra un monovolumen, circulaba a doscientos diez kilómetros hora sobrepasando la velocidad permitida y dando positivo en el control de alcoholemia, al conductor del Audi quedo atrapado en el interior todos los miembros de la familia que iban en el monovolumen menos el conductor fallecieron en el acto”
En ese momento se dio cuenta, el era el conductor deL Audi, miro nuevamente a Juan, no hablaba pero solo brotaban unas lagrimas de sus ojos, David no volvió a intentar hablar mientras estuvo ingresado.

BENDITA INOCENCIA


Los rayos del sol se colaban por la ventana iluminando toda la habitación, era apenas un habitáculo de seis metros cuadrados que contenía un pequeño mueble y una litera, dos hermanos de ocho y diez años  jugaban en su interior, las risas eran el sonido predominante en aquel reducido espacio.
-¡Alfonso no seas tramposo! –Decía el más pequeño de los dos mientras soltaba una carcajada.
-No era trampa Carlos, me tocaba a mi tirar y acabo de llegar a la meta ¡Gane!
Los dos hermanos se fundieron en un abrazo, riendo inocentemente, ajenos a cualquier otra cosa, Carlos el pequeño de los dos cogió una pelota de futbol que tenía guardada en una caja.
-Vamos fuera a jugar un partido, veras como si te gano ahora. –El pequeño tenía los ojos brillantes y una sonrisa que iluminaba su rostro, se le notaba feliz, el hermano mayor lo miro tiernamente. –Sabes que no podemos salir fuera, nos lo ha dicho mama, volvamos a jugar a la Oca. –Carlos lo miro sin perder esa chispa y esa vivacidad que da la inocencia y la juventud.
-Vale ¡Pero esta vez no me hagas trampas! –Volvió a soltar una carcajada y ambos se pusieron nuevamente a jugar a la Oca, al cabo de un rato de comenzar el juego escucharon el sonido de una sirena que no cesaba y al momento entro la madre apresuradamente.
-Niños, es la hora del abrazo diaria, venid aquí –Los niños fueron corriendo donde su madre y se abrazaron fuertemente, la madre los apretaba contra ella intentando taparles los oídos, en la distancia se escucharon unas explosiones muy fuertes, estuvieron abrazados unos diez minutos, cuando las explosiones cesaron la madre los soltó les dio un beso y los niños volvieron felices a sus juegos, la madre los observaba.
-Bendita inocencia la de los niños, que incluso en la guerra no pierden las ganas de jugar –Dijo ella casi murmurando mientras se secaba las lagrimas.