miércoles, 7 de noviembre de 2012

Historia de Isaac parte 10


XL
Marta llevaba horas sentada y atada en esa silla, las muñecas le dolían tremendamente, se fijo en que estaban comenzando a ponerse moradas. No quería suplicar pero el dolor comenzaba a ser insoportable.
-Javi… -dijo apesadumbrada.
-No me llames Javi, soy Yemyra, ¿Qué quieres?
-Javi… me duelen mucho las muñecas, ¿podrías aflojarme las cuerdas un poco? –no levantó la vista del suelo al hablar con él.
Yemyra se acercó a Marta y cortó las cuerdas de los pies y de las manos con una navaja, hizo un gesto a un hombre armado que estaba con ellos y este cogió bruscamente a Marta y la llevó a una pequeña habitación que se encontraba en el recinto y la encerró cerrando la puerta tras de sí con llave.
Marta estaba agarrotada después de tantas horas en la misma postura, y decidió dar vueltas alrededor de la habitación para intentar volver a poner su cuerpo en orden, después de tres vueltas comenzaba a sentirse mejor y el riego sanguíneo volvió a fluir correctamente. Cuando se disponía a comenzar la quinta vuelta escuchó como Yemyra hablaba por teléfono y pegó la oreja a la puerta para intentar escuchar mejor lo que decían.
-Antoine tranquilo, ¿Qué ocurrió? –Yemyra estaba algo intranquilo.
-Estoy herido en una pierna, pero no es nada grave, no te preocupes. –dijo Antoine.
-¿Cumpliste con tu tarea? ¿Está muerto? –preguntó ansioso.
-Darid se tragara la historia, herí a Isaac en un brazo y mate al otro hombre, así que no creo que sospeche nada y se creerá todo lo que Isaac le cuente, -dijo arrogantemente.
-Muy buen trabajo Antoine, Isaac se pondrá en contacto con nosotros para indicarnos donde están, ve a que te curen esa herida y cuando tengas noticias llámame, -Yemyra estaba exultante.
Marta al escuchar la palabra muerto y buen trabajo temió lo peor, no sabía de quien hablaban si de Alejandro o de Isaac, pero el dolor y la pena comenzaron a invadirla y empezó a llorar desconsoladamente, se sentó en un rincón de espaldas a la pared y estuvo llorando durante mucho tiempo hasta que escuchó como alguien abría la puerta.
-Bueno Marta, si todo sale bien pronto terminara el calvario, -dijo Yemyra al que se le veía feliz.
Marta se levantó y se lanzó contra él, le golpeaba en el pecho con todas sus fuerzas pero sin mucha eficacia, uno de esos golpes logro impactar en el rostro de Yemyra haciéndole una herida por la que sangraba levemente.
-¡Maldita seas!, -dijo mientras la pegaba un puñetazo en la mandíbula haciéndola caer al suelo.
Marta intentó levantarse pero la vista se le nublo y perdió el sentido, quedó inconsciente tumbada en el suelo mientras Yemyra salía de la habitación cerrando nuevamente la puerta con llave.
XLI
Darid cogió del botiquín un bote de alcohol y unas vendas, se dirigió a la cocina donde estaba Isaac sentado en una silla sin camisa y sujetando el pañuelo en la herida que ya casi había dejado de sangrar.
-Esto te dolerá un poco… -dijo mientras vertía un poco de alcohol en la herida.
-¡Joder, quema! –grito Isaac apartando la mano de Darid de un manotazo.
Darid limpió bien la herida y la vendó, no era la primera herida de bala que veía.
-Es un rasguño, te pondrás bien enseguida, -dijo mientras daba una última vuelta al vendaje.
-¿Quién eres? –pregunto Isaac mientras cogía un cigarro del paquete de tabaco que estaba encima de la mesa.
-El inspector de policía Darid…
-A estas alturas no me vengas con chorradas, no estamos ya para mas jeroglíficos ni tonterías de misterios y leyendas, ¿Quién coño eres? –volvió a preguntar inquisitivamente.
Darid se levantó y se dirigió a la nevera, la abrió y saco dos cervezas, le dio una a Isaac y se sentó junto a él cogiendo también un cigarro y encendiéndolo.
-Mi familia tenía un juramente con la hermandad de Bastet, éramos los encargados de proteger la llave y la clave desde hace siglos…
-¿Enserio me estáis diciendo que esto tiene algo que ver con dioses, diosas y tiempos antiguos?, me cuesta muchísimo creerlo, -le interrumpió Isaac.
-Tú mismo lo estás viendo, yo no creo demasiado en esas cosas tampoco, pero está claro que alguien si, y está matando por lograr todo esto, mi trabajo era encontrar la llave y la encontré, fue por casualidad gracias a James pero la encontré. Pero todo se enredo de una forma increíble, y ahora está en juego la vida de mucha gente, yo no sé que abra dentro de ese templo, pero si alguien esta tan dispuesto a matar por lo que está dentro de ella mi trabajo es evitarlo.
-No sé qué es lo que abra dentro de ese templo, no sé si al abrirlo saldrá el Dios Osiris o simplemente no abra nada, solo quiero terminar con todo esto y salir de este país, -dijo Isaac.
-Llevan siglos detrás de esto, así que se esconda lo que se esconda detrás de esas puertas será mejor no despertarlo, cientos de personas han muerto a lo largo de la historia y creo que va siendo hora de terminar con todo esto, -aseveró Darid.
-Yo solo quiero vengarme de Javi por matar a James y sobre todo por secuestrar a Marta.
-Ahora se llama Yemyra, es el nombre que adopto al lograr el poder en la orden oscura, -le matizo Darid.
-Me da igual como se llame, para mi es hombre muerto, -dijo tajantemente Isaac.
Estuvieron horas hablando y cavilando como terminar con Yemyra y su organización, estaba claro que para terminar con ellos tendrían que cortar las cabezas visibles y el resto se evaporaría como el agua al hervir, tenían que matar a Antoine y a Yemyra.
-Voy al servicio, -dijo Isaac levantándose de la mesa.
-Yo hare un par de llamadas para localizar donde se esconde Yemyra.
Isaac se dirigió al cuarto de baño, cuando se encerró con pestillo sacó un teléfono móvil y llamo a Yemyra.
-Isaac, estaba esperando tu llamada.
-Maldito cerdo, me disparaste y mataste a Alejandro, -dijo Isaac intentando no levantar la voz para que no le escuchara Darid.
-Era necesario hacerlo para que no sospecharan de ti, pero lo más importante es que Marta está bien, mientras tú no nos engañes, ¿tienes la clave encima?
-Muy pronto la tendré, mañana iremos al templo de Osiris, y como toques un pelo a Marta date por muerto, -el tono amenazador de Isaac indicaba que era capaz de cumplir con su amenaza.
-No te preocupes por Marta, tráeme la clave, aquí te esperare e Isaac… -hizo una pausa, -no olvides que tienes que terminar con la vida de Darid.
-No lo olvido… -la voz amenazadora se convirtió ahora en aflicción.
Cuando salió del baño Isaac tenía la cara descompuesta, no le gustaba lo que tenía que hacer, pero no le quedaba más remedio, se dirigió a la cocina y vio a Darid sonriente.
-Les hemos localizado, mañana partimos pronto.
-¿Llevas la clave encima? –pregunto Isaac.
-Aquí la tengo, ¿Por qué? –preguntó Darid con cierta curiosidad.
-Por nada Darid, acuérdate de todo lo que hablamos.
Ambos hombres después de tomar un par de cervezas más se marcharon a dormir.
XLII
Al día siguiente se despertaron muy pronto, después de vestirse y prepararse Darid dio una pistola a Isaac.
-Después de lo de ayer, es mejor que la lleves encima, -dijo Darid ofreciéndole una beretta.
Isaac cogió la pistola y la observó un instante antes de guardarla.
-¿Sabes cómo se usa? –pregunto Darid.
-Sí, alguna vez dispare una pistola parecida a esta en un campo de tiro.
-Pues vámonos entonces.
Salieron de la casa en dirección al coche de Darid, Isaac estaba nervioso, pensaba que todo terminaría pronto y que vería a Marta en unas horas, antes de montarse en el coche miró a su alrededor por si veía a Antoine, pero nadie les seguía.
-¿Está todo bien? –pregunto Darid.
-Creo que sí, miraba a ver si nos seguía alguien, -dijo mientras entraba en el coche.
Arrancaron y se dirigieron a la autopista para ir hasta la población donde tomarían el desvió para adentrarse en el desierto, tenían unas cuantas horas hasta llegar. Después de tres horas de conducir Darid entró en un área de servicio para repostar y poder estirar un poco las piernas, Isaac se dirigió al servicio de la cafetería de la estación de servicio, cuando entró al baño un hombre se acercó a él y le dio un pequeño sobre.
Cuando estaba encerrado en el baño abrió el sobre y sacó una nota que había en su interior.
Isaac, si Darid tiene la clave encima aprovecha ahora y acaba con él, cuando lo hagas un coche estará esperándote para que me traigas la clave”
Después de leerla la rompió y la tiro a la taza del baño pulsando la cisterna, los pedacitos desaparecieron al momento, Isaac cogió aire y salió del baño, vio a Darid en la barra de la cafetería tomando un café.
-Cuando quieras podemos irnos, -le dijo Isaac nervioso.
Darid le miró fijamente, intuía que algo pasaba.
-¿Qué te ocurre Isaac?, te noto muy nervioso.
-Estoy preocupado por Marta solamente es eso, tengo ganas de llegar ya.
-Muy bien, pues vámonos, -dijo mientras dejaba un billete sobre la barra y se levantaba.
Cuando salieron de la cafetería Darid se fijo en un coche que estaba aparcado cerca del suyo con el motor en marcha, se empezó a inquietar, algo no le terminaba de gustar, se giro para hablar con Isaac y le vio detrás del con la Beretta en la mano apuntándole.
-Isaac… -Darid le miraba a los ojos
-Lo siento mucho, es o tu o Marta, -Isaac estaba nervioso la mano le temblaba.
-No quieres hacer esto, seguro que encontramos una solución, cálmate, -el tono de Darid era conciliador.
-¡No tengo más remedio! –gritó Isaac desesperado.
Darid se acercaba lentamente, casi imperceptiblemente.
-Tranquilo, hablemos de esto, podemos ayudar a Marta sin que hagas esto…
-Lo siento mucho, -dijo Isaac mientras apretaba el gatillo.
Darid se llevó las manos al estomago, acababa de recibir un disparo a quemarropa y la sangre salía a borbotones, el dolor era intenso, miró a Isaac antes de caer de rodillas delante de él.
-Lo lamento Darid, de verdad, -dijo apesadumbrado.
Darid no podía articular palabra, se agarro a la pierna de Isaac para no perder el equilibrio, pero no aguantó mucho más y cayó al suelo, Isaac le registro y saco una hoja donde había unos extraños símbolos escritos, se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
Del coche salió un hombre que se acerco a Isaac, le hizo un gesto y este corrió rápidamente al vehículo, montaron y salieron de la estación de servicio apresuradamente, Darid yacía en el rellano de las escaleras en medio de un charco de sangre.
En otro extremo del aparcamiento se encontraba Antoine en otro coche, al ver la escena sacó su teléfono y realizó una llamada.
-Yemyra, Isaac ha cumplido, acaba de matar a Darid.
-Bien, ven aquí y en cuanto llegue Isaac mátalo.
Antoine guardó el teléfono y siguió al otro vehículo a una prudencial distancia.
XLIII
Marta continuaba sentada contra la pared de la fría habitación, se sentía mal por desear que el muerto fuera Alejandro y no Isaac, se sentía culpable por desear eso, odiaba a Yemyra y quería asesinarlo. Le daba vueltas a la cabeza pensando en cómo vengarse, sabía que solamente eran sueños producidos por la rabia y el odio porque en su situación no veía ninguna posibilidad de llevar a cabo sus deseos.
-Hora de comer, -dijeron desde el otro lado de la puerta.
-No me apetece comer nada.
Abrieron la puerta y entró un hombre con una bandeja y la depositó en el suelo junto a la entrada.
-Me importa muy poco lo que quieras, -dijo mientras se reía el hombre que le llevó la comida.
Cuando salió y cerró nuevamente la puerta Marta se acercó a la bandeja de comida, había un plato con algo de carne, supuestamente era cordero, cogió los cubiertos y se fijó en el cuchillo, no parecía muy afilado pero se quedo mirándolo y entonces nuevamente su mente se pasó a trabajar.
Se guardó el cuchillo en el bolsillo trasero de su pantalón y se volvió a sentar en el rincón, esta vez estaba más tranquila, ya había perdido casi toda esperanza así que le daba lo mismo cualquier cosa que sucediera. Después de pensarlo un rato se decidió a dar el paso, se acercó a la puerta y la golpeó para llamar la atención del hombre que la había llevado la comida.
-¿Qué ocurre, porque no paras de dar golpes?, -dijo el hombre visiblemente enfadado.
Marta no contestó solamente golpeaba la puerta una y otra vez esperando sacar de sus casillas al carcelero y que entrase.
-Maldita seas, ¡deja de golpear la puerta de una vez!
Marta continuó dando golpes hasta que escuchó como abrían la cerradura torpemente desde el otro lado, sacó el cuchillo y se lo colocó escondido entre la manga de la camiseta y la palma de la mano.
-¿Qué es lo que querías maldita idiota?, -dijo el carcelero mientras abría la puerta de un golpe.
Marta estaba quieta delante de él, mirándolo fijamente, el hombre la observaba con una mezcla de enfado y curiosidad. Marta solamente señalo al suelo con su mano y el guardia miró hacia donde le señalaba, Marta vio nítidamente el cuello al girar el guardia la cabeza y aprovechó para lanzarse sobre él y de un rápido movimiento le clavó el cuchillo en el cuello. El hombre se llevó la mano a la zona donde tenía clavado el cuchillo, cogió la empuñadura y se lo sacó produciendo que saliera un chorro de sangre de la herida, se intentó taponar la herida pero era imposible, la sangre salía a borbotones, el cuchillo se le había hundido en una arteria carótida, Marta se retiró del hombre asustada llevándose las manos al rostro sin querer mirar, el hombre estaba condenado, notó como la vista se le volvía borrosa y al de unos pocos segundos cayó al suelo muerto sin que dejara de brotar sangre de su cuello.
Marta no se atrevía a mirarlo, acababa de matar a un hombre y esa sensación le repugnaba, pero sabía que no le había quedado más remedio, era él o ella, sin mirar casi el cadáver le registró y le quitó una pistola que el hombre tenía en una cartuchera, se asomó a la habitación contigua a la de la celda y al comprobar que no había nadie salió cerrando la puerta tras de ella y dejando el cadáver del guardia donde antes ella había estado encerrada.
-Javi… te toca, -dijo Marta mientras salía de la habitación.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Historia de Isaac parte 9


XXXIV
Darid vivía en un pequeño piso, se encontraba en un edificio de gente humilde en un barrio de trabajadores de Rabat.
Acababa de despertarse, las pocas horas de sueño casi no le habían servido de descansó. Se encontraba en la cama mirando los papeles que recogió de la casa de Yemyra, no comprendía los símbolos que estaban dibujados en las hojas, pero estaba claro que tenía algo casi más importante que la llave de Anubis en su poder.
No sabía donde escondería los documentos, no estaba seguro de que el llevarlos encima fuera lo más adecuado, y guardarlos en una caja fuerte de un banco era incluso menos seguro teniendo en cuenta las influencias de la Orden oscura.
Se levantó y se dirigió hacia la mesa de trabajo, antes pasó por la cocina y cogió una cerveza fría, cuando se sentó para escribir una carta recibió una llamada en su teléfono móvil, tardó en contestar, no se fiaba de quien podría ser.
-¿Dígame? –dijo cautelosamente.
-¿Inspector Darid? –por la voz parecía occidental.
-El mismo, ¿Quién eres?
-Me llamo Alejandro, tengo que verle urgentemente… -hizo una pausa para tomar aire, estaba nervioso, -es sobre Marta la novia de Isaac, ha sido secuestrada.
-¿La novia de Isaac? –Darid no daba crédito a lo que escuchaba, -¿Cómo narices conoces mi número de teléfono?
-Es una larga historia, digamos que accedí a ciertos mensajes de texto que recibiste, y no sabía a quién acudir, soy amigo de Marta y vinimos para buscar a Isaac, habíamos quedado aquí con Javi…
-¿Con Javi dices? –Darid al escuchar ese nombre le interrumpió.
-¿Conoces a Javi? –pregunto Alejandro.
-Por desgracia si, y dices que a secuestrado a la novia de Isaac… -se levantó bruscamente de la silla, -¿Dónde te encuentras?
-Estoy en el aeropuerto, no sabía dónde ir, -dijo Alejandro visiblemente abatido.
-Escúchame atentamente, coge un taxi y dirígete a la Iglesia de San Francisco, espérame dentro, no tardare en llegar, -Darid colgó el teléfono.
Después de vestirse apresuradamente termino de redactar la carta y bajó a la calle, antes de montarse en el coche entregó la carta a un tendero amigo suyo y le dio unas instrucciones para que enviara la carta por él. Se montó en su coche y se dirigió hacia la Iglesia de San Francisco.
XXXV
Marta hacía ya tiempo que había sido bajada del coche a punta de pistola, ahora se encontraba en la parte trasera de un todo terreno, estaba amordaza y atada de pies y manos, intentó ver quien conducía pero le fue casi imposible moverse.
Al de unas horas de travesía sin apenas beber nada de agua estaba agotada, pensaba que la dejarían en medio del desierto abandonada para que muriera, comenzó a llorar imaginando el futuro que le esperaba pero sobre todo pensaba en su amado Isaac, estaba convencida de que había muerto.
Cuando la desesperación casi la había vencido y estaba comenzando a asimilar la situación notó como el vehículo se detenía, abrieron la puerta y vio como Javi se le acercaba, con una navaja cortó las ataduras de las piernas y la bajó del todoterreno.
-Bienvenida a tu nueva casa, -dijo Javi mientras la ayudaba a bajar del coche.
Al pisar el suelo Marta trastabilló y hubiera caído de rodillas si Javi no la hubiera ayudado a mantener el equilibrio, tenía las piernas apelmazadas y le costaba dar un simple paso.
Javi cogió del brazo nuevamente a Marta y la llevó hacia un edificio que parecía ser muy antiguo y estar abandonado, Marta miró a su alrededor y se fijo que había otro edificio que parecía también muy antiguo cerca de donde estaban, estaba muy bien conservado y tenía un extraño símbolo de un chacal rodeado por un circulo llameante en la puerta, aparte de esas dos construcciones no vio nada más que arena a su alrededor.
Escuchó como Javi hablaba en árabe con otro hombre, no logró comprender nada de lo que decían pero vio como el hombre se montaba en el todoterreno y se alejaba dejando tras de sí una estela de polvo.
-Vamos a ponernos cómodos, pasaremos una temporada aquí, -dijo Javi mientras dirigía a Marta hacia la extraña construcción.
XXXVI
Isaac deambulaba por las calles de Rabat sin saber bien dónde empezar a buscar a Darid, la lógica le decía que tenía que comenzar por la comisaria, pero últimamente la lógica no era algo que funcionara en su vida.
Isaac tenía una sensación extraña como si alguien le estuviera siguiendo, se giro y vio unos metros detrás del a Antoine, este al darse cuenta de que le habían visto se detuvo y le saludó con la mano, tenía una mueca burlona en su rostro. Isaac apretó los puños por la rabia, pero se calmó al pensar en Marta, se dio la vuelta y continuó con su camino.
Le llamó la atención un pequeño local que estaba en un estrecho callejón, “casa de España de Rabat” ponía en el cartel, decidió entrar, -tal vez podría mirar alguna guía de teléfonos o similar, -pensó Isaac mientras entraba.
Cuando entró se fijo que el local era un restaurante, la decoración era muy típica, algunas fotos de cantantes de flamenco y corridas de toros, parecía como su hubiera entrado en algún bar tradicional del barrio de la Macarena.
-Muy buenos días, -le dijo un hombre amablemente cuando le vio entrar, -discúlpeme pero está cerrado.
-Solo quería preguntarle si tendría alguna guía de teléfonos o algo parecido de Rabat, estoy buscando a una persona, -le respondió Isaac devolviéndole una sonrisa forzada.
El hombre se le acercó y le estrecho efusivamente la mano.
-¡Un paisano!, claro adelante pasa siéntate, -el hombre le señalo amablemente una banqueta junto a la barra.
Cuando Isaac se sentó en la banqueta el amable hombre le sirvió un café.
-Hace tiempo que no veo a un turista Español por aquí, me llamo Jacinto, -el hombre estaba emocionado.
-Yo me llamo Isaac, y discúlpeme pero tengo algo de prisa, ¿podría dejarme por favor la guía de teléfonos para buscar a mi amigo? –temía haber parecido demasiado brusco.
Jacinto hizo un gesto afirmativo con su cabeza y se dirigió hacia la trastienda, al cabo de unos segundos apareció con un ordenador portátil.
-En pleno año 2012 para que usar las guías si tenemos internet, -el hombre sonreía mientras le dio el ordenador a Isaac.
-Muchas gracias Jacinto, -dijo mientras comenzaba a teclear.
Le costó más de lo que imaginaba encontrar una página donde poder buscar la dirección pero una vez que entró en ella se alegró al comprobar que al introducir el nombre de Darid Assem solo aparecía una entrada, anotó la dirección donde supuestamente vivía el inspector y le devolvió el ordenador a Jacinto.
-¿Encontraste lo que buscabas?
-Sí, muchísimas gracias, no sabes de cuanto me ha servido tu ayuda, -Isaac estaba exultante.
-Me alegro muchísimo, espero que nos veamos en algún otro momento, -Jacinto estrecho nuevamente la mano de Isaac.
Cuando abandonó el local vio como Antoine se encontraba sentado en una terraza de un bar tomando un té, al pasar Isaac por su lado le miró fijamente, si las miradas mataran aquella habría terminado con la vida de Antoine.
Se dirigió hacia un taxi para ir a la casa de Darid.
XXXVII
Cuando Alejandro llegó a la iglesia de San Francisco se detuvo para observar la fachada de estilo colonial, la mezcla con la cultura árabe la hacían imponente.
Cuando entró se fijo en que no había mucha gente en su interior, eso en parte le tranquilizaba. Se dirigió hacia un banco cercano a la entrada de la iglesia desde donde podía ver quien entraba y salía y esperó a que apareciera el inspector.
Darid llegó un cuarto de hora más tarde que Alejandro, al entrar se detuvo en la puerta observando el interior de la iglesia, algunos fieles hacían cola en el confesionario, un par de occidentales seguramente turistas están de rodillas frente al altar seguramente rezando, miro hacia un lateras y en un banco cerca de la entrada vio a un hombre algo nervioso que lo observaba fijamente, Darid se acercó lentamente.
-¿Alejandro? –dijo Darid casi susurrando respetando ese silencio ceremonial que se respiraba en el ambiente.
Alejandro asintió con la cabeza.
-Soy Darid, hemos hablado antes por teléfono, -se sentó junto a él sin dejar de mirar al frente.
-Lamento el haberte molestado, no sabía a quién podía acudir, -dijo Alejandro nervioso, las manos le sudaban y sostenía una revista que manoseaba una y otra vez para intentar paliar el nerviosismo.
-Me debes una explicación, ¿Cómo me localizaste? –Darid esta vez le miró inquisitivamente, tenía una mano cerca de la cartuchera donde guardaba su pistola.
-Soy amigo de Marta, ella estaba preocupada por su novio, se ve que en la policía de Sevilla le hablaron de ti… -hizo una pausa para tragar saliva, -al no tener noticias de Isaac ella se puso a investigar por su cuenta y dio con la noticia de la muerte de un preso en la comisaria y al ver tu nombre en la noticia se preocupó más todavía.
Darid al recordar aquel momento sintió una punzada en el pecho, no es algo de lo que estuviera orgulloso, pero era algo que se tenía que hacer.
-Me pidió ayuda y yo… digamos que logre acceder a cierta información tuya, incluidas llamadas y mensajes de texto recientes…
-¿Cómo coño pudiste hacer eso? –Darid estaba enojado.
-Digamos que fue más fácil de lo que pensaba, la seguridad informática no es algo que cultiven demasiado ciertas empresas… -Alejandro le dio los informes a Darid.
Darid se quedo estupefacto al ver las hojas que acababan de darle, venia toda su hoja de servicios y toda la información telefónica, cuando terminó de leerlos las rompió.
-Por eso sabíamos que no querías hacer daño a Isaac y queríamos venir a hablar contigo para saber qué es lo que ocurría con Isaac…
-¿Y qué pinta en todo esto Javi? –le interrumpió Darid.
-Es amigo de Isaac, Marta quedo con él pero la secuestraron al salir del aeropuerto, -el tono de voz de Alejandro denotaba ahora culpabilidad, -tenía que haber estado con ella.
Darid le intento calmar, y le explico lo sucedido en esos dos días y quien era en realidad Javi.
-¿Enserio me estás diciendo que no es un guion de película lo que me cuentas? –dijo Alejandro con escepticismo, miraba a Darid fijamente con los ojos abiertos como platos intentando comprender lo que le decía.
Darid asintió, y por la cara que tenia al contar la historia no parecía que mintiera.
-Lo que no se es porque Yemyra…
-¿Yemyra? –le interrumpió Alejando.
-Si Yemyra es el nombre de Javi en la organización, -le contesto Darid, -lo que no se es porque Yemyra querría secuestrar a Marta...
-Si tiene a Isaac lo mismo la necesita para chantajearle por alguna razón, -dijo Alejandro.
-Seguramente… ¿pero cuál? –cuando terminó de hablar giró la cabeza bruscamente mirando la entrada de la iglesia, alguien había dando un portazo al cerrar la puerta.
-No puede ser… -Darid no daba crédito a lo que veía.
-¡Isaac! –gritó Alejandro levantándose rápidamente y dirigiéndose a la entrada de la iglesia.
Los fieles que estaban haciendo cola en el confesionario miraron a Alejandro al escuchar el grito.
-¿Alejandro? ¿Qué haces aquí? –Isaac miraba incrédulo hacia el hombre que se le acercaba rápidamente.
XXXVIII
-Dime Antoine, ¿Cómo va todo? –dijo Yemyra cuando le contestaron al teléfono.
-Están ya juntos, cuando sepa alguna cosa más te avisare pero tenemos un problema.
-¿Qué ocurre? –pregunto Yemyra preocupado.
-Un hombre que no conozco de nada está con ellos, –dijo Antoine.
-Te llamo en unos minutos, -Yemyra colgó el teléfono y se giró para mirar a Marta.
-¿No viniste sola verdad?
Marta no contestó, estaba en una silla atada de pies y manos y simplemente miraba al suelo, Yemyra se acercó y la abofeteo con fuerza, la sangre apareció en la comisura de sus labios.
-No me hagas repetirte la pregunta… ¿Quién es ese hombre? –dijo mientras sujetaba del pelo a Marta y tiraba de el para obligarla a mirarle a la cara.
-¡Vete a la mierda maldito cabrón! –Marta soltó un escupitajo que impacto en el rostro de Yemyra.
-Si no me lo dices no volverás a ver a Isaac, -dijo mientras se limpiaba el escupitajo y tiraba con más fuerza del pelo.
El escuchar el nombre de su amado y el saber que estaba vivo hicieron que su resistencia se mermara.
-No es nadie importante, solo un amigo que quiso acompañarme, -dijo Marta apesadumbrada por la sensación de traición que tenía en esos momentos.
Yemyra soltó el pelo de Marta y la abofeteo una vez más, las lagrimas invadían sus mejillas pero lloraba en silenció no quería darle el gusto de escucharla quejarse.
Antoine estaba fuera de la iglesia vigilando la entrada para no perder a sus objetivos de vista, justo cuando vio a los tres hombres salir de la iglesia sonó el teléfono.
-Yemyra acaban de salir, ¿Qué hago?
-Hagamos que la historia de Isaac le resulte creíble a Darid, mata al otro hombre.
Antoine colgó el teléfono y continuó siguiendo a los tres hombres mientras zurcía un plan en su mente.
XXXIX
-Todavía me cuesta creer que pudieras escapar, -dijo Darid mientras encendía un cigarro.
-A mí también me cuesta creerlo, pero es tal y como te conté. –Isaac permanecía quieto mirando el suelo, -cuando llegue a tu casa te vi salir apresuradamente y te seguí hasta la iglesia.
-Espero que nadie te haya seguido a ti.
Darid comenzó a caminar seguido de Isaac y Alejandro, se dirigían a su casa desde donde podrían estar más seguros y planear como rescatarían a Marta.
-¿Qué calor hace aquí no? –decía Alejandro quejosamente.
-Vamos hombre, ya queda poco, sino no haber venido, -le contestó Isaac visiblemente enfadado.
-De nada, de nada, si lo se le digo a Marta que nos vamos a cenar en vez de venir aquí a buscarte.
Isaac al escuchar eso miró a Alejandro y le cogió de la camisa mirándole a los ojos encolerizado.
-Como vuelvas a decir algo así te parto la cara maldito imbécil, -dijo mientras levantaba el puño amenazando con golpearle.
-¡Cuidado! –grito Darid mientras sacaba su pistola.
Isaac miro a Darid y vio como disparaba a algo o alguien detrás de él, se giró para mirar y vio a Antoine apuntándole con un arma, Antoine le disparó. Isaac sintió una quemazón tremenda en su hombro y soltó a Alejandro, miró la zona donde le había impactado el disparo, comenzaba a sangrar profusamente.
-¡Al suelo maldita sea! –gritó Darid mientras volvía a disparar a Antoine.
Estaban en una zona relativamente descubierta, Isaac se lanzó al suelo intentando buscar alguna cobertura posible, mientras estaba en el suelo vio a Alejandro inmóvil unos metros delante de él.
-Alejandro ¿estás bien? –le gritó mientras permanecía en el suelo mirándole.
-Creo que sí… -estaba visiblemente asustado, el miedo le paralizaba y era incapaz de moverse.
-¡Detrás de aquel coche rápido! –dijo Darid mientras les señalaba un coche que estaba aparcado unos metros por detrás de ellos.
-Alejandro, cuando cuente tres nos levantamos y corremos hacia el coche, ¿comprendido? –no dejaba de mirarle intentando tranquilizarle.
Alejando simplemente asintió con la cabeza, siempre le habían gustado las películas de guerra y tiroteos pero esto no se parecía ni mucho menos a una película de acción.
-Uno… dos… -justo en ese momento una bala silbó cerca de él casi dándole de lleno en la cabeza, -tres ¡ahora, vamos Alejandro! –se levantó rápidamente y corrió en dirección al coche que le había señalado Darid mientras este les cubría disparando a Antoine.
Alejandro tomo aire y se levantó lo más rápido que pudo y siguió a Isaac, estaba ya a medio metro del coche cuando notó un pellizcó en la espalda a la altura de los riñones, cuando ya estaba a resguardo juntó a Isaac se sentó apoyando su espalda en el coche.
-Muy bien Alejandro, lo lograste, ¿estás bien? –dijo Isaac mientras le daba una palmada en los hombros.
-Si llego a saber que voy a participar en una película de vaqueros me hubiera traído un caballo, -intentó bromear Alejandro.
Isaac rió por el comentario de Alejandro, permanecieron a resguardo hasta que el tiroteo cesó y apareció Darid corriendo.
-¿Estáis todos bien? –dijo Darid mientras miraba a los dos hombres.
-Me dieron en el hombro, pero no es nada, es una herida superficial, -dijo Isaac mientras apretaba la herida con un pañuelo intentando evitar el perder más sangre.
-Debió de seguirte cuando escapaste… -Darid ayudo a Isaac a levantarse, -seguramente cuando nos vieron juntos no se lo pensaron demasiado.
-Vamos Alejandro dame la mano, -Isaac le tendió la mano para ayudarle a incorporarse.
Alejandro no contestó, permanecía en silencio sin decir nada, Darid se puso de rodillas junto a él y le tomo el pulso.
-Esta… muerto, -dijo Darid.
-¿Muerto?, si hace menos de un minuto que hemos hablado ¿Cómo es posible? –Isaac estaba incrédulo mirando a los ojos ahora carentes de vida de Alejandro.
Darid inspecciono el cuerpo y vio como brotaba abundante sangre de una herida de bala recibida en los riñones, Isaac no pudo aguantar las lágrimas.
-Malditos hijos de puta, -gritó desesperado.
-Vámonos de aquí, la policía se encargara de él, es mejor irnos cuanto antes, lo siento mucho Isaac, -Darid se incorporó y se dirigió hacia su coche.
Isaac miró por última vez a Alejandro, nunca se llevaron bien, pero siempre fue buen amigo de Marta y ahora que había muerto por ir a buscarle un sentimiento de culpabilidad le inundó completamente.
-Amigo tu muerte no será en vano, -miró por última vez el cadáver de Alejandro y se marchó con Darid.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Historia de Isaac Parte 8


XXX
Antoine estaba a punto de disparar a Isaac que se encontraba inconsciente en el suelo.
-¡Espera! Tal vez todavía pueda servirnos de utilidad, -dijo Javi mientras cogía del brazo a Antoine.
-No entiendo de que nos puede servir, desde que llego a Rabat solo ha sido una fuente de molestias.
-No creas, puede que sea un estorbo y que no sepa nada de lo que está ocurriendo, pero Darid se está volviendo un verdadero peligro y creo que podremos solucionar ese problema gracias a Isaac.
-No llego a comprender como este imbécil puede ayudarnos con Darid, -Antoine miró a Isaac haciendo una mueca burlona.
Isaac comenzaba a despertarse, abrió los ojos lentamente y vio a Antoine y Javi de pie ante el mirándole, le apuntaban con una pistola. Escuchó como sonaba un teléfono y vio como Javi desaparecía. Al cabo de un par de minutos volvió a verle aparecer.
-Antoine llévalo al coche, nos vamos inmediatamente, acaban de confirmarme que Hem-Netyer ya es historia y tenemos la llave de Anubis en nuestro poder, pronto el ultimo estorbo desaparecerá también.
Antoine obligó a Isaac a levantarse y lo llevó a punta de pistola hasta el garaje, estaba dolorido y le costaba caminar, más de una vez estuvo a punto de caer al suelo, el golpe en la cabeza había sido muy fuerte. Antoine ató las manos de Isaac y lo introdujo en la parte trasera del vehículo, cuando se aseguró que no podría escapar volvió con Javi al interior de la casa.
-Darid no tardara en llegar, lleva a Isaac a casa de Elyazid, preparad todo para partir en cuanto os avise al templo de Osiris, yo tengo que encargarme de alguien.
-Como digas Yemyra –dijo Antoine, asintió con la cabeza y salió de la casa, se dirigió al coche y salió a toda velocidad de la propiedad desapareciendo en la oscuridad de la noche cerrada de Rabat.
Javi subió por las escaleras a la planta de arriba de la casa, tenía una garrafa de gasolina y la derramó sobre la cama y las cortinas de una de las habitaciones, cuando se aseguró que la garrafa estaba vacía sacó su teléfono móvil y realizó una llamada.
-¿Marta? Soy Javi Matas, -el tono de voz era cordial.
-¡Javi! –Respondió Marta con evidentes signos de alegría, -¿esta Isaac bien?
-Sí está bien, pero sobre eso quería hablarte, me dijo que te llamara porque él no pudo contactar contigo…
-¿Pero está contigo, donde esta? –le interrumpió Marta.
-Tuvo que salir urgentemente de Rabat, pero se encuentra bien, si quieres voy a Sevilla nos vemos y te cuento los detalles.
-Mañana llego a Rabat Javi, si quieres nos vemos en tu casa y hablamos.
Javi estaba exultante, tenía pensado ir a Sevilla pero ese giró de la situación le facilitaba enormemente la tarea que tenía en mente.
-Te iré buscar al aeropuerto, no te preocupes, -dijo efusivamente.
-Sobre las cuatro llegare, gracias Javi, ahora estoy más tranquila.
-Me alegro mucho Marta, mañana nos vemos. –Javi colgó el teléfono, tenía una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, nada mas guardar el móvil sacó un mechero y prendió fuego a la habitación que comenzó a arder con rapidez y virulencia debido a la gasolina.
Salió de la vivienda y se dirigió al otro lado de la calle, cuando se aseguró que toda la casa estaba en llamas montó en un coche negro que estaba esperándole y se marchó del lugar.
XXXI
Darid estaba ya cerca de la casa de Antoine, se fijo que en la lejanía la luz producida por unas llamas que iluminaban la noche cerrada, tuvo un mal presentimiento, sin pensárselo demasiado pisó el pedal del acelerador a fondo.
Cuando llegó a la vivienda sus peores temores se hicieron realidad, la casa estaba ardiendo de una forma virulenta, los vecinos de la zona se estaban empezando a congregar en las calles por una mezcla de curiosidad y temor a que las llamas se pudieran propagar a las demás casas, la sirena de los camiones de bomberos sonaba en la lejanía.
-¡Maldito hijo de puta! –gritó Darid mientras se tapaba el rostro cuando el fuego alcanzó la cocina y una gran explosión hizo saltar escombros y cristales, se acercó a la vivienda, estaba poseído por la cólera y no pensó en las consecuencias, alguien le cogió de la camisa y tiro del hacia atrás en el momento exacto en el que una nueva explosión hizo que una gran cantidad de escombros cayera donde él se encontraba antes de ser empujado.
-¿Estás loco? –dijo el hombre que posiblemente acababa de salvarle la vida tirando de su camisa.
Darid se giró y vio a un hombre cuyo rostro le resultaba familiar.
-¿Acaso quieres morir ahora que es cuando más te necesitamos? –se le veía visiblemente enfadado.
-¿Quién eres tú? –dijo Darid mientras se frotaba los ojos debido al picor producido por el humo.
-Soy Abdelrani, -el hombre le pasó su mano por encima de los hombros, -salgamos de aquí hermano Darid te lo explicare todo.
Abdelrani dirigió a Darid hacia un coche que tenía aparcado en una calle adyacente. Cuando estaban dentro del vehículo Abdelrani sacó de la guantera unas toallitas húmedas desechables y se los entregó a Darid.
-Límpiate los ojos con esto, te sentirás mejor.
-Muchas gracias, Hem-Netyer me hablo de ti antes, -dijo mientras se frotaba los ojos con las toallitas húmedas sintiéndose más aliviado.
-Llevo muchos años vigilando los movimientos de Yemyra...
-¿Quién es ese Yemyra? –le interrumpió Darid
-Lo conoces como Javi el chacal, el nuevo líder de la orden oscura… -hizo una pausa mientras sacaba un paquete de tabaco ofreciendo uno a Darid, -hace casi cuatro años que se hizo no se sabe muy bien como con el control de la orden, cuando Hem-Netyer se enteró del nombramiento me reclutó para que lo mantuviera informado, desde que Yemyra llegó al poder su fuerza y su influencias creció de forma espectacular, tiene contactos en todos sitios y sus brazos llegan incluso a los estamentos más poderosos del gobierno.
-Antes me llamó por teléfono y me dijo que esta noche Hem-Netyer moriría, intente llamarle pero no logre localizarlo. –dijo Darid abatido.
- Hem-Netyer a muerto… -hizo una pausa, se le veía visiblemente afectado al dar la noticia, -recibí la noticia hace poco y por eso estoy aquí, somos pocos los hermanos que quedamos, tenemos que detener a Yemyra y recuperar la llave de Anubis. Hem-Netyer se escondía en una casa de Rasma, el que terminó con su vida debía de estar infiltrado, la llave estará de camino al templo de Osiris.
-¿Y el occidental? –pregunto Darid.
-Lo sacaron de la casa, no sé porque lo quieren mantener con vida, pero ahora mismo lo principal es recuperar la llave de Anubis y ponerla a resguardo para siempre. Yo iré al pueblo de Rasma a intentar averiguar lo que pueda.
-Abdelrani, esperare aquí tu llamada, tengo una deuda moral con el occidental y no permitiré que muera si puedo evitarlo, demasiada sangre de inocentes llevamos derramada, cuando sepas alguna cosa llámame, -Darid salió del coche.
-Darid… -dijo Abdelrani, -tienes en tu poder unos documentos muy valiosos que sacaste de la casa de Yemyra, ¿Cierto?
-Sí, los tengo conmigo, ¿Por qué son tan importantes?
-Son la segunda clave para entrar en la cámara principal, protégelas y evita que nadie se haga con ella… -hizo una pausa, -cuídate hermano, hagamos que la muerte de Hem-Netyer no haya sido en vano, -dijo Abdelrani que acelero y desapareció del lugar en cuanto Darid cerró la puerta del coche.
Darid se dirigió hacia su coche, estaba alterado y nervioso, llevaba dos días sin dormir y su cuerpo comenzaba a pasarle factura, la cabeza le dolía tremendamente, no sabía porque quería salvar a Isaac, pero se sentía en parte culpable de su situación actual, después de observar desde su vehículo como los bomberos se hacían con el control del incendio se dirigió hacia su casa, necesitaba urgentemente descansar.
XXXII
Marta estaba más tranquila después de recibir la llamada de Javi diciéndole que Isaac estaba bien, no terminaba de comprender por qué no la había llamado para hablar con ella, pero después de la tensión acumulada decidió volver a la cama y esta vez sí logró dormir, Alejandro roncaba de forma grotesca en la habitación de invitados.
Cuando sonó el despertador Marta se hizo la remolona en la cama, estaba a punto de volver a cerrar los ojos cuando escuchó como llamaban a la puerta de su habitación de forma insistente.
-¡Mueve el culo Marta o llegaremos tarde al aeropuerto!, -era Alejandro.
Al escuchar las palabras tarde y aeropuerto Marta se levantó bruscamente como si hubiera saltado algún resorte que la logró activar.
-¡Joder, me quede dormida! –gritó mientras miraba la hora del despertador que estaba sobre la mesilla.
-Date prisa, tienes café preparado, ¡mueve ese hermoso trasero! –dijo Alejandro metiéndola más prisa.
Marta se ducho y vistió en tiempo record, cuando entró en la cocina devoró el desayuno que Alejandro la había hecho.
-Muchas gracias Alejandro, ¿estás preparado? –dijo con voz alegre, se notaba que el dormir unas horas y la llamada recibida la noche anterior habían logrado apaciguarla y calmarla.
-Llevo preparado desde hace dos horas, vámonos.
Después de cerciorarse de que no se dejaban nada se dirigieron hacia el coche de Alejandro y condujeron hasta el aeropuerto, Marta dio las gracias por no haberse encontrado con ninguna patrulla de la Guardia Civil de tráfico, la forma de conducir de Alejandro había violado más de una ley de circulación.
Una vez en el avión Marta miró a Alejandro que estaba sentado a su lado leyendo una revista de informática.
-Muchas gracias de verdad, eres un cielo, -le besó en la mejilla.
-¿Es mi cumpleaños y no me entere? –dijo burlonamente Alejandro, nunca perdía su sentido del humor, siempre era optimista y estaba lleno de vitalidad.
-No seas estúpido, -dijo sonriendo, -gracias por acompañarme, se que Isaac no te cae bien y no tenias obligación de venir, -dijo Marta con un tono de voz dulce.
-Nunca dejaría que fueras sola, además nunca visite Rabat, dicen que tiene un buen chocolate, tendré que probarlo para asegurarme que son ciertos los rumores. -Alejandro empezó a reírse.
-¿Chocolate...? –Marta intentaba comprender la broma, -oh vamos, serás tonto, -Marta comprendió que su amigo se refería al hachís.
El viaje en avión fue tranquilo, alguna que otra broma de Alejandro y pocas novedades más, cuando aterrizaron en Rabat y recogieron las maletas se dirigieron a la salida, Marta estaba ansiosa por ver a Javi y que pudiera contarle todo lo que había ocurrido con Isaac.
-Marta, voy al servicio, espérame en la salida.
-Claro, voy a buscar a Javi.
Marta llegó a la salida del aeropuerto y vio como desde un coche negro alguien tocaba el claxon, se fijo en el vehículo y vio dentro del a un hombre con la ventanilla bajada que le hacía señas para que se acercara, era Javi. Marta se dirigió hacia el coche, le devolvió el saludo con la mano a medida que se acercaba, cuando llego a la altura del vehículo asomó la cabeza por la ventanilla abierta.
-¡Javi que alegría verte! –Marta le dio dos besos.
-Lo mismo digo Marta, ¡Estas impresionante!
-Sera que me miras con buenos ojos, -dijo modestamente, -pero cuéntame sobre Isaac, llevo unos días horribles pensando en él, ¿está bien? –pregunto Marta cambiando el tono de voz, se la notaba preocupada.
Javi salió del coche y abrió la puerta del copiloto educadamente para que Marta entrara.
-Te lo contare de camino a mi casa…
-Espera un momento, -le interrumpió Marta.
Estaba a punto de explicarle que no venia sola cuando notó como alguien detrás de ella la sujetaba por la cintura con fuerza.
-Esto no es una negociación, -dijo Javi amenazadoramente, -¡Métela en la parte de atrás! –le dijo al hombre que sujetaba a Marta y la apuntaba con un arma.
Marta intentó revolverse pero le fue imposible hacerlo, desde la entrada del aeropuerto Alejandro lo vio todo, intentó llegar donde se encontraban pero fue tarde, para cuando logro acercarse el coche ya estaba acelerando y desapareció de su vista al tomar una curva.
XXXIII
Isaac estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada contra la pared, se encontraba encerrado en un minúsculo habitáculo, unas estrechas escaleras de madera le separaban de la puerta, solo había una pequeña bombilla que apenas iluminaba la estancia, una cama y un retrete, las paredes del frio hormigón y la falta de ventanas le hicieron deducir que se encontraba en una especie de sótano.
No dejaba de pensar en lo sucedido, la traición de su supuesto amigo Javi, la muerte de James por una estúpida historia de sectas y sobre todo no dejaba de pensar y recordar a su amada Marta.
No sabía qué hora seria, le sacaron medio inconsciente de la casa en plena noche y en aquel oscuro sitio estaba completamente desubicado.
Escuchó como alguien desde el otro lado abría con llave la puerta, la intensa luz que provenía del exterior al abrirse la puerta le molestaba y obligó a cerrar los ojos, se puso una mano sobre los ojos para intentar minimizar la molestia que le producía el contraste de luz. Escuchó como alguien bajaba por las escaleras de madera, cuando su vista se acostumbró un poco al cambió de luz retiró la mano y se fijo en la figura que se le acercaba, era un hombre con una cuidada barba que vestía una chilaba blanca, se le acercó y le dio un teléfono, cuando Isaac lo cogió el hombre se marchó sin decir palabra.
Isaac intentó llamar pero tenía las llamadas salientes restringidas, lo dejó en el suelo con desesperación, al de unos minutos recibió un mensaje de texto, al coger el teléfono y abrir el mensaje lo que vio hizo que sus ojos comenzaran a enrojecerse y las lagrimas empezaron a brotar, vio la foto de Marta montada en un coche con una mordaza puesta en la boca y a Javi a su lado sonriente, le entraron ganas de matarlo, al de unos segundos el teléfono móvil comenzó a vibrar, estaba recibiendo una llamada.
-Isaac soy Javi, espero que no estés muy enfadado conmigo, -soltó una carcajada, -si quieres volver a ver a Marta y pasar el resto de tu vida con ella tienes que hacerme un favor.
-¡Javi hijo de puta, te matare! –grito Isaac entre sollozos.
-Dejémonos de formalismos, tengo un pequeño problema y quiero que tu lo soluciones, es sencillo, si aceptas te soltaremos y te encargaras de matar a nuestro amigo común Darid.
-¿Por qué coño no lo haces tú? –dijo gritando.
-Podría hacerlo es cierto, pero veras, necesito que antes de matarlo logres sacarle cierta información que tiene... –la voz sonaba distorsionada, como si la cobertura estuviera fallando, -tenemos la llave de Anubis pero nos falta la clave que nos permitirá entrar en la cámara principal, si quieres vivir y volver con Marta a Sevilla hazte con esa clave y termina con Darid.
Isaac se quedó en silencio, la persona que más quería en el mundo estaba secuestrada y su vida dependía de él, sus dilemas morales quedaron aparcados, se secó las lágrimas con la manga de su camisa y se recompuso.
-Está bien lo hare, pero no se te ocurra tocarla un solo pelo, -dijo amenazadoramente.
-Eso depende de ti, no tardes, tienes cuatro días para hacerlo. –Javi colgó.
Pasaron unos diez minutos cuando el extraño hombre volvió a bajar, le puso una capucha negra en la cabeza que le impedía ver cualquier cosa y lo llevo nuevamente a un coche. Cuando lo soltaron se encontraba en las afueras de Rabat, no sabía cuánto tiempo habría estado montado en el vehículo pero calculó que una hora y media.
Tenía cuatro días, parecía tiempo más que suficiente pero la verdad es que no sabía por dónde empezar a buscar a Darid, suponía que no estaría tranquilamente sentado en su despacho de la comisaria, y mucho menos como lograría sacarle la información, el terminar con la vida del pobre Darid lo tenía mucho más claro.