jueves, 14 de junio de 2012

LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN




LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN Parte 1.
Los sueños son solo sueños dirían algunos, otros dirían que los persigas y así lograras alcanzarlos, hace tiempo yo abría dicho lo mismo incluyendo las dos opciones, los sueños son solo sueños que si los persigues puedes llegar a alcanzarlos, la verdad es que la teoría es hermosa, pero el tiempo de los románticos está terminando.
Me llamo Pancracio Jimeno, lo sé, mi padre no debía quererme mucho al ponerme ese nombre, pero que le vamos a hacer, mis amigos me conocen como el Santo, por San Pancracio, no sé si fue peor mi padre o mis amigos al ponerme el mote, trabajo como leñador y aparte tengo un pequeño taller donde fabrico figuritas y muebles de madera de todo tipo, no soy un hombre muy apuesto que digamos, soy más bien feo, o como diría mi tío Ramiro de belleza abstracta. Tengo 28 años y nunca había salido del pueblo, aquí las mujeres no abundan así que estoy intentando camelarme a la Josefa la hija del panadero, es….. no sé cómo definirla….. Bueno digamos que es simplemente la única mujer soltera del pueblo, y aún así no me hace caso.
Vivo en un pueblecito llamado Cardizal, no somos más de 60 habitantes, y casi estamos incomunicados pues estamos rodeados de montañas y solo un pequeño camino nos permite salir de este valle, la población más cercana se encuentra a dos días de camino del pueblo, así que siempre nos enteramos de las noticias importantes que ocurren en el país tarde.
Después de todo este rollo que acabo de contaros empezare mi relato que ahora visto desde la lejanía y con perspectiva puedo contarlo mejor.
Era agosto, un día muy caluroso, yo me encontraba en el bosque talando un pino pues había recibido un encargo para hacer una mesa que me había encargado el cura del pueblo, no le caigo muy bien, porque no soy asiduo a ir a misa, pero como soy el único carpintero de la zona pues hace de tripas corazón, encima no le hace gracias que me llamen el Santo, así que cuando se dirige a mi lo hace siempre de manera despectiva como el Hereje, bueno no me preocupa el dinero es el dinero.
Estaba en aquellas talando el pino cuando escuche unos ruidos provenientes del interior del bosque, pensé que era algún jabalí que solían abundar por aquella zona así que no le di más importancia, continúe talando el árbol, ya estaba a punto de caer cuando vi una silueta acercarse a mi posición, justo en ese momento el árbol empezó a caer al suelo con tan mala suerte que la dirección de caída que tenia era la misma en la que la silueta de aquella persona se acercaba hacia mi –¡Cuidado! ¡Árbol va! ¡Apártate! –Nadie respondió a mis avisos, no sabía qué hacer el árbol en su caída cogió tal velocidad que aunque quisiera no abría podido hacer nada, en el momento en el que el árbol cayó al suelo con un estruendo tremendo escuche un grito, era una voz de mujer.
Me dirigí corriendo hacia el lugar de donde provenía el grito, lo que vi me dejo perplejo, una mujer hermosa estaba debajo de las hojas del árbol, casi no se la distinguía por toda la maraña de ramas y hojas que la cubrían, me acerque más y para mi alivio comprobé que el árbol no le había alcanzado, tuvo suerte y solo le dieron unas ramas finas y le cayeron unas hojas encima, lance un suspiro de alivio, y me arrodillé para despejar la maleza del rostro de la desconocida mujer –¿Estas bien? –Nadie contesto…. –¿Señora me escucha? –dije alzando la voz, la mujer no me contesto, debió de a verse desmayado por el susto.
Al retirar las hojas de su rostro pude ver la enorme belleza que tenía esa mujer, tenía un pelo negro largo y liso que sobrepasaba sus hombros y moría a mitad de su espalda, su tez era morena por efecto del sol, los rasgos de su cara eran perfectos, nunca vi a nadie parecido en el pueblo, no tenía la nariz grande, tampoco un ojo más grande que el otro, sus labios tenían un color rojo y una forma que al verlos incitaban al deseo, ¡y no tenia pelos en el bigote como la Josefa! Era una verdadera belleza.
Continúe retirando la maleza que había caído encima de la hermosa mujer, a medida que retiraba hojas y ramas me fui dando cuenta de que estaba desnuda, cuando llegue a sus pechos mis ojos se abrieron de tal forma que pensé que se me saldrían, nunca había visto a una mujer desnuda como mucho a las chicas del pueblo cuando se bañaban en el rio pero claro parecían las crías de un oso por la cantidad de pelo que tenían y no se podía distinguir gran cosa pero lo que tenia ante mi….. Las curvas perfectas de esa mujer, su tez morena, esos pechos firmes con aureolas grandes y pezones rosadas…. Ese ombligo que indicaba el camino hacia lo prohibido, continúe bajando con mi mirada y me detuve por pudor antes de verle sus partes más intimas, solo acerté a ver que no tenía casi vello en aquella zona, me enrojecí como jamás me había enrojecido en mi vida.
Me quite la camisa y se la puse por encima de su cuerpo, estire mi mano y al colocarlas no pude evitar rozarle un pecho con mi brazo, note como algo crecía en mis pantalones de forma desmedida sin poder controlarlo, no podía más de la vergüenza que me daba, ¡Soy un hombre que esperaban! Cuando logre recomponerme y comprobar que la mujer respiraba todavía la cogí entre mis brazos y me dirigí a casa, al llegar la acosté delicadamente en mi cama y me dirigí a avisar al alcalde que era también el médico del pueblo, estaba a punto de salir de casa cuando escuche unos pequeños gemidos quejicosos, ella se estaba despertando.
-Mujer ¿Está bien? –Dije tímidamente, pero solo recibí por respuesta más quejidos mientras intentaba incorporarse, me acerque a ella y la ayude a sentarse sobre la cama entonces vi sus ojos, eran de un color que nunca antes había visto en mi vida, eran de un verde tal que se podían asemejar a una esmeralda por la pureza y el brillo que tenían, yo jamás vi tal belleza en una mujer y nunca me di cuenta de que era tímido y vergonzoso hasta ese momento al abrir la boca y no poder casi articular palabra –Ho…. Hola…. ¿Se encuentra me.. mejor? –no me atrevía a mirarla a la cara y notaba nuevamente como volvía a crecer algo de mi…. Estúpido que soy… intente ponerme de cuclillas para quedarme a su altura pero en realidad era para disimular el bulto que incontrolablemente empezaba a notarse, mi cara ardía de la vergüenza.
En ese momento ella me miro fijamente, era una mirada calmada, como si la situación no le causara pena, en el momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, mi ardor y mi excitación cesaron y alcance un estado de calma como nunca antes había tenido, ella se coloco bien mi camisa tapando sus desnudos pechos, mi camisa en su cuerpo parecía un enorme vestido pero incluso tan holgado dejaba vislumbrar la forma casi perfecta de su cuerpo.
-¿Qué ha pasado? No recuerdo apenas nada, andaba por el bosque y entonces vi como caía un enorme árbol y… no recuerdo nada más ¿Quién eres? –Su tono de voz era dulce y serena pese a la situación y a encontrarse en un lugar extraño, no denotaba miedo ni temor por la situación al hablar.
-Si, creo que lo del árbol es culpa mía, me encontraba talando un pino y cuando estaba a punto de caer justo apareciste y… lo siento no pude hacer nada –Agache la cabeza como pidiendo perdón, ella estiro un brazo y con una de sus manos toco mi mejilla, el tacto de su mano sobre mi piel era suave, me recordaba a un vestido de seda recién comprado.
-No te preocupes, sé que no fue tu culpa –Una sonrisa comenzó a dibujarse en ese rostro simétricamente perfecto. –Yo no sé porque vagaba por el bosque, no recuerdo nada anterior a esa situación –Ahora si se le notaba algo confusa y casi apenada –Tengo sed –Esa frase resonó en mi cabeza como si de una orden se tratara aunque era una orden dulcemente dada.
-Si claro, perdón, que estúpido soy no sé cómo no se me había ocurrido antes –Me levante y me dirigí a la cocina donde tenía una jarra con agua, mi casa no es gran cosa, es pequeñita, la habitación está integrada junto con el resto de lugares de la casa, solo el baño y el taller se encontraban en una estancia apartada del resto, una cortina solamente separaba la habitación del resto de lugares.
-Aquí tienes –Le ofrecí una copa de madera llena de agua, ella bebió rápidamente casi atragantándose como si no hubiera probado el liquido elemento en mucho tiempo –Tranquila, bebe despacio, tengo más, al final te vas a atragantar –Ella continuo bebiendo pero ahora saboreaba mas cada trago, cuando me devolvió la copa me fije que sus labios estaban más rojizos como si hubieran recuperado algo de vida, ella sonriente hizo un movimiento de cabeza como dándome las gracias.
-Espera aquí sentada y descansa mientras voy a buscar al Cipriano que es el médico del pueblo.
-¡No! Por favor, no avises a nadie –Ahora sí que su tono de voz cambio, era una mezcla de suplica y miedo –No quiero por favor que venga nadie más, no sé porque pero no me fio de nadie más que de ti –Yo no sabía cómo reaccionar, había visto muchos accidentes y incluso había cuidado de gente enferma, y la verdad es que ella parecía que estaba bien, así que después de pensármelo un tiempo accedí –De acuerdo, pero si ves que te pones peor dímelo y avisare al médico, y por cierto ¿Cómo te llamas? ¿Cómo es que llegaste al bosque? ¿De dónde vienes? –Cuando termine la última pregunta me di cuenta de que tal vez pedí demasiada información en una sola frase, y que igual podía sentirse incomoda o pensar que estaba interrogándola, pero los nervios y la vergüenza no me dejaban ser yo mismo.
Ella al notar mis nervios y darse cuenta de que me sentía avergonzado por la batería de preguntas lanzadas soltó una pequeña carcajada. –No te preocupes, no pasa nada, pero lamento decirte que no puedo contestar a casi ninguna pregunta que acabas de hacerme, solo tengo vagas imágenes que me vienen a la cabeza como destellos, pero no logro ordenarlos para sacar una conclusión coherente.
Conclusión coherente, del pueblo seguro no era, nadie por aquí hablábamos así, aquí abríamos dicho –No tengo ni la más zorra idea –Estaba claro que no era de ningún pueblo cercano pensé.
-No te preocupes, descansa y cuando estés mejor tal vez recuerdes alguna cosa y saques alguna conlusion conherente –Al terminar de decir la frase me di cuenta que al intentar imitarla y parecer un hombre ilustrado había confundido las palabras y lógicamente no había funcionado, ella comenzó a reír, estuvimos hablando de cosas sin importancia hasta que ella por fin se quedo dormida.
LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN Parte2

2. El recuerdo:
Yo solo pude sentarme en la cocina, tallando una figurita de madera, sin dejar de mirar cada poco tiempo  la cortina que separaba la cama donde dormía aquella hermosa mujer del resto de la casa.
Mientras tallaba la madera los recuerdos de ese extraño día me vinieron a la cabeza, el tener a esa mujer dormida en mi lecho, el casi ser responsable de una muerte aunque fuera por accidente, intentaba imaginar de donde vendría, como se llamaría, por su hermosura y su dulzura imagine incluso que sería alguna Princesa de algún cuento de hadas, la madera estaba empezando a tomar forma, distinguí una clara imagen,  sin darme casi cuenta estaba tallando a la desconocida mujer, mire detenidamente la madera y realmente se le parecía muchísimo, las cosas que logra el subconsciente, estaba mirando la talla cuando escuche como del otro lado de la cortina alguien se incorporaba bruscamente y emitía un ligero gemido, me dirigí rápidamente hacia la habitación.
-¿Qué ocurre, se encuentra bien? –al apartar la cortina vi a hermosa mujer sentada en el borde de la cama con los ojos vidriosos y note como las lagrimas recorrían sus mejillas, dulcemente, como si estarían acariciándola.
-¡Freya! –grito ella sobresaltada
-¿Freya? Señorita ¿Qué o quién es Freya? –no me sonaba de nada, nunca había escuchado esa palabra.
-Yo soy Freya –hizo una pequeña pausa –Acabo de recordar algunas cosas, y una de ellas es mi nombre, me llamo Freya –su voz sonaba triste, como si al recordarlo le doliera mucho.
-Freya curioso nombre, pero por eso no tiene que estar triste,  debería alegrarse por empezar a recordar cosas –Ella me miro con dulzura, incluso con los ojos enrojecidos por las lagrimas su mirada era la más hermosa que jamás vi y sentí, como si estaría penetrando en mi interior y me revolviera mi alma.
-No es solo eso, recordé porque llegue aquí, estaba huyendo de algo terrible –hizo una pausa y se llevo sus manos a la cabeza –No puedo recordar nada más, me duele mucho la cabeza, perdóname.
Estaba frente a ella, mirándola fijamente, nuevamente hipnotizado sin poder moverme, al final logre retomar el control de mi cuerpo y me acerque más hasta estar a su altura, retire sus manos dulcemente, me puse de rodillas y la abrace –No pasa nada, puedes confiar en mí, no te hare ningún daño –no  entendía como yo podía atreverme a hacer eso con lo vergonzoso que soy, pero es como si algo me guiara y yo no podía evitarlo, ella me devolvió el abrazo y nuevamente se puso a llorar con su cabeza apoyada en mi hombro –Gracias –solamente me dijo eso y se agarro con más fuerza a mí.
Estuvimos unos minutos abrazados hasta que Freya se tranquilizo y me dio un beso en la mejilla, eso me hizo nuevamente despertar y la solté, me incorpore y me dirigí nuevamente a la cocina a por agua, suponía que tendría sed, mientras me dirigía a por la jarra ella rompió el silencio que se había formado –Y creo que no me dijiste tu nombre –ahora que lo pensaba era cierto, yo creo que tampoco le dije como me llamaba –Me llamo Pancracio –me dio apuro decírselo así que rápidamente añadí –Pero mis amigos me llaman Santo –siempre le agradeceré a mi padre el ponerme Pancracio…. Mi cara empezó a enrojecerse, ella se dio cuenta y soltó una risita como si quisiera aguantarla para que no se notara que le hizo gracia aquella situación.
-Entonces te llamare Santo, y gracias por todo, otra persona no había hecho lo que hiciste por mí, te lo agradezco.
-No tiene importancia –me acerque a ella y llene la copa con agua –Recuerda que casi termino con tu vida en el bosque así que es lo menos que podía hacer por ti Freya.
-Tal vez abría sido lo mejor, haber terminado en el bosque, y no haber recordado nunca más nada, pero perdona no quiero asustarte ni aburrirte con mis problemas –Se bebió el agua de un solo trago, su pelo enmarañado la tapaba parte del rosto, y ella se lo retiro, entonces me fije en una pequeña marca que tenía en la frente, era como si llevara impreso en su piel un trébol de cuatro hojas –No me aburres con nada Freya ¿Podrías contarme que es lo que recordaste? –note como esa mirada volvía a introducirse en mi interior como si ya conociera el camino de las otras tantas veces que había sentido lo mismo, y nuevamente una calidez invadió mi interior, en ese instante ella empezó a contarme la parte de la historia que acababa de recordar.
LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN Parte3

“Recuerdo el estar caminando junto a un hombre, los destellos que aparecen en mi cabeza con la imagen de los dos sonriendo me hace pensar que estábamos divirtiéndonos, son como pequeños fragmentos que van y vienen, en uno de ellos vi a dos o tres figuras extrañas acercándose a nosotros, una de ellas me agarro por la cintura y me inmovilizo, las otras dos… “. Trago saliva y continuo contándome lo que recordaba. “Las otras dos extrañas figuras se acercaron al hombre que estaba conmigo y acabaron con su vida, yo solo pude cerrar los ojos, solo recuerdo ver todo lleno de sangre, en ese momento apareció alguien llamándome. -¡Freya! ¡Freya corre! -. En ese momento note como la persona que me sujetaba me soltó y se dirigió corriendo hacia el hombre que gritaba mi nombre y yo aproveche a escapar, solo escuchaba gritos y como me perseguían, no deje de correr y intentar escapar y después todo se volvió negro, no puedo recordar mas”. Rompió a llorar en cuanto termino de contármelo.
Yo la escuchaba boquiabierto, aquí en el pueblo la mayor muestra de violencia que suele darse es cuando algún borracho se enzarza en una pelea o cuando toca la matanza y el pueblo se llena de los chillidos de los gorrinos al ser sacrificados, así que no podía ni imaginar lo que Freya abría sufrido.
-Tranquila, aquí estas a salvo, no te preocupes por nada. –La intente tranquilizar, aunque no pude lograrlo del todo.
-Lo peor es que creo que saben dónde estoy.
Comenzó a secarse las lágrimas, nuevamente recobro la compostura, estaba claro que lo decía en serio, así que no me lo pensé dos veces. –Entonces vístete y vayamos a ver al alcalde, tenemos que contarle lo sucedido. –Esta vez ella solo asintió con la cabeza, yo me levante y cerré la cortina al dirigirme a la cocina para que ella pudiera vestirse.
Salimos juntos de la casa, serian aproximadamente las dos del medio día por la posición del sol, nos encaminamos por las angostas calles del pueblo en dirección a la casa del alcalde, las pequeñas casas encaladas parecía que brillaban bajo la luz del sol, no nos cruzamos con nadie por el camino, solo algún perro callejero que dormía apaciblemente en un trocito de sombra, o algún gato que perseguía pájaros o se lamia para acicalarse.
El alcalde vivía en un enorme caserón de dos plantas, un poco alejado del pueblo, en un pequeño alto desde el que se podía visualizar casi todo el pueblo, la casa estaba junto al rio donde se encontraba la hija del alcalde lavando la ropa.
-Buenos días Martita ¿Esta tu padre en casa? –La adolescente de apenas dieseis años de pelo rubio y ojos vivarachos me sonrió pícaramente, la verdad es que si no fuera por su edad y que era hija del alcalde ya abría intentado algo con ella, ese cuerpo juvenil que desde su infancia vi crecer y evolucionar, su traje holgado dejaba vislumbrar la inmensidad de sus pechos, todavía recuerdo cuando apenas era una niña de cinco años y era más parecida a un chico.
-Salió a casa de Alfonso el alguacil que tiene a la mujer enferma en cama, pero pasad que no tardara en volver.
Nos hizo un gesto indicándonos el camino hacia la puerta de entrada, le dimos las gracias y nos dirigimos hacia la casa, estábamos frente a la puerta a punto de llamar cuando escuchamos un estruendo, como una explosión procedente del pueblo, Freya dio un respingo por el susto, yo rápidamente me gire para ver lo que sucedía y vi que de la casa del farmacéutico y alquimista salía una espesa nube de humo negro, estaba claro que algo había ocurrido y no era precisamente bueno.
-Freya quédate aquí con Martita, voy a ver que ha sucedido, no tardare. –Ella asintió con la cabeza en el mismo instante que me dirigí corriendo hacia la casa del farmacéutico.
Ahora las calles rebosaban de gente que había salido de su letargo, unos preguntando qué había sucedido y otros dirigiéndose hacia el lugar de donde provenía la negra nube, al llegar vi una escena  que parecía sacada de un relato contado para asustar a los niños, apenas se distinguía la casa, estaba ardiendo, el tejado ya no existía como si  se hubiera volatilizado.
-¿¡Héctor estas bien!? –No recibí respuesta, a mi alrededor la gente empezó a arremolinarse, unos cuantos incluido el alcalde y el guardia empezaron a organizar a la gente, que hizo una cadena humana desde el rio hasta la casa para intentar sofocar el incendio.
-Santo ¿Qué ha ocurrido, donde esta Héctor?
-No lo sé señor alcalde, estaba en su casa cuando escuche el estruendo y baje corriendo.
El fuego parecía no apagarse, parecía como si cada cubo de agua que vaciábamos se evaporara antes de llegar a tocar siquiera las llamas, en medio de la confusión escuche a Josefa la hija del panadero gritar desesperadamente, se encontraba en la entrada de un granero cercano a la casa, el alcalde y yo salimos corriendo hacia donde se encontraba, cuando llegamos al granero ambos dimos un grito ahogado y nos miramos fijamente durante unos segundos, luego dirigimos la mirada hacia donde estaba Josefa que se encontraba de rodillas en el suelo acurrucada con las manos tapando su rostro, a sus pies se encontraba Héctor, la imagen era aterradora.
Se encontraba tumbado bocarriba encima de un montón de paja, estaba con los ojos abiertos como mirando al infinito, un charco de sangre rodeaba todo su cuerpo, me fije que en su pecho había una especie de nota o carta, el alcalde y Josefa no se movían así que intente reunir el valor necesario para acercarme a él y cogí la nota y cerré sus ojos como queriéndole dar descanso, primero leí la nota en voz baja y esta vez fui yo el que era incapaz de moverse.
-¡Santo! ¿¡Que ocurre!? –Cipriano el alcalde me saco de mi estado de shock y entonces leí en voz alta lo que decía la nota.
“Sabemos que tenéis escondida aquí a Freya, tenéis 12h para entregárnosla o sino arrasaremos con este pueblo”
El alcalde me miro fijamente, -Por la cara que tienes creo que sabes lo que está pasando aquí ¿Me confundo?
-No del todo señor alcalde, justamente me dirigía a su casa para explicárselo. –Continuaba inmóvil y entonces le conté lo que había ocurrido en el bosque, le hable de Freya y justo cuando termine de contarle me di cuenta.
-¡Freya la deje sola junto a Martita en su casa! –Sin mediar palabra me dirigí corriendo como alma que lleva el diablo nuevamente hacia donde estaba Freya, Cipriano al comprender también la situación me siguió rápidamente, al pasar por donde estaba la gente apagando el incendio de casa del desdichado Héctor Cipriano se detuvo y hablo con el alguacil.
-Alfonso reúne unos cuantos hombres y dirígete de inmediato a mi casa, y Alfonso.... que vayan armados.
El alguacil no daba creidito a lo que estaba escuchando, jamás en lo que llevaba viviendo en el pueblo había tenido que reunir a un grupo de hombres armados.
LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN Parte4.

Creo que no había corrido tanto en mi vida, al llegar a casa del alcalde vi a Martita junto a una vecina intentando consolar a Freya que se encontraba de rodillas en el suelo llorando como si de un recién nacido se tratara, me pare un par de metros antes de llegar donde se encontraban ellas.
-Todo esto –me dijo entre sollozos – ¿Ha pasado por mi culpa verdad? –No me miraba pero yo sabía que me lo preguntaba a mí.
-No tienes la culpa de que unos asesinos te anden persiguiendo, no es tu culpa –dije entre jadeos intentando coger aire a cada palabra que pronunciaba por el cansancio.
Freya continuaba llorando, mis palabras no sirvieron de consuelo, justo llego Cipriano, parecía que de un momento a otro dejaría de respirar por el sofoco que llevaba de la carrera que acababa de hacer, estaba claro que la edad pasaba factura, al llegar miro a las tres mujeres. -¡Martita ven! -Dijo abriendo los brazos, su hija corrió hacia el sollozando y ambos se abrazaron fuertemente, vi que Cipriano miraba a Freya fijamente, pero no era una mirada de odio o de desprecio, era una mirada de lastima.
-No sé que ha ocurrido, ni se quién eres, pero entremos a casa y hablemos –se dirigió con su hija hacia la entrada de la casa, la anciana vecina que estaba con Freya la ayudo a entrar en la casa y yo fui el ultimo en entrar cerrando la puerta tras de mí, al entrar parecía que estábamos en un velatorio, solo se escuchaban llantos y sollozos, nadie se atrevía a hablar, como si eso supusiera un pecado mortal.
-Señorita, supongo que eres Freya – Cipriano fue el primer en hablar -Santo ya me conto más o menos parte de la historia, pero quiero que me cuentes todo lo que recuerdes.
Martita acerco un vaso con agua a Freya que se encontraba sentada junto al alcalde, y cuando se encontró más calmada comenzó a contarle todo lo que había ocurrido, todo lo que recordaba hasta el accidente del bosque, en esa parte intervine yo.
Les conté todos los detalles del accidente, les conté como la lleve a mi casa y todo lo que sucedió después, el alcalde escuchaba atentamente, Martita que se encontraba junto a él estaba pendiente también de la cocina, pues tenía una infusión de Hierba de los gatos (Valeriana) en el fuego, justo cuando le contaba a todos la parte en la que le di la ropa vieja de mi madre para que se vistiera y saliéramos a buscar a Cipriano alguien golpeo la puerta y entro bruscamente, era Alfonso el alguacil.
-Señor alcalde, esta todo preparado, tenemos a veinte hombres preparados, no pude reclutar a mas, esperamos sus órdenes.
-Muy bien Alfonso, quiero que envíes a uno de ellos rápidamente a la ciudad y que envié esta carta –le entrego la nota que tenía el cadáver –quiero que pida ayuda y cuente lo ocurrido –Cipriano sabia que tardaría el mensajero en llegar, incluso a caballo sin casi parar tenia día y medio de camino, y hasta que la ciudad enviara una guarnición pasarían muchos días más. –Alfonso, quiero que los que no estén armados intenten hacer algunas barricadas alrededor del pueblo con lo primero que cojan, y vosotros montad guardias permanentes, no sé qué es lo que nos atacara o no sé que pasara, pero tenemos que estar atentos –la voz del alcalde sonaba apesadumbrada.
-Como ordene –Alfonso se retiro haciendo una reverencia, era el único militar de carrera de todo el pueblo, y estaba claro que vivir tantos años en Cardizal sin ningún problema aparte de borrachos y peleas hizo mella en él, y ya no era el soldado apuesto y fuerte que conocimos.
-Martita, quiero que vayas donde el cura y le mandes venir urgentemente.
Martita no dijo nada, solamente salió rápida como el viento por la puerta, y nos quedamos solo el alcalde Freya y yo.
-Yo…. No sé qué decir –Freya casi no podía articular palabra. –No sé porque me siguen, no sé que quieren de mí, pero yo lo siento, tenias que haberme quedado en el bosque.
El alcalde se levanto de la silla, y puso una mano en el hombro de Freya a modo de consuelo, siempre vimos a Cipriano como un hombre duro, que hacia respetar la ley, pero en ese momento el semblante de él era bondadoso como nunca antes le vi.
-No es culpa tuya, pase lo que pase no dejaremos que esos hombres o bestias vuelvan a hacer daño a nadie.
Yo me dispuse a hablar cuando entro el cura apresuradamente, al entrar me miro despectivamente. –Tenia que ser cosa tuya hereje, yo sabía que no traerías nada bueno a este pueblo –tenia la cara enrojecida por la rabia y se dirigía hacia mi –¡Un hombre a muerto, y Dios sabe que maldición caerá sobre nosotros por tu culpa!.
Era lo que me faltaba por ese día, así que me levante y me dirigí hacia el padre Marco, nunca se me había ocurrido levantar la mano contra un sacerdote pero en ese momento estaba presa de la ira, así que le cogí por el cuello y estaba a punto de descargar un puñetazo contra él cuando me fije en la cara de susto de Freya viendo lo que estaba ocurriendo.
-Padre, por esta vez tienes suerte, pero que sepa que no es culpa mía –continuaba sujetándole por el cuello, la cara de pavor del padre Marco era casi cómica. –Mas vale que deje de decir sandeces -. Solté al cura que rápidamente se coloco detrás del alcalde como buscando una protección. –Iras al infierno por esto -. Es lo único que dijo en voz baja casi inaudible.
-¡Basta ya de tonterías! –Cipriano estaba encolerizado. –Un hombre a muerto, y no sabemos qué ocurrirá en unas horas, así que dejemos de hacer el idiota y centrémonos, padre quiero que cojas a las mujeres y niñas y las lleves a la iglesia y las pongas a resguardo, solo te pido eso, y que reces por nosotros.
Marco estaba a punto de protestar. –Ni una palabra más padre, por favor –fue interrumpido por el alcalde. El cura simplemente asintió, se subió un poco la sotana y se dirigió a la puerta para marcharse, antes de desaparecer por la puerta me miro inquisitivamente por última vez.
-Freya, es mejor que vayas con el padre Marco –la dije mientras me sentaba en la silla nuevamente.
-¡No! –Dijo con contundencia Cipriano –Iréis los dos lejos de aquí, quiero que vayáis a casa de Aurum el ermitaño que vive en las montañas.
-Pero…. –Intente protestar.
-No existe pero que valga Santo, id donde él y contarle la historia, el sabrá que hacer, confía en mí.
Algo me decía que Cipriano sabía más de todo esto de lo que aparentaba.
-Marchad ahora mismo, nosotros estaremos bien.
Freya le miro fijamente, Cipriano esbozo una sonrisa y Freya asintió como si también supiera alguna cosa, yo estaba perdido, no entendía nada, pensé que sabía más que nadie de todo esto, pero resulta que yo era el que menos sabia de la historia.
Después de coger algo de comida para el viaje que nos dio Cipriano nos acompaño hasta el camino que nos llevaba a la montaña y comenzamos Freya y yo a recorrerlo, cuando llevábamos unos metros escuchamos la voz de Carpiano a los lejos.
-¡Freya! Enséñale a Aurum la marca que llevas, no lo olvides.
La marca que tenía pensé…. El trébol dibujado en la frente.
Mire a Freya como esperando una respuesta a una pregunta que no pronuncie, pero solo obtuve silencio, continuamos el camino, estábamos a medio día de viaje y pronto se haría de noche.
LOS SUEÑOS A VECES SE CUMPLEN Parte5

El camino cada vez se hacía más intransitable, los arboles invadían el diminuto sendero que apenas permitía que una persona transitara por él, yo iba al frente de la marcha, Freya me seguía de cerca, no habíamos intercambiado ni una sola palabra en todo lo que llevábamos de trayecto, creo que ambos pensábamos en que es lo que estaría ocurriendo en Cardizal.
-Creo que es mejor que descansemos un poco -dije deteniéndome, -vamos a beber y a comer un poco.
Freya se detuvo y se sentó encima de unas piedras que se encontraban junto al camino, no dijo nada, ni me miro siquiera, yo no pude callarme más.
-Algo está pasando aquí que tú y lo que es peor Cipriano sabéis y no me queréis contar.
Freya saco de su bolsa un trozo de pan y un poco de queso y comenzó a comer, continuaba sin mirarme siquiera, como si estaría en otro mundo paralelo en el que yo no existía.
-¡Freya! –Estaba enrabietado -¡deja de ignorarme cuéntame lo que pasa aquí!
Parece que mi subida de tono la despertó, me miro y vi que sus ojos comenzaban a enrojecerse, se aparto un poco el pelo de la frente y me enseño la marca en forma de trébol que tenía.
-Es todo por mi culpa, es por esta marca, es por mí, pero no puedo decirte nada porque no lo recuerdo, –su voz era serena –se que esta marca tiene algo que ver con todo, pero hasta que no veamos al ermitaño no puedo decirte más, porque no se mas, créeme Santo –dio un mordisco al queso y volvió a quedarse ensimismada.
No quise preguntarla más, algo me decía que tenía que creerla, y no quedaban más que tres horas de camino hasta casa del ermitaño, la noche ya había caído sobre nosotros, y el bosque comenzó a llenarse de la vida nocturna que hacía que los sonidos que salían del interior de la maleza parecieran más lúgubres y tétricos.
-Es mejor que continuemos, no te separes de mi –recogí la comida y el agua lo metí todo en el zurrón que llevaba y continúe la marcha, Freya me seguía de cerca.
Llevaríamos unas dos horas y media caminando por la penumbra, las copas de los arboles tan frondosas apenas dejaban pasar la poca luz que la luna producía, vislumbre no muy lejos de donde nos encontrábamos una luz producida sin duda por una fogata, no debíamos estar lejos de donde vivía Aurum, mire a Freya y vi que todavía continuaba ensimismada así que no dije nada y continuamos adelante.
El camino por el que transitábamos parecía ensancharse, ya casi podían pasar dos personas juntas a la vez por él, llegamos al lugar donde se encontraba el fuego, era una pequeña fogata, sus llamas desprendían un cálido calor que el cuerpo agradecía después de una caminata nocturna. Había tres tocones de roble dispuestos alrededor de la fogata.
-Pancracio Jimeno y Freya Coro –la voz provenía del interior de una cueva –os estaba esperando, por favor sentaros, ahora os traigo algo para comer y beber.
Yo mire incrédulo el interior de la caverna, no se veía nada, mire a Freya esperando una reacción pero ella parcia tranquila, se dirigió a uno de los tocones, dejo la bolsa en el suelo y se sentó soltando un suspiro de alivio por poder descansar, yo no sabía cómo actuar.
-¿Quién eres y de que nos conoces?
-Pancracio no temas, os llevo tiempo esperando, siéntate y podre explicártelo todo.
Estaba a punto de protestar cuando el extraño hombre apareció de entre la penumbra de la cueva. –Es verdad, que prefieres que te llamen Santo, se me había olvidado-. Eso me dejo descompuesto, no supe que decir, el hombre tenía el cabello largo y blanco como la nieve, la barba desaliñada rivalizaba en tamaño con el pelo de su cabeza, vestía una especie de túnica verde que se notaba que estaba desgastada y tenía un sinfín de parches mal puestos, el hombre llevaba una bandeja en sus manos, se sentó en uno de los tocones y ofreció a Freya una copa y algo de comida.
Yo no podía dar crédito a lo que ocurría, pero me senté también y el peculiar hombre me ofreció otra copa a mí y algo de beber, yo hice un gesto con mi cabeza indicándole mi negativa a aceptarlo, el solamente sonrió.
-Pancracio, perdón, digo Santo, se que tienes muchas preguntas, y yo tengo tus respuestas, –dio un sorbo a la copa que tenía en la mano.
-Pues comienza a darme respuestas, porque parece ser que las preguntas ya te las conoces. –La tensión del momento hizo que cogiera y diera un trago a la copa que me había ofrecido Aurum, al terminar de tragar note como desfallecía, como si el sueño se apoderara de mi y fuera imposible mantener los ojos abiertos, en esos momentos escuche una voz pero parecía que salía del interior de mi cabeza.
“Hace muchos años mientras jugabas a la orilla del rio, te encontraste un trébol de cuatro hojas, lo guardaste debajo de tu cama y soñaste con encontrar a la mujer más hermosa del mundo, un día al levantarte viste que el trébol había desaparecido. Buscaste desesperadamente por toda la casa pero no lo encontraste, con el tiempo fuiste olvidando aquello, este es el fruto de tu deseo, esta mujer es el trébol que encontraste convertida en carne, venida del mundo de los sueños, ahora es perseguida por los guardianes de aquel mundo de fantasía, sabes que a veces los sueños se cumplen”
Mi cuerpo no respondía a mis intentos por despertarme, no podía moverme, probé a relajarme e imagine una pregunta…. “¿Si es así como es que la persiguen, y porque el alcalde y tu conocéis esta historia?”.
No recibí respuesta alguna, al de unos pocos segundos apareció en mi mente la imagen de Freya, estaba vestida con un traje blanco inmaculado, con encajes, sin duda era la mujer más hermosa que vi en mi vida, me sonreía y comenzó a hablar.
“En realidad tu también perteneces al mundo de las fantasías, naciste aquí conmigo, pero fuiste desterrado unos pocos años después de nacer porque tu padre se atrevio a rebelarse contra el Rey, el mando matar a tu padre. Cipriano y Aurum eran amigos de tu padre, y decidieron venir contigo para cuidarte y protegerte, te entregaron a una familia de mortales. Sabían que este momento llegaría, y que el Rey no permitiría que tú y yo nos juntáramos, porque sabe que si lo hacemos pondremos en peligro su trono.
Dos seres de fantasía engendrando un hijo mortal en un mundo mortal, esa era la profecía que tanto teme el Rey”
Aparecieron imágenes borrosas en mi cabeza, como destellos fugaces de viejos recuerdos, vi como un hombre colgaba de una horca y me vi a sus pies llorando desconsoladamente. -¡No! ¡Padre! –En ese momento desperté.
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte 6

Me dolía la cabeza como si la hubiera golpeado un herrero para templar la hoja de una espada. Me incorpore lentamente, por la posición del sol parecía que hubiera dormido durante horas, ya casi era medio dia y la hoguera antes cálida ahora solo era un puñado de cenizas que luchaban por no desaparecer cuando el viento soplaba.
-Freya – la llame pero apenas podía levantar la voz. –Aurum –no recibí respuesta, me lleve las manos a la cabeza pues el simple hecho de articular una palabra hacia que se intensificara el dolor.
A medida que me fui recuperando y recorría medio arrastrándome el lugar donde habíamos conocido a Aurum note que algo raro había ocurrido.
Todo estaba extrañamente desordenado, unas pisadas de caballo sobre la hierba, unas vasijas hechas añicos desperdigadas por todos sitios, era como si hubiera pasado una manada de animales salvajes que habían destrozado todo a su paso.
-¡Freya! –grite con mas fuerzas, pero la respuesta era la misma, silencio.
Me fije en que las huellas de la pisada de los caballos se perdían por el sendero que unas horas antes habíamos utilizado Freya y yo para llegar al campamento del viejo ermitaño.
Si aquí hubo una pelea y se llevaron a Aurum y a Freya…. ¿Por qué dejarme a mí aquí?
Era una pregunta que me venía cada poco a mi cabeza, y que no lograba responder, estaba claro que algo había ocurrido, me dirigí hacia la entrada de la caverna de Aurum,  era el único sitio que me quedaba por ver, ya me estaba recuperando del dolor de cabeza, y saque de mi zurrón un cuchillo de caza que siempre llevaba conmigo.
La entrada era angosta, el pasar por ella tuve que inclinar considerablemente mi cuerpo como si hiciera una reverencia para no golpearme con la roca.
Casi no se veía nada en su interior, solo los tímidos rayos de luz que provenían del exterior pero que casi no lograban iluminar la caverna y se perdían al golpear la fría piedra.
Continúe durante unos metros agachado casi teniendo que ponerme de rodillas, estaba ya completamente a oscuras, intentaba palpar con mis manos la roca para poder guiarme y no golpearme con las afiladas piedras de los laterales, nunca tuve miedo a los lugares angostos y oscuros, pero aquello parecía no tener fin.
Estaba a punto de darme la vuelta pensando que aquello no tendría final, justo en ese momento cuando decidía que hacer escuche unos quejidos provenientes del interior, continúe un par de metros más y para mi sorpresa llegue a una zona más amplia en la que podía ponerme de pie y estar cómodamente incorporado sin golpearme con las paredes, la cueva trazaba un camino claramente definido que se desviaba hacia la derecha, me fije en unos destellos de luz que provenían de ese lado, saque mi cuchillo y me dirigí pegando mi cuerpo a la fría y húmeda piedra hacia el desvió, a medida que me acercaba los quejidos se hacían más audibles….
Me encontraba ya en la esquina, y asome cuidadosamente mi cabeza para ver que me esperaba al continuar el camino lo que vi me dejo impactado.
Vi al viejo ermitaño atado de pies y manos, tumbado en el suelo en una especie de estancia, coronada por una amplia estantería llena de libros que rodeaban todo el extraño habitáculo, unas antorchas incrustadas en la roca iluminaban el sitio, una mesa con un par de sillas y un pequeño catre era todo lo demás que se podía vislumbrar de un simple vistazo fugaz.
Volví mi mirada hacia donde estaba Aurum, hubiera pensado que estaba muerto si no fuera por los quejidos que salían de su amordazada boca y los ligeros movimientos casi imperceptibles que hacía con sus piernas como intentando liberarse de sus ataduras.
Estaba a punto de correr hacia donde se encontraba cundo me fije en una sombra de un hombre que debía encontrarse en algún sitio de la habitación que desde mi posición no podía ver.
Algo tenía que hacer así que sigilosamente fui dirigiéndome hacia la estancia apoyando mi cuerpo en la piedra, me fije que estaba extrañamente pulida, al ir acercándome un poco más y llegar casi a la entrada escuche una voz ronca de hombre.
-Maldito viejo, tener que quedarme aquí –se notaba que no estaba contento con el cometido que estaba realizando. –En cuanto encuentre lo que busco te matare y ganas no me faltan, esta humedad esta destrozándome la espalda.
Me acerque un poco más, mis piernas casi no me sostenían de los nervios, me asome un poco y vi a un hombre que aparentaba ser un  soldado por los ropajes que llevaba, estaba completamente vestido de negro y  rebuscaba el interior de  un baúl mascullando palabras casi inaudibles, por su altura y su figura se asemejaba a una montaña, su espalda era dos veces la de un hombre normal.
No estaba dispuesto a preguntar quién era y no sé ni cómo me atreví, pero me acerque lentamente hacia él, cuando lo tuve a la distancia adecuada levante mi cuchillo y con un movimiento veloz se lo introduje por el cuello, la hoja fue haciéndose sitio por entre las venas y arterias y un chorro de sangre salía de su interior como si hubieran abierto la espita de un barril de vino, el hombre casi no se movía, solo algunas convulsiones grotescas y unos gemidos que salían de su rasgada garganta, yo introduje cada vez más el cuchillo penetrando en su carne hasta que el mango hizo tope con su cuello.
Había matado a muchos animales cuando fui de caza pero a un hombre…. En ese instante no sentía nada, como si el vacio se hubiera apoderado de mi, cuando note como la vida del hombre desaparecía de su interior mis manos dejaron de sujetar fuertemente el cuchillo y comencé a temblar, no podía decir nada, no podía retirar mi vista del hombre que ahora caía al suelo donde había un charco de sangre, de su sangre, me recosté sobre la piedra cerré los ojos y intente no pensar en lo que acababa de hacer.
Al de unos segundos recobre mínimamente mi ser, retire el cuchillo del cuello del hombre y limpie la hoja en sus ropas, me dirigí hacia Aurum, primero le quite la mordaza que le impedía hablar, y luego desate sus manos y piernas, el viejo ermitaño al verme pareció alegrarse, pues dibujo en su rostro maltrecho y golpeado una amplia sonrisa.
-Sabia que vendrías –se notaba que le costaba hablar.
-Tranquilo Aurum, toma fuerzas –le ayude a incorporarse, su cuerpo parecía tener la mitad de los huesos rotos a causa de los golpes recibidos.
-Tienes que ayudar a Freya, ella es la calve de todo –Me cogió de mi mano con fuerza.
-Mira en la roca negra debajo de la mesa, encontraras algo que te ayudara.
Le ayude a recostarse sobre la cama mientras me decía esto.
-Iré a pedir ayuda Aurum, tranquilízate.
-Santo, es tarde para mí, pero no para Freya y vuestro mundo, tienes que mirar donde te dije –un golpe de tos le invadió, cada vez que tosía la sangre proveniente de su interior inundaba su boca. –Yo ya estoy muerto, por favor mira donde te dije.
Me dirigí hacia la mesa, y vi que debajo de una pata una extraña piedra de color negro resaltaba sobre el resto, aparte la pesada mesa de madera, y me incline para ver cómo podría retirar esa piedra, al palparla parecía que era imposible sacarla, pero al poner mis manos sobre ella, esta cedió y como por arte de algún truco de magia desapareció y ante mi apareció una estrecha cavidad. Introduje mi mano lentamente y palpe lo que me pareció una faltriquera de cuero, la sustraje lentamente como temiendo que se rompiera, en cuanto la saque completamente del interior de la cavidad la negra piedra volvió a colocarse en su sitio.
Me levante y me dirigí al catre donde estaba el maltrecho Aurum, al llegar me di cuenta de que el viejo ermitaño había fallecido, estaba en la cama postrado con los ojos abiertos, pero su rostro golpeado y lleno de sangre parecía sereno, tranquilo, como si hubiera encontrado la paz, le cerré los ojos despacio como queriéndole dar un descanso que por fin había encontrado.
Me dirigí nuevamente a la mesa, me senté y abrí la faltriquera para ver que tenía en su interior, la vacié sobre la mesa, solo encontré un extraño objeto parecido a una llave y una nota. Me fije bien en la llave pues me llamo la atención un relieve que tenía incrustado en ella, era un trébol de cuatro hojas…  Igual que el que tenía Freya en su frente.
Lo deje sobre la mesa y cogí la nota que estaba lacrada, la figura del lacrado era también un trébol de cuatro hojas, abrí la nota y nada más comenzar a leer lo que vi me dejo perplejo.
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte 7

“Hola Santo, soy Bran tu padre. Si estás leyendo esta nota es que el ciclo ha vuelto a comenzar, no tengo mucho tiempo para escribir, solo te pido que confíes en mí.
La llave que tienes abre la puerta que te traerá a nuestro mundo, debes traer a Freya, si ella muere todo terminara, date prisa. Para encontrar la puerta dirígete hacia la cascada de cristal, dentro encontraras lo que buscas.
Cuídate hijo mío.”
No podía comprender nada, releía y releía la carta una y otra vez y no conseguía recordar nada, ciclos, muertes, puertas misteriosas que llevaban a mundos extraños….. nada tenía sentido en aquel momento. Solo tenía claro que había matado a un hombre, otro yacía también muerto a mis espaldas y tenían secuestrada a Freya, así que cogí la llave mire por última vez el cuerpo del viejo Aurum y salí apresuradamente de la caverna.
Para llegar a la cascada de cristal tenía que pasar por el pueblo, entonces me acorde de lo ocurrido el día anterior, ¿estarían bien en Cardizal?
El camino de regreso lo hice a marchas forzadas parando el menor tiempo posible, solo lo justo y necesario para comer y beber.
1.
-Señor, aquí traemos a la prisionera.
-Muy bien soldado, llevadla inmediatamente ante Eskol
El soldado tiro de la cadena en la que Freya estaba atada, esta cayó al suelo y fue arrastrada unos metros hasta que pudo volverse a poner en pie, entraron en una gran tienda que estaba algo apartada del resto del campamento, en la entrada tenía dos estandartes con la imagen de un lobo negro, y dos guardias custodiaban la entrada.
-Mira que tenemos aquí –Eskol miro a Freya y soltó una carcajada, -tanto tiempo buscándote pequeña princesita.
Freya casi no podía tenerse en pie, pero al ver acercarse a Eskol intento zafarse de las cadenas que la retenían, el soldado que la custodiaba dio un tirón y Freya nuevamente hinco la rodilla en el suelo.
-¡Maldito bastardo! –Eskol propino un puñetazo al guardia que le hizo caer, -esa no es forma de tratar a una princesa, suéltala inmediatamente.
El guardia sangraba abundantemente de la nariz pero tembloroso se puso en pie y soltó las cadenas liberando a Freya.
-¡Retírate! –Eskol era un hombre más alto que cualquier otro que se hubiera visto, era de complexión fuerte, vestía unos ropajes negros como el betún, y siempre llevaba un casco en forma de cabeza de lobo puesto, algunos aseguran haberle visto convertirse en lobo e ir al bosque de caza.
-Maldito seas Eskol. -Freya apenas podía articular palabra.
Eskol dio una vuelta alrededor de Freya observando su cuerpo con deseo, se detuvo detrás de Freya que luchaba por sacar fuerzas para no volver a caer de rodillas.
-Siempre me gustaste, si tu padre no hubiera sido un imbécil y me hubiera dado tu mano, esto no abría pasado.
-Vengare la muerte de mi padre, aunque sea lo último que haga. –Al decir esto Freya intento darse la vuelta, pero Eskol la sujeto fuertemente de los hombros impidiéndole moverse, agarro la rasgada ropa de Freya y de un solo tirón se la termino de romper, dejándola completamente desnuda.
-Antes de que me mates, tendremos que disfrutar del momento. –Eskol empujo a Freya contra la pared de la tienda, se coloco nuevamente detrás de ella e introdujo una pierna entre las de Freya mientras con las manos la sujetaba de las muñecas.
-Ahora tomare lo que tenía que haber sido mío hace mucho. –Eskol forzó las piernas de Freya con la suya, esta intento resistirse pero no pudo y tuvo que ceder y abrir sus piernas, Eskol la agarro fuertemente del pelo con una mano mientras con la otra se soltaba el cinto que sujetaba su pantalón, al soltarlo este cayó al suelo, Freya luchaba con todas sus fuerzas, pero estaba demasiado cansada por lo sucedido antes y casi no pudo oponer resistencia.
-Me gusta que te defiendas, así será más placentero. –Eskol estaba a punto de penetrar a Freya cuando alguien entro apresuradamente a la tienda.
-¡Señor! –El soldado al ver la escena se quedo petrificado, no sabía si marcharse o si continuar hablando, Eskol se giró mirando encolerizado al soldado.
-¡¿Qué ocurre!? ¡Más te vale que sea algo importante o si no estarás muerto en menos de dos minutos!
El soldado empezó a temblar, -es… es el otro hombre, está bajando por la colina, se dirige al pueblo.
Eskol soltó a Freya, se subió los pantalones y ato nuevamente su cinto.
–Continuaremos con esto más tarde princesita. –Se dirigió a la salida de la tienda, al pasar por donde se encontraba el soldado saco un cuchillo y de un rápido movimiento le rebano el cuello, el soldado agarro su garganta como queriendo tapar la herida, cayó muerto ente grotescos gemidos sobre su propia sangre, Freya estaba de rodillas intentando taparse con sus manos su desnudo cuerpo mientras unas lagrimas recorrían sus mejillas.
-Capitán, deja que se acerque, llevara la llave con él, quédate aquí con unos soldados, yo partiré inmediatamente.
-Si señor. –Hizo una pequeña reverencia ante Eskol.
-Y capitán, ¡Matadlo!
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte 8

A lo lejos se distinguía la casa de Cipriano el alcalde, no estaría muy lejos de Cardizal así que decidí apretar mas el paso, cuando ya estaba frente a la verja que delimitaba los terrenos del alcalde vi algo que me aterrorizo y hizo que me detuviera en seco.
En la parte trasera de la casa, vi una pila de cadáveres calcinados, alguien los había colocado y prendido fuego, eran totalmente irreconocibles, todavía estaban humeantes y el viento transportaba un olor a carne quemada que casi me hace vomitar.
Mis ojos empezaron a enrojecer y las lágrimas comenzaron a brotar, no daba crédito a tal brutalidad, los que antes fueron mis vecinos, mis amigos ahora yacían calcinados, no era un final justo.
Me acerque más a la pila de cadáveres y me arrodille ante ellos llorando, nunca fui creyente y menos después de ver aquella carnicería pero no dude ni un segundo en rezar por esa gente, no sabía a qué Dios o si alguno me escucharía, pero lo hice.
Cuando termine de decir mi plegaria me incorpore, la pena y tristeza se había convertido en cólera y en ira, tenía ganas de vengarme, quería sangre, y la tendría.
Después de mirar por última vez a los que antaño fueron mis vecinos me dirigí a la entrada de la casa de Cipriano, sabía que encontraría algún arma en su interior, saque mi cuchillo nuevamente y cautelosamente enfile el caminito que me llevo hasta la entrada de la vivienda, la puerta estaba medio abierta, no me lo pensé dos veces y entre.
Procuraba pisar con cuidado para no hacer demasiado ruido, pero la madera del suelo crujía a cada paso que daba, solo un sordo no me habría escuchado, aún así decidí continuar, me dirigí hacia las escaleras que conducían a la segunda planta, cuando me encontraba casi arriba del todo escuche unos gemidos que provenían del interior de un arcón que se encontraba junto a la entrada de la habitación principal.
Me acerque lentamente hacia el arcón, llevaba el cuchillo en la mano preparado para ensartar a lo primero que se me cruzara en mi camino, cuando estaba ante el arcón me puse en un lateral y comencé a abrirlo lentamente, cuando ya estaba casi abierto alguien empujo de la tapa hacia arriba con fuerza logrando que la soltara y casi haciéndome caer, vi ante mí a una muchacha que llevaba una daga y estaba a punto de lanzarse contra mí.
-¡Asesinos! A mí no me cogeréis tan fácilmente. -Se lanzo con todas mis fuerzas contra mí, con un movimiento rápido logre apartarme y me coloque detrás de la muchacha sujetándola por los brazos impidiendo que se moviera y haciendo que soltara la daga.
-Martita, tranquila, soy yo Santo.
Martita la hija del alcalde no dejaba de moverse intentando soltarse, estaba fuera de sí y no parecía siquiera que me hubiera escuchado.
-¡Martita, ya vale, todo está bien tranquila! –La solté y entonces se giro y la vi frente a mí, tenía la cara desencajada, los ojos rojos, se lanzo contra mí y comenzó a pegarme puñetazos en el pecho.
-¡Asesinos, los han matado a todos! –No dejaba de gritar.
Yo la abrace fuertemente contra mí, ella continuaba resistiéndose pero cada vez menos, al de unos segundo se calmo, ya solo lloraba y maldecía en voz baja.
-Martita, tranquila, ya estoy aquí todo saldrá bien.
-Santo, mataron a mi padre, mataron a todos, no dejaron a nadie con vida.
-Tranquilízate, ya no te pueden hacer daño, ven y cuéntame todo. –La cogí de la mano y me dirigí a la habitación principal, la ayude a sentarse sobre la cama y yo me puse en cuclillas frente a ella cogiéndola de las manos.
-Cuéntame lo que paso Martita. –Mi voz era tranquilizadora, y parecía que surtía efecto, pobre muchacha, no sabía lo que yo había visto en el exterior y no sabía lo asustado que estaba yo también por dentro. Cuando logro calmarse me conto lo sucedido.
“Cuando Freya y tu os marchasteis, mi padre organizo la defensa del pueblo, no sabíamos que es lo que nos atacaría, pero desde luego no esperábamos lo que vimos.
Yo estaba en la iglesia con el resto de mujeres y niños, y solo escuche los gritos y los ruidos de pelea, rezábamos fuertemente para intentar no oírlos y infundir fuerzas a los hombres” –trago saliva y paro un segundo agarrando mas fuerte mis manos.
“Al cabo de unos minutos el ruido ceso casi completamente y la puerta de la iglesia se abrió de par en par, pensábamos que sería mi padre o alguno del pueblo que venía a darnos buenas noticias, pero lo que vimos fue espantoso, en la puerta se encontraba un hombre enorme, sus ropajes negros estaban llenos de sangre al igual que la hoja de su espada, llevaba un casco de lobo con las fauces abiertas y tenia los colmillos llenos de sangre también, al vernos a todas las mujeres y niños juntos de rodillas mirándolo soltó una carcajada. El cura se dirigió hacia el pidiendo clemencia, que perdonara a las mujeres y los niños, el solamente se quedo mirándolo y con una velocidad asombrosa atravesó al cura con su espada y lo levanto como si se tratara de un muñeco, cuando lo deposito en el suelo el cura yacía muerto y el limpio su espada en los hábitos del pobre infeliz”
-al recordar esa escena nuevamente comenzó a llorar.
Yo puse mis manos en sus mejillas intentando tranquilizarla, y la mire dulcemente.
-Martita continua por favor, es muy importante. –Ella me miro y asintió, trago saliva y prosiguió contándome lo sucedido.
“Cuando termino de limpiar la espada y envainarla se acerco hacia donde nos encontrábamos, tras el aparecieron unos cuantos soldados, también vestidos de negro, cuando estuvo ante nosotros pregunto por Freya y por ti, dijo que si no contestábamos a su pregunta mataría a un niño por cada vez que pronunciara la pregunta. Nadie contesto la primera vez, entonces cogió al hijo pequeño del carnicero y le rebano el cuello sin ningún atisbo de duda ni de remordimiento, a la segunda vez que  pronuncio la pregunta alguien le conto donde fuisteis, no podíamos permitir que matara a ningún niño mas, pero que gran error, en cuanto le dijimos lo que sabíamos se dio la vuelta dio una orden y los soldados nos sacaron a todos fuera de la iglesia” –volvió a hacer una pausa en su relato para coger fuerzas. Yo estaba impactado por lo que estaba escuchando.
“Cuando salimos vimos la terrible imagen, todos los hombres muertos, y entonces vi a mi padre, estaba siendo transportado en un carromato junto a otros cadáveres, tenía la cabeza casi separada del cuerpo, no pude ni llorar, simplemente aparte la vista, entonces los soldados comenzaron a acuchillar a todas las mujeres y los niños, yo no sé ni cómo logre escapar, simplemente empecé a correr en dirección a mi casa sin siquiera mirar atrás, escuche como los soldados reían, ninguno me perseguía así que supongo que querían dejar a alguien con vida para que contara esta masacre, cuando entre en casa solo se me ocurrió esconderme en este arcón hasta que me encontraste.”
Me incorpore y abrace nuevamente a Martita.
-Ya paso Martita, ya estas a salvo.
-No me llames más Martita, ya no soy la niña que dejaste ayer en el pueblo. –Hablaba con aplomo y con fuerza, estaba claro que la experiencia vivida la hizo madurar de golpe.
-Marta, tengo que ir a buscar a Freya y vengarme de los que hicieron esto, necesito que me digas donde guarda tu padre las armas.
Dirigió una de sus manos a mi mejilla. –Hace años, mi padre me conto una historia, sobre la llegada de un lobo gigante que intentaría destruir toda vida conocida, y me dijo que un hombre santo lograría impedirlo, -se puso en pie y me cogió de la mano, -ven conmigo, ahora comprendo el cuento, te llevare a un sitio donde encontraras lo que necesitas. –Yo estaba estupefacto, de la fragilidad de hace un momento a la fuerza actual que tenia aquella muchacha, la seguí en dirección a la habitación contigua.
La habitación estaba casi vacía, solo una mesa, un par de sillas y un cuadro enorme de Cirpiano que coronaba una pequeña chimenea, Marta se dirigió al cuadro y lo retiro, detrás había un pequeño signo de un trébol de cuatro hojas, nuevamente aparecía ese símbolo ante mí, lo apretó y un chirrido inundo la habitación, la chimenea comenzó a retirarse dejando una pequeña abertura que llevaba a un habitáculo contiguo.
-Mi padre me enseño esto hace tiempo, cuando me conto la historia, me dijo que si algún día el no estaba yo sabría que hacer y a quien enseñarle esta habitación, y creo que esa persona eres tu Santo.
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte9

Cuando entre a la habitación quede impresionado por la imagen que tenia frente a mí.
La habitación estaba completamente forrada por hermosos tapices de ribetes dorados que contaban una historia. Empecé a recorrerla y el primero de los tapices tenia la imagen de un hombre que se vestía una armadura dorada y empuñaba una espada de la que parecía salir la cabeza de un dragón escupiendo fuego.
Cuando pase al siguiente tapiz la escena mostraba ahora al mismo hombre, ya completamente enfundado en la dorada armadura y blandiendo la espada enfrentándose a unos hombres de negro, cuando vi el tercero, el hombre de la dorada armadura estaba sobre un montón de cabezas y ante él un lobo enorme de negro pelaje con la boca abierta, en posición desafiante  mostrando unos colmillos gigantescos.
El siguiente mostraba la imagen del hombre luchando contra el lobo y detrás de ellos una hermosa mujer de rodillas, parecía que rezaba y estaba sosteniendo un amuleto en forma de trébol entre sus manos, del amuleto salían unos rayos  en todas direcciones.
El último tapiz estaba borroso, no se distinguía demasiado, me acerque más para verlo con claridad, pero no se distinguía apenas ninguna imagen que pudiera verse con claridad, solo se veía a la mujer todavía de rodillas pero esta vez con sus manos en su vientre.
Cuando vi el ultimo tapiz y me retire algo debió activarse, o alguna cosa debí tocar, porque el primer tapiz desapareció y ante mi vi una pequeña cavidad, mire a Marta, esta simplemente permanecía de pie junto a la puerta.
Me acerque lentamente y ante mí apareció una armadura completa, era dorada y tenía unas escamas de dragón adornándola, y un trébol de cuatro hojas dibujado en el pecho, me fije que en la pared del fondo había una especia de cartel, me acerque más y leí lo que ponía:
“Santo, esta armadura te esperó durante 100 años, es hora de que vuelvas a ponértela y te proteja de la oscuridad que se cierne sobre el mundo”
Estaba petrificado mirando la hermosa armadura.
-Yo te ayudare a ponértela. –Marta se acerco a mí, y me ayudo a colocarme cuidadosamente cada parte de la armadura, era curioso, pero me queda perfecta, como si estuviera explícitamente preparada para mí.
En cuanto tuve la armadura colocada el segundo tapiz desapareció también y vi un estante en el que descansaba una enorme espada.
El diseño era increíblemente elaborado,  el pomo de la espada tenia forma de trébol, la empuñadura y el guardamanos estaban adornadas con incrustaciones de piedras preciosas, y la hoja tenía el dibujo de un dragón perfectamente labrado en el metal, al cogerla note que a pesar de su tamaño era ligera y muy manejable, mire dentro con más detenimiento y vi otro cartel colgado de la pared.
“Que esta espada, y el fuego del dragón sagrado te ayuden a matar al lobo y desterrar nuevamente la oscuridad de este mundo”
Cuando termine de leer me di cuenta de que algo en mi interior despertaba, nunca empuñe arma alguna quitando las típicas de cuando cazaba, pero era como si algo dentro de mí se activara y mis fuerzas crecieran y conociera perfectamente las artes militares.
Mire a Marta y ahora ella estaba inclinada ante mi haciéndome una reverencia, yo no comprendía nada, me dirigí hacia ella y la cogí del brazo indicándola que se levantara, en ese momento se abrió el tercer tapiz.
Me acerque para inspeccionarlo, pero solo vi una nota en su interior, la cogí y comencé a leerla.
“Santo, soy tu madre Freya, –no podía dar crédito a lo que leía, -se que te parecerá extraño todo esto, pero desde el día de tu nacimiento estas predestinado para luchar esta guerra”.
Intentaba comprender lo que sucedía pero no era capaz de ello, continúe mirando la nota.
“Provienes del mundo de los sueños y la fantasía, un mundo que la gente piensa que solo existe en su imaginación, pero no saben que todos provienen de él y todos regresan a él al morir, cada 100 años la oscuridad intenta adueñarse de este mundo, justo cuando crece el primer trébol de cuatro hojas aparece Eskol el lobo negro, hijo tienes que detenerlo, si lograra su objetivo este mundo viviría para los restos en la oscuridad y el terror, y nuestro mundo desaparecería junto a todos nosotros, tienes que impedir que llegue a nuestro mundo y realice el ritual de sangre, confía en mí, cuida a Marta y bebe de esta opción”
Vi un pequeño frasco en el fondo de la cavidad, lo cogí y no sé ni porque lo hice per bebí de él. Al de unos segundos note un dolor de cabeza terrible que casi me hace desmayar, pero miles de recuerdos, de rostros, de palabras fueron apareciendo en mi mente como si estuviera recordando una vida pasada.
-¿Santo, te encuentras bien? –Marta estaba ante mí, en su rostro se veía la preocupación.
-Si Marta, ahora estoy muy bien, por fin recuerdo todo, gracias a ti y a tu padre por cuidarme y proteger mis reliquias, siempre os lo agradeceré, pronto veré a tu padre en el otro mundo. –Marta sollozaba.
-No llores pequeña Marta, tu padre está bien, nuevamente volvió al mundo del que provenía, sonríe pues el ahora está feliz.
Bese las manos de Marta y me dirigí a la salida de la casa, apenas una hora antes no comprendía nada, ahora tenía todo bien claro, y sabia lo que tenía que hacer.
Me di cuenta de que Marta me seguía de cerca, pero no le di importancia, cuando llegue al pueblo me fije en que todas las casas habían sido quemadas, vi a un destacamento de unos veinte hombres ante mí, me dirigí hacia ellos sin dudar ni un solo segundo, desenvaine la espada y al primero que tuve ante mi le corte la cabeza de un tajo, el resto de los hombres se lanzaron contra mí, la lucha era desigual, pero es como si alguna fuerza extraña me guiara, al siguiente logre ensartarlo con mi espada atravesándole el estomago, cuando me vi rodeado dije unas palabras que no logre comprender ni supe porque las pronuncie pero en ese mismo instante una bola de fuego se formo a mi alrededor y quemo a todos los que me rodeaban, la explosión fue tremenda pero yo permanecía intacto, sin un rasguño, ante mi aparecieron los cadáveres calcinados de los soldados de Eskol.
Cuando comprobé que ninguno había sobrevivido me dirigí hacia la cascada de cristal, Marta continuaba detrás de mí.
Cuando llegue a la cascada atravesé las aguas y ante mi apareció una enorme roca en forma de piedra con una pequeña cerradura, saque la llave que cogí de la cueva de Aurum y la introduje, al girarla la puerta se abrió y ante mi apareció un pasadizo perfectamente iluminado con extrañas inscripciones en los laterales de la labrada roca.
Antes de entrar me gire y vi a Marta.
-No puedes venir conmigo pequeña Marta.
-No puedes impedírmelo, quiero ir contigo, en este mundo no tengo a nadie más, y quiero despedirme de mi padre.
La mire dulcemente, vi su dulce rostro y la cogí de la mano y atravesé con ella la entrada, al llegar al pasadizo la puerta de piedra se cerró tras de nosotros.
-Bienvenida al mundo de los sueños pequeña Marta.
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte 10

Al poner un pie en el mundo de los sueños sentí la sensación de estar en casa, como si hubiera vivido toda mi vida en ese mundo, ante mi tenía una inmensa pradera, las flores daban una hermosas pinceladas de color al verde intenso de la hierba, a lo lejos distinguí una pequeña casa.
Marta y yo recorrimos la colina, la sensación de paz de aquel mundo era incomparable al que acabábamos de dejar atrás, era como si los problemas desaparecieran y una cálida sensación de bienestar invadía mi cuerpo.
-No me sueltes la mano.
-No lo hare pequeña Marta. –La mire  y note como su rostro parcia más sereno, y su cuerpo menos tenso.
Estábamos ya cerca de aquella casa, sus paredes de piedra y su tejado de paja recordaban mucho a las de Cardizal, de la chimenea salía un humo blanco, alguien estaba en el interior, nos acercamos a la puerta y di dos golpes secos para avisar que estábamos.
-Adelante Santo, puedes pasar. –Abrí la puerta y entramos, Marta no soltaba mi mano, vimos que junto al fuego de la chimenea se encontraba un hombre de espaldas, parecía que estaba cocinando alguna cosa.
-¡Padre! –Marta soltó mi mano y fue corriendo donde aquel hombre.
-Pequeña Marta, hija mía, que alegría volver a verte. –Aquel hombre era Cipriano, el alcalde de Cardizal, al que mataron los hombres de Eskol.
Marta le abrazo fuertemente, no podía creer lo que estaba viendo, lloraba desconsoladamente.
-Ya te dije que estaría bien, -mire a Marta sonriente. – ¿Cipriano, viste pasar al lobo negro con mi madre recientemente?
-Si Santo, se dirigían al santuario, no tienes mucho tiempo.
-Me cuesta comprender lo que ocurre aquí, pero quiero ayudarte Santo, -Marta ya parecía más calmada.
-Hija mía, yo pertenezco a este mundo, nací aquí y solo aquí puedo morir. –Cipriano acaricio la mejilla de su hija.
-Es la hora, cuida de ella. –Nada mas decir esto me despedí de ambos y me fui de la casa.
-Marta, ven, tengo que contarte algo. –Cipriano entrego una taza de té a Marta mientras la invitaba a sentarse.
“Veras hija, hace muchísimo tiempo yo era el encargado de cuidar al joven Santo, cuando su padre murió y comenzó todo nuevamente yo y otros hombres nos llevamos al pequeño al mundo de los mortales por orden de su madre Freya”. -Hizo un descanso mientras bebía.
“En aquel mundo conocí a tu madre y te tuvimos a ti, nunca te dije nada aparte de la historia que te conté y la sala que te enseñe porque sabía que algún día necesitarías saber esta información, ahora tienes una tarea más por delante, toma este amuleto y ve tras el Santo, llegado el momento sabrás que hacer lo llevas dentro”.
Marta trato de protestar, pero Cipriano con una sonrisa la hizo un gesto para que no preguntara, Marta simplemente cogió el amuleto beso a su padre y se marcho.
Yo me encontraba fuera ensillando un caballo de la cuadra de Cipriano cuando apareció Marta, tenía un amuleto en forma de trébol de cuatro hojas colgado del cuello, yo al verla sonreí y le cedí el corcel que acababa de ensillar, y prepare otro para mí.
-Santo, no sé en qué puedo ayudarte.
-Pronto lo sabrás pequeña Marta, eres más importantes de lo que crees en esta historia.
Ambos cabalgamos en dirección al santuario, el camino fue tranquilo, no nos encontramos con nadie, al de un par de horas llegamos al alto de una colina y desde arriba vimos el santuario.
Freya se encontraba atada de pies y manos sobre una losa de piedra, Eskol estaba frente a ella junto a dos sacerdotes empuñando un cuchillo, era extraño pues no se veía al resto de los hombres de Eskol.
Mire a Marta, estaba asustada y nerviosa no dejaba de tocar todo el rato el amuleto.
-Marta, ¿Confías en mi?
-Si Santo.
-Pues no sueltes el amuleto y reza por mí.
Nos dirigimos al santuario, para llegar teníamos que pasar por un estrecho desfiladero, cuando llegamos a la mitad del camino de aquel estrecho desfiladero apareció Eskol ante mí.
-Muy bien Santo, veo que llegaste aquí, la historia se repite.
-Eskol, mi familia siempre impidió que lograras el control de este mundo y esta vez yo seré el que termine contigo.
Eskol soltó una carcajada que retumbo por todo el desfiladero.
-Me acuerdo de tu padre, y de tu abuelo, y del abuelo de tu abuelo, ninguno de ellos logro terminar conmigo, -me miro fijamente, -¿Qué te hace pensar que eres diferente?
-Pronto lo comprobaremos, -desenvaine mi espada y me lance contra él, en ese instante detrás de mí y ante mi aparecieron por arte de magia los soldados de Eskol, estábamos rodeados.
-Antes de que puedas alcanzarme tu madre, la hermosa Freya morirá, y tu también. –Eskol desapareció riendo.
-Marta, ten fe, reza. –Freya la grito desde la lejanía.
Marta se puso de rodillas sujeto con fuerza el amuleto y comenzó a decir unas palabras que no logre a comprender, en ese momento una luz intensa salió de entre sus manos y se esparció por todos lados cegando a los soldados, muchos de ellos huyeron presas del pánico otros simplemente murieron bajo mi brazo.
Yo aproveche para avanzar, cuando llegue por fin  donde se encontraba Eskol junto a los sacerdotes y Freya me detuve.
Vi a Eskol levantando el cuchillo sobre el vientre de Freya, los sacerdotes se dirigieron contra mí, yo no podía dejar de mirar a Freya.
-Freya, nacida cada cien años de la tierra, reclamo tu sangre y reclamo tu fuerza.
En ese instante Eskol apuñalo a Freya, yo lance un grito y intente dirigirme donde estaban, pero los sacerdotes me cortaron el paso, uno de ellos clavo una daga en mi hombro, no tuve más remedio que defenderme.
-Hijo mío, no temas por mí. –Fue lo último que dijo Freya antes de morir.
-¡Madre! –Grite mientras clavaba mi espada en el pecho de uno de los sacerdotes, el otro intento acuchillarme por atrás, pero pude esquivarlo, el sacerdote cayó al suelo y en ese instante termine con su vida.
Eskol estaba junto al cadáver de Freya, estaba bebiendo de su sangre, se dio la vuelta, me miro con una sonrisa burlona y en ese instante comenzó a sufrir unas convulsiones tremendas, su cuerpo empezó a cambiar hasta que ante mi apareció un lobo enorme, negro como la mayor oscuridad conocida, con unos colmillos tan grandes como mi mano.
Se abalanzo sobre mí, con un rápido movimiento logre esquivarlo, aunque recibí un arañazo en el costado, la herida me quemaba, sus garras habían rasgado la armadura como si de mantequilla se tratara, alce mi espada y logre alcanzarle en un costado, Eskol lanzo un gruñido de dolor, pero casi no logre penetrar en su carne.
Volvió a lanzarse sobre mí, caí al suelo, Eskol se acerco lentamente a donde estaba, y se puso encima de mí, sus patas sobre mi pecho me aplastaban por el peso.
-Llego tu hora, no lograste detenerme. –Abrió sus fauces y se lanzo contra mí.
LOS SUEÑOS AVECES SE CUMPLEN Parte 11 y Final

Ya pensaba que era mi final, mi madre muerta, el ritual de sangre completo, y yo a punto de recibir el mordisco de Eskol el asesino.
Cerré los ojos esperando que mi muerte fuera rápida y indolora, pero en vez de llegar mi final lo que escuche fue un aullido terrible, volví a abrir los ojos y entonces vi a Marta, junto a mí con esa extraña luz que salía de entre sus manos, y Eskol alejándose como si aquellos rayos le abrasaran la piel.
Aproveche a levantarme y cogí rápidamente mi espada y ensarte a Eskol con ella, el ataque fue preciso, note como la hoja penetraba en su pecho y atravesaba su corazón, cuando saque la espada de sus entrañas Eskol desapareció, se convirtió en polvo que fue arrastrado por el viento.
-Santo, Santo hijo mío. –La voz parecía provenir de todos sitios, retumbaba en mi interior con dulzura.
Me fije que el cadáver de mi madre no estaba, simplemente una pequeña luz sobrevolaba el entorno, me acerque renqueante ayudado por Marta que en el momento de la muerte de Eskol la luz que emanaba de sus manos había desaparecido.
Al estar a la altura de la extraña luz la mire mas atentamente, y me pareció que aquello que flotaba era una especie de semilla….
-¿Madre? ¿Eres tú?
-Hijo mío, lo lograste, lograste vencer al lobo negro y devolver la luz al mundo.
-No podría haberlo llevado a cabo sin Marta, -dije cogiéndola de la mano y mirándola fijamente, ella sonrió tímidamente, -ella me salvo de los soldados del desfiladero y de una muerte segura cuando Eskol estaba encima de mí.
-Marta, la profecía diría que un amor mortal ayudaría a salvarnos, se que amas a mi hijo en silencio desde que tienes uso de razón, os deseo que seáis felices, os casareis y tendréis un hijo, cuídalo bien, suyo es el papel de mantener la paz.
Marta como si en su interior supiera que todo lo que le decían era cierto, simplemente asintió.
-Madre pensé que habías muerto, ¿Dónde está tu cuerpo? ¿Qué será de ti ahora?
-No temas por mí, es mi destino el de aparecer cada 100 años, no sé donde germinare, ni donde volveré a florecer, pero el trébol de cuatro hojas volverá como está escrito, cuida de tus hijos pues ellos darán el fruto de la futura generación que luchara nuevamente contra la oscuridad, ahora me despido sed felices.
Marta y yo nos miramos, cuando pasaron unos minutos nos dirigimos al castillo que pertenecía a mi familia, al de unos años nos casamos y tuvimos tres hijos, esos hijos tuvieron otros, yo ya tengo ciento quince años, gobierno en paz en este mundo de fantasía, pero se rumorea que en una aldea lejana del mundo mortal alguien vio florecer un trébol de cuatro hojas.

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