viernes, 29 de junio de 2012

PREGUNTAS


¿Por qué no ser yo el que pueda encontrar la fortuna en este mundo cada vez más vacio de sentimientos?
¿Por qué no ser yo el que pueda lograr encontrar un camino y dejar de dar tumbos por esta vida que hace que cada paso que doy me aleje mas y mas de mis sueños?
Dos preguntas sin respuesta concreta, simples gritos de queja lanzados al aire cada mañana cuando me despierto.
Sé que solo yo puedo responderlas, y sé que la respuesta se encuentra dentro de mí, volver a levantar la cabeza y dejar de mirar el frio asfalto y volver a mirar al frente, volver a lograr que la luz del sol ciegue mi vista y renueve con su fuerza mis energías.
Basta ya de compadecerme, basta ya de colores oscuros iluminando mi vida, me rebelo contra esos grises y negros que no me dejan ver el color real de la vida, la vida que con su inmensa paleta de colores da sutiles pinceladas dibujando cosas hermosas si sabes mirarlas.
Desde que apareciste en mi vida cada día aprendo a distinguir mas esas pinceladas, el azul del cielo que corona nuestras cabezas, el verde de los montes que nos rodean,  el arco iris que nace en el horizonte y parece no morir nunca, tu eres la pintora que logra que cada día admire mas el arte de la vida.
Pintora de sueños e ilusiones, pintora capaz de dibujar dentro de mí el más hermoso retrato y hacer que los grises que dominan mi vida se tornen en colores cálidos que me abrazan cada amanecer y me arropan al anochecer.
No me salvaste de nada pues en el fondo nada había que salvar, simplemente me permitiste conocer otra parte de la historia que tenía ya olvidada y por eso siempre formaras parte de mí, permaneciendo en mí interior escribiéndome palabras llenas de color mi princesa de las letras.

martes, 26 de junio de 2012

PEQUEÑA CARTA DE AMOR


Temo el acostarme, porque al dormirme no puedo controlar mis sueños y no quiero pasar ni un solo segundo de mi vida sin pensar en ti, desperdicio de tiempo el que gastamos al dormir para luego levantarnos y no recordar lo soñado.
Temo el bañarme porque al hacerlo limpio mi cuerpo y me desprendo de tu esencia, de tus caricias de tu olor que impregna cada centímetro de mi piel.
La vida sin ti empieza a dejar de tener sentido, lo se fue culpa mía siempre lo es, no puedo echar en cara nada a nadie, solo a mi estupidez que desde la infancia me acompaña y solo desaparecerá cuando mi cuerpo descanse en la tierra.
No quiero pedirte perdón ni pedirte otra oportunidad porque nada tengo que ofrecer ni nada tengo que darte, mi vida es vacía plana sin sentido, solo tú podrías devolverme la esencia que a cada paso voy desperdigando por el camino y va dejando mi alma hueca, pero prefiero vaciarme a tenerte aquí sufriendo junto a mí.
Cada mañana al abrir los ojos deseo verte a mi lado, ver tu desnudo cuerpo cubierto solamente con una simple sabana en la que se dibujan tus curvas, deseo ver tu enmarañado cabello desperdigándose por la almohada y poder besar tus mejillas mientas disfrutas de la compañía de Morfeo, pero solo veo vacio, una cama interminable que parece no tener fin como si de un desierto despiadado se tratara.
Te pido perdón pero no te pido que vuelvas, te doy mi amor pero no quiero que me ames, solo con verte feliz mi vida tendrá un mínimo sentido, yo continuare mi camino hasta que mi ser diga basta, encontrare a personas que intentaran llenar nuevamente mi existencia, pero nunca jamás tendrán mi corazón, porque al decirte adiós tú te lo llevaste y jamás quiero que vuelvas a dármelo.
El tiempo pasa, los minutos no cesan de recorrer la esfera del reloj como martillos que golpean sin piedad a cada movimiento de la aguja, y yo aquí sentado recordando empapándome en mi desgracia, saboreando mi soledad disfrutando de mi mal pero contento y feliz al fin y al cabo porque un día te ame y fui correspondido.
Vive libre sin mi yugo, vive tranquila sin mis quejas, vive y no mires atrás, yo guardare tus espaldas en silencio, siempre estés donde estés te amare.

lunes, 25 de junio de 2012

LA DULCE VENGANZA HISTORIA COMPLETA


Dicen que el cementerio está lleno de valientes, y seguramente es cierto, los valientes duermen el sueño eterno y los cobardes les lloramos y llevamos flores. No sé si tendrá algo genético el ser cobarde o valiente, no sé si la valentía es valentía o es tontería, y no estoy totalmente seguro que la cobardía sea una vergüenza, todo depende del momento y la situación supongo.
Yo puedo incluirme en el género de los cobardes, nunca he estado en una guerra así que no se si podría lanzarme yo solo contra los enemigos a pecho descubierto para salvar a un compañero que ha sido herido, pero si estoy convencido que ante la vida he adoptado el camino de la cobardía y el del síndrome de avestruz, esconder la cabeza hasta que pase el temporal y cuando pase el temporal ya veremos, pero todo eso estaba a punto de cambiar.
Serian las nueve de la mañana cuando me levante sobresaltado al escuchar que llamaban al portero automático compulsivamente, normalmente paso de cogerlo y hago como que no hay nadie en casa, total siempre es lo mismo, el cartero, propaganda, o acreedores, no es que mi vida social sea muy activa, pero esta vez no dejaban de tocar el timbre, así que no me quedo más remedio que levantarme con muy mala leche para ver quien estaba llamando de esa manera. - ¿Quien coño molesta? - Mi tono de voz no era para nada conciliador.
-¿Eres Juan? -La mujer que contesto tenía una voz dulce.
- Sí, soy yo, ¿Que quieres?, espero que después de tanto molestar sea algo importante.
-No sé si será importante o no, vengo de parte de un amigo en común, ¿podría subir?, la verdad es que estar aquí abajo manteniendo una conversación no es muy cómodo.
No me apetecía una mierda que subiera nadie a casa, y menos alguien que no conocía, la verdad es que desde hace un tiempo me volví un antisocial y solo quería soledad a mi alrededor.
-Mira, te voy a ser sincero, no sé quién eres, debería ser muy buen amigo ese que dices para que te abra, así que tendrás que decirme algo mas para convencerme o decir adiós y dejarme tranquilo. -Mi tono de voz eras mas de capullo que de borde y estaba a punto de colgar el telefonillo de casa cuando ella dijo solamente una frase.... -Me manda David -Al escuchar ese nombre no lo dude y abrí.
La casa estaba desordenada y yo parecía un zombi recién salido de la tumba por el aspecto que tenia, pero la verdad es que me dio lo mismo, David era un amigo de la infancia, mi mejor amigo, y seguramente mi único amigo, hace años que no nos veíamos, pero eso no importaba, siempre estaba presente en mi vida y cada vez que nos veíamos era como si no hubiera pasado ni un solo día desde la última vez que nos veíamos, y si ella venia de parte de David es que algo sucedía. Estaba en mi mundo recordando a David y el que pasaría cuando el timbre de la puerta me saco de mis pensamientos y me dirigí a abrir, pero al estar frente a la puerta decidí mirar antes por la mirilla.
La verdad es que la mujer que estaba al otro lado era espectacular, era morena de pelo largo, las facciones de su rostro la hacían parecer asiática, aunque no lo era, tenía los ojos rasgados, eran de color miel, sus labios eran muy sensuales y el maquillaje que llevaba era suave, nada de tonos chillones ni fuertes, iba vestida formalmente, tipo ejecutivo, con unos pantalones tipo dockers negros y una camisa lisa de manga larga blanca, la verdad es que aún con esa formalidad se podían distinguir sus curvas y el hermoso cuerpo que tendría. Demasiado tiempo sin una mujer pensé en el mismo momento en el que ella volvió a tocar el timbre de la puerta y rompió mi momento voyeur cutre de mirilla de puerta, así que la abrí.
-Buenos días –Me dijo ella con una sonrisa que abría ablandado a cualquier persona y abría logrado destensar cualquier situación, pero claro, yo no era cualquiera.
-Si tú lo dices serán buenos, para mí de momento no han comenzado muy bien, dime, que quieres.
-Bueno, veo que te he molestado, pero no voy a disculparme, como te he dicho vengo de parte de David…. –En ese momento le corte. –Sí, lo dijiste antes y ese es el motivo de que este aquí delante de ti con unas pintas horribles, con sueño y con muy mala leche, así que espero que sea importante. –Cualquier otra persona me abría mandado a la mierda y se abría dado media vuelta, al menos yo lo abría hecho, pero ella permanecía delante de mí con la sonrisa más amplia si cabe, como si la situación le pareciera graciosa en vez de incomoda.
-Te lo contare con mucho gusto, pero ¿me permites pasar? –La mire de arriba abajo, y me retire de la puerta, y la hice un gesto con la cabeza indicándole que entrara, y cuando ya estaba en la casa cerré la puerta, al cerrarse dio un portazo que hizo que ella se sobresaltara, tengo que reconocer que no lo hice aposta, pero también admito que me pareció justo el susto que se dio a cambio de haberme importunado.
-Bien, la verdad es que no se ser muy hospitalario, pero pasa y siéntate, ¿Quieres un café?
-Gracias Juan, pero no me apetece ahora, y no te preocupes, ya me conto David que eres…. peculiar, por llamarlo de alguna manera. –Ella se dirigió a la sala y se sentó en el sofá con suavidad como si temiera romperlo.
-Bien, y ahora que ya estás aquí y veo que conoces como me llamo, dime, ¿Quién eres, y porque vienes?
-Discúlpame que no me haya presentado antes, me llamo Sandra, y conozco a David desde hace un par de años aproximadamente, estuvo saliendo con mi hermana una temporada y ya en aquellos momentos nos hablaba de ti….. –Yo me estaba impacientando.
-Si si, vale, eso me parece bien, sé que soy un borde y lo admito, así que te pido que vayas al grano.
-Bien, tienes razón, David me conto que tu eres su mejor amigo, el me dijo que si le pasaba alguna cosa algún día que acudiera a ti porque tu sabrías que hacer.
-¿Pasarle alguna cosa? ¿Está bien David? –Ella me miro fijamente y la sonrisa desapareció de su rostro. –David…. Ha muerto.
Miles de recuerdos me vinieron a la cabeza, el cómo nos conocimos en el colegio, como empezamos a vivir la vida y salir de la inocencia de la infancia, las primeras borracheras, los primeros líos de faldas, cuando hicimos el servicio militar…. Siempre juntos casi sin separarnos como dos hermanos siameses y ahora…. Ahora me dicen que ha muerto, en otra situación abría llorado desconsoladamente, pero en estos momentos estaba vacía por dentro, no me quedaba ni una lagrima que ofrecerle. –Como es posible, ¿Qué le ha pasado? –Mi tono de voz cambio radicalmente.
-Fue hace una semana, se dirigía al trabajo cuando sufrió un accidente de tráfico. –Hizo una breve pausa como queriéndome dar la noticia despacio para que no me atragantara. –No murió en el acto, le llevaron a urgencias y fue allí donde pronuncio sus últimas palabras preguntando por ti.
-Pero no lo comprendo, ¿Por qué no me dijeron nada antes sus hermanos, porque no se pusieron en contacto conmigo, porque eres tú la que has venido a contármelo?
-Bueno, yo quería mucho a David, y no sé porque no se pondrían en contacto sus hermanos contigo, supongo que fue por lo que ocurrió hace años, pero yo he venido porque pensé que tenías derecho a saberlo. –Hace un par de años yo estaba con mi pareja y fuimos a visitar a David a Madrid que es donde vivía en aquellos momentos con su familia, en una noche algo confusa de diversión tuve algunos problemas con su hermano mayor y la cosa termino en comisaría, siempre aviamos tenido problemas y la familia de David siempre había pensado que yo era una mala influencia para su hijo por eso se mudaron de Bilbao a Madrid.
-Te lo agradezco Sandra, pero podías haberme llamado, o mandado una carta, o no sé, ¿Por qué venir directamente? –Yo sabía que había alguna cosa más detrás de todo aquello, algo dentro de mi me decía que no me estaban contando toda la verdad.
-Veras Juan, David nos conto la aventura que tuvisteis en la mili con el contrabando de droga, y que su familia pensaba que eras tú el culpable, pero él nos conto la verdad y el cómo lograste sacarle de todo aquello, y he venido porque creo que el accidente no ha sido casual, creo que ha sido provocado y creo que ha sido consecuencia de aquel pasado. –Ella me miro con una mezcla de preocupación y de ternura. A lo que se refería con el asunto del contrabando paso hace mas 20 años cuando hicimos el servicio militar en León, así que me parecía extraño lo que me estaba contando. –Aquello sucedió hace más de 20 años Sandra, que te hace pensar que no fue un accidente y que todo viene de aquellos tiempos.
-Hace un mes y medio que Oscar salió de la cárcel y fue a visitar a David, pude ver el coche como había quedado, y me conozco la carretera por la que circulaba y conociendo como conducía no me creo que en ese tramo de carretera hubiera tenido ese accidente a no ser que abría tenido algún problema en el coche. –Yo no dejaba de mirarla a los ojos mientras escuchaba cada palabra de lo que ella me decía, y al escuchar el nombre de Oscar me vinieron a la cabeza nuevamente recuerdos de aquellos tiempos, y de cómo por culpa nuestra se había pasado los últimos veinte años vagando de cárcel en cárcel, y ahora estaba en libertad, las cosas como las contaba Sandra empezaban a encajar, volví a hacer memoria para recordar todo con más detalle.
Hace veinte años estábamos haciendo la mili en León, éramos casi de los últimos que la hacíamos obligatoriamente y la verdad es que nos venía muy bien salir del entorno que nos rodeaba y cambiar de aires, David y yo nos alistamos juntos y elegimos ambos el mismo destino con la suerte de que nos toco juntos. Los primeros meses de aclimatación fueron durillos, pero como todos los novatos o como les decían en el cuartel como todos los chivos.
Después de la jura de bandera todo cambio, por nuestra forma de ser nos metimos en más de un lio, y David en uno de esos fines de semana de arresto se hizo amigo de un Gallego que se llamaba Oscar, tenía fama en el cuartel por poder lograr cualquier cosa que le pidieras, desde unas simples botas hasta un poco de coca para llevar mejor las guardias o para los días que bajábamos de fiesta a la capital, también tenía fama de haber dado más de una paliza a alguno que se quería pasar de listillo y no pagarle, y se comentaba que incluso los mandos lo respetaban porque le debían más de un favor, a mi no me gustaba demasiado pero se ve que se hizo buen amigo de David.
Yo veía que cada día que pasaba la cosa degeneraba en algo más grave, siempre habíamos consumido alguna cosa, un poco de marihuana para relajarnos, alguna pastilla cuando salíamos de permiso, pero él empezó a trapichear con ello, le pedía la mercancía a Oscar y él se encargaba de venderla, al principio pequeñas cantidades, pero la cosa fue aumentando progresivamente a medida que la confianza entre ambos iba creciendo, yo intente hablar varias veces con David, pero siempre me decía que no pasaba nada, que estaba todo controlado, y que no quería pasarse unos meses sirviendo en el cuartel sin sacar beneficio, yo me fui alejando cada vez más porque aquella situación no iba conmigo pero sin dejar de vigilar a mi amigo por si volvía a meterse en problemas.
Un día que fuimos de maniobras a un pueblo de Albacete la cosa se salió de madre, en uno de esos chanchullos un policía militar paso por casualidad por donde andaban Oscar y David recogiendo unos paquetes que les habían dejado a las afueras del acuartelamiento, el policía se acerco a ver qué estaba pasando, era de noche y no sé qué ocurriría exactamente pero al darse cuenta de lo que hacían el policía les dio el alto y sin venir a cuento Oscar saco una pistola y de dos disparos termino con la vida del pobre muchacho, yo estaba durmiendo en mi litera cuando David me despertó muy nervioso. –¡Juan, Juan! Tienes que ayudarme, ha ocurrido una cosa increíble.
-Joder David, son las 3 de la mañana, que ha pasado ahora. –Yo no podía ni abrir los ojos así que en cuanto me desperece un poco y pude abrirlos vi la cara de pánico que tenia. –David…. ¿Qué ha pasado?
-Oscar a matado a un guardia, se acerco a nosotros cuando estábamos recogiendo unos paquetes y sin mediar palabra le pego dos tiros, nos anda buscando toda la guardia del cuartel, tienes que ayudarme. –Yo no daba crédito a lo que escuchaba pero decidí ayudarle como siempre, le dije que se metiera en su litera y no dijese nada, al cabo de un par de horas la luz del barracón se encendió y entraron cuatro policías militares armados y cogieron a David, se ve que Oscar le había delatado al ser pillado, yo ya lo tenía todo pensado, así que en el juicio yo declare que David había pasado toda la noche durmiendo en el barracón que yo daba fe de ello, por suerte yo era un buen mentiroso y el juez militar me creyó, y solo le cayeron tres años de cárcel por tráfico de drogas, y a Oscar una condena de dieciséis años por asesinato y tráfico de drogas, años que se convirtieron en veinte por las movidas que tuvo dentro de la cárcel, nunca me perdono el haber mentido en el juicio, y menos perdono a David el haber declarado en su contra y haber logrado un trato con el juez para reducir su conceda si contaba todo lo que sabía. David solo estuvo en la cárcel diez meses, pero cada mes durante seis años tanto él como yo recibíamos una carta desde la cárcel que nos enviaba Oscar para que no olvidáramos que nos recordaba. Con el tiempo nos acostumbrábamos y ya ni las leíamos, por suerte nuestras vidas se encauzaron, trabajos decentes, novias, una vida más tranquila, y el odio de la familia de David pensando que todo aquello fue por mi culpa.
Así que al escuchar el nombre de Oscar por boca de Sandra, las cosas empezaban a cobrar sentido, y lo que es peor, si de verdad sucedió como ella sospechaba yo sería el siguiente, la pena que sentía por la pérdida de mi amigo se fue transformando en miedo y en inseguridad.
Yo desde hace un año que lo deje con mi novia no había casi salido de casa, el ordenador, internet, mi perro y mi depresión eran mi vida, no tenía trabajo, no salía más que para hacer compras, y llego un momento en que me habitué y me deje llevar por la vida, pero al escuchar todo aquello algo debió encenderse o arreglarse en mi cabeza porque todas las preocupaciones y angustias que sentía desaparecieron y nuevamente tenía ganas de salir, aunque me temía que esas ganas eran de huida más que de otra cosa.
-Sandra, gracias por venir a contármelo, pero sabes que si eso es cierto el siguiente puedo ser yo, te agradezco que vinieras hasta aquí para contármelo, pero igual no es seguro que permanezcas más tiempo aquí. –Ahora sí que mi tono de voz era dulce y condescendiente, toda la brusquedad y el escepticismo del principio desaparecieron, y dieron paso a un sentimiento de cercanía y de confianza.
-Lo sé Juan, por eso vine, porque quería avisarte y decírtelo directamente, si necesitas cualquier cosa, si puedo ayudarte en alguna cosa…. –No la deje terminar la frase. –Te lo agradezco, pero tengo que salir de aquí y enterarme bien de lo que ha pasado, si tienes razón no quiero que te inmiscuyas en todo este asunto y puedas tener problemas, hoy mismo saldré hacia Madrid para enterarme de primera mano de todos los detalles.
Ella no dijo nada mas, simplemente asintió con la cabeza, me miro tiernamente y se acerco a mí y me dio dos besos, yo no hice nada para rechazarla, ni siquiera me levante del sofá, ella sin decir una sola palabra más se dirigió a la puerta y desapareció sin decir adiós.
En cuanto me repuse un poco me dirigí al ordenador y mande un mail a un amigo que trabajaba en un periódico de tirada nacional en la sección de sucesos que me debía algún favor.
-Alfonso, soy Juan, necesito tu ayuda, quiero por favor que me busques toda la información referente a un accidente de tráfico que ocurrió hace una semana más o menos en la M-537 a la altura de Valdemaqueda, el coche es un Golf negro, mándame todo lo que encuentres y sé que tú tienes mano con tráfico, así que todo es todo, con esto damos por saldada nuestra deuda.
Después de mandar el correo a mi amigo me fui rápidamente a vestir e hice las maletas apresuradamente, mi cuerpo era una mezcla de rabia y de miedo a partes iguales, todavía trataba de asimilar lo que Sandra me había contado sobre David…. El ya no estaba, y aunque mi instinto me decía que escapara algo dentro de mi me animaba a investigar que había ocurrido.
Cuando me encontré con todo listo y la puerta de mi casa abierta me gire y note una frialdad en la casa como antes nunca había notado, como si hiciera mucho tiempo que me había marchado, un pequeño escalofrió recorrió mi cuerpo, entonces cruce el umbral y cerré la puerta tras de mí.
Cuando llegue al portal de casa y puse un pie en el suelo los nervios se apoderaron de mi todavía más si es que eso era posible, pero no tenia vuelta atrás, no quería tenerla, tenía que averiguar lo que había ocurrido, me dirigí a la boca del metro que se encontraba a cinco minutos de mi casa cuando detrás de mi escuche a alguien llamándome.
-¡Juan, Juan! –La voz era de una mujer, parecía alterada por alguna cosa y no dejaba de llamarme desesperadamente, al girarme para ver quién me llamaba la vi, era Verónica a la que hacia un par de años que no veía. –Verónica, ¿qué te ocurre? ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Estás bien? –Verónica era morena de pelo muy rizado, al correr parecía que llevaba cientos de pequeños muelles que se movían alegremente, sus labios que normalmente dibujaban una inconfundible sonrisa eran carnosos y siempre apetecibles, siempre la decía que tenía unos labios perfectos para ser besados.
-No lo sé Juan, dímelo tu –Estaba ya delante de mí, se la notaba fatigada por la carrera y la costaba hablar. –Mira lo que me dejaron en el buzón. –Verónica saco de su bolso un pequeño sobre que me entrego, en el remite solo se leía el nombre de Verónica, cuando fui a coger la carta de su mano note que estaba temblorosa, sus pequeñas manos sensuales pocas veces temblaban de esa forma. Verónica y yo tuvimos una relación hace mucho tiempo, y la conocía bien, era fuerte, valiente, un terremoto, y pocas veces en mi vida la vi nerviosa o tan asustada como para temblar de esa forma.
Cogí la carta y como si de una descarga eléctrica se tratara al contactar con su mano yo también me puse nervioso, supongo que sería por verla a ella así, o tal vez por la situación tan extraña que estaba viviendo ese día, abrí la carta y saque un folio en él había un pequeño texto escrito a ordenador.
“Verónica, saludos, soy David, ¿te acuerdas de mí?:
Te parecerá extraño que te escriba, se que de jóvenes no nos llevábamos muy bien, pero sé que quieres mucho a Juan, tengo que contarte una cosa y pedirte un gran favor.
Creo que ya sabes algo de lo que ocurrió en Albacete con Oscar y conmigo, tengo que confesarte una cosa, Oscar no fue quien mato a ese hombre, fui yo, nunca saque valor para decírselo a Juan pero tenía que confesártelo antes de mi adiós, quiero que seas tú quien se lo cuente, quien le entregue esta carta, Oscar era inocente, y nunca pude vivir tranquilo con esa carga a mis espaldas.
Cuando recibas esta carta, yo ya no estaré, tengo que acabar con mi sufrimiento, dile a Juan que le quiero y siempre le he admirado, lo sé, soy un cobarde y no soy capaz de decírselo yo mismo. Dile que me perdone por lo que voy a hacer, muchas gracias Verónica, cuida de Juan.”
Yo…. No sabía cómo actuar, no dejaba de releer la misma frase una y otra vez “Oscar no fue quien mato a ese hombre, fui yo”, pero no era capaz de sentirme engañado, sentía tristeza y dolor por mi amigo, por David, no podía creer lo que leía, no quería asimilar esa verdad.
-Y… ¿y si es Oscar quien ha escrito esta carta y te la ha enviado? –Le pregunte con la voz entrecortada a Verónica… como buscando una excusa que exculpase a David.
-Juan, yo no conozco a Oscar, dudo que él pueda saber de mi, y menos donde vivo y mucho menos lo de nuestra infancia y lo mal que nos llevábamos, pero Juan, ¿que está pasando? ¿Que ocurre?.
Yo continuaba agarrando la carta y no dejaba de mirarla, ya solo veía letras borrosas porque tenía la mirada perdida. –David a muerto, lo he sabido hoy, en un accidente de coche pero….. –Le conté la extraña visita que había tenido en la mañana, le conté las sospechas sobre Oscar por lo que Sandra me conto.
-Juan… lo siento….. –Verónica me cogió de la mano y acto seguido me abrazo, en ese momento hice lo que tenía ganas de hacer desde hace mucho pero siempre me guarde para mi, llore desconsoladamente, como un niño al que rompen su juguete favorito, jamás en mi vida llore tanto, Verónica cada vez me abrazaba con más fuerza.
LIBERTAD
Veinte años…. Veinte años encerrado y por fin puedo disfrutar de la luz del sol, de la brisa que al golpearme no se corta por los barrotes de la prisión, por fin podría hacer lo que tanto tiempo soñé que haría, por fin podría llevar a cabo lo que tantos años soñé.
Mi juventud no fue la de un niño perfecto, yo era conflictivo y seguramente habría terminado aquí encerrado tarde o temprano, pero estos veinte años no, yo era inocente, ahora me toca a mi mover ficha.
Me gire y ante mi vi la enorme cárcel que fue mi casa los últimos años, me despedí de ella, sabía que pronto volvería, pero sabría que si lo hacia esta vez era porque me lo merecía, y en el fondo tenía ganas de volver a entrar, eso quiere decir que mi venganza habría sido ejecutada, estaba absorto en mis pensamientos cuando el claxon de un coche me saco de mi trance, era un taxi.
-Buenos días, ¿a dónde?
-Buenos días, al aeropuerto, tengo un vuelo dirección a Bilbao que sale en tres horas, ¿me dará tiempo?
-Por supuesto, claro –El taxi arranco y yo volví a mi trance… venganza.
UNA DIFICIL DECISION
Después de la noticia que acababa de tener no sabía cómo actuar, Verónica continuaba abrazándome y yo más calmado ya empecé a pensar en si ir a Madrid o si dejar correr el asunto después de lo que acababa de leer, estaba dando vueltas a la cabeza cuando sonó mi teléfono, era un correo, era de Alfonso.
“Juan, recibí tu correo, te envió el archivo del caso con todos los datos, pero la verdad es que es muy extraño lo que descubrí, espero que te sirva de alguna cosa, y recuerda ya estamos en deuda, hasta pronto.”
El correo venia con un archivo, al abrirlo vi que era un informe policial que contenía datos del accidente, datos de la autopsia y muchas cosas que no comprendía por los términos en los que hablaban, pero un pequeño detalle sí que llamo mi atención, “la victima a sufrido contusiones graves, ha sido llevado a urgencias, pero no se teme por su vida.”
Algo no me cuadraba en todo esto, según Sandra le llevaron al hospital moribundo, y murió en urgencias, pero el informe de atestados no dice lo mismo, pero… y entonces ¿Porque viene un informe forense en los archivos, y porque Sandra me ha mentido? Algo estaba empezando a oler muy mal en todo aquello, Verónica al ver mi cara de desconcierto no se atrevió a preguntar nada, simplemente permanecía mirándome, junto a mí.
Abrí el informe forense y lo que leí termino de convencerme de que aquello tenía poco sentido.
“La victima murió por asfixia, se a comprobado que la máquina de respiración fue desconectada y las marcas en el pecho de la victima demuestran que alguien se las hizo después de muerto”
Al llegar a esa parte del informe vi una pequeña foto, al ampliarla me di cuenta de que era el cadáver de David, tenía una serie de cicatrices en su pecho, al fijarme mejor en ellas pude leer con meridiana claridad la palabra “Venganza”, yo me horrorice al verlo, Sandra me había mentido pero entonces…..
-¡Juan, cuidado! –Grito Verónica enloquecida, en ese momento levante la vista del teléfono y escuche una detonación, note como algo atravesaba la carne de mi brazo, note una quemadura muy fuerte y el teléfono cayó al suelo, Verónica estaba agachada gritando histéricamente, me toque el brazo y note como la sangre brotaba de la herida con fuerza, como si abrían abierto una presa, instintivamente apreté la herida fuertemente con mi mano y me agache, justo en ese momento escuche otra detonación, vi detrás de mí como saltaban los cristales de un escaparate, si no me abría agachado habría muerto, alguien desde un coche en marcha estaba disparándome
-¡Que está pasando! –Gritaba Verónica mientras lloraba. –No lo sé, no sé que está ocurriendo pero estoy herido ¿Estas bien Verónica? –Verónica al escuchar que estaba herido me miro el brazo, dejo de llorar en esos momentos y saco de su bolso un pañuelo y me lo ato alrededor del brazo haciendo un torniquete, la sangre ya no salía tan virulentamente.
-Tenemos que ir al hospital ahora mismo Juan, estas sangrando mucho. –Era increíble la fuerza que tenia Verónica, de estar llorando desconsoladamente paso a tener un aplomo en la voz y una fuerza como nunca antes se la había notado.
Al de pocos segundos escuchamos como el coche dese el que no habían disparado se alejo apresuradamente al escuchar el sonido de las sirenas de la policía, nosotros continuábamos agachados, Verónica no dejaba de apretar mi brazo y de cerciorarse de que el torniquete funcionara y no continuara perdiendo sangre.
Ahora ya que estaba todo más calmado, me incorpore levemente y me mire la herida, por suerte me di cuenta de que era una herida limpia, fue más la espectacularidad de la sangre saliendo, que la herida en sí, así que me calme y tranquilice, en mi cabeza solo existía un nombre en esos momentos Oscar, no podía ser nadie más, empecé a encajar las piezas, la palabra venganza en el pecho de David y ahora el querer terminar con mi vida, pero lo que no entendía es lo que pintaba Sandra en todo esto…..
-Parece que ya ha pasado el peligro, voy a llamar a una ambulancia –Después de decir eso Verónica saco su teléfono de su bolso, en ese instante yo la sujete la mano. –No, Verónica, no llames a nadie, la herida es superficial, algo aquí no me encaja, te contare lo que averigüe sobre David y me entenderás, pero no vamos a ir al hospital. –Después del accidente de David y su muerte en urgencias asesinado, no me atrevía a ir al hospital por si corría la misma suerte.
-Vamos a tu casa Verónica. –Ella me miro fijamente, como queriendo convencerme de lo contrario, una mirada severa con esos hermosos ojos color avellana.
-Por favor… Verónica…. Confía en mí –Esas palabras terminaron de convencerla.
-Está bien, pero espero que la explicación merezca la pena –Recogió mi teléfono del suelo y se lo guardo en el bolso, me ayudo a levantarme y nos dirigimos a su coche.
La herida del brazo me ardía, pero por suerte la sangre había parado de salir el torniquete había funcionado, entramos en su coche y ella condujo hasta su casa.
Verónica vivía en un pueblo cercano al mío, a unos 35 kilómetros, durante el trayecto hasta su casa no nos dirigimos ni una sola palabra, ambos estábamos nerviosos y intentando asimilar lo que acababa de ocurrir hacia nada, era un silencio tenso, yo mire a Verónica, era la mujer más hermosa que había conocido nunca, no tanto por los rasgos de su rostro, sino por la fuerza y la energía que trasmitía, y sobre todo por su gran corazón, no pude evitar esbozar una sonrisa.
-¿De qué te ríes ahora? –Me dijo ella enfadada
-No me rio, simplemente estoy feliz, feliz de que estés a mi lado en estos momentos.
Ella quería hacerse la dura le costó aguantar pero al final sus carnoso labios dibujaron esa sonrisa hermosa que tantas veces he admirado. –Después de lo que acaba de ocurrir y se te ocurre decirme eso, anda tonto, ¿Estas bien?
-Muy bien Verónica, ya puedo presumir de cicatriz. –Ambos nos reímos tontamente, estaba claro que acabábamos de soltar toda la tensión acumulado minutos antes, y esa risa sin control nos hizo tranquilizarnos.
Llegamos a su casa, Verónica aparco el coche en el garaje, y nos dirigimos a su piso. Ella me llevo al baño y comenzó a curarme la herida, como yo había visto antes la herida era más aparatosa que grave, me curo limpio y me puso un vendaje, mientras yo le contaba todo lo que me había ocurrido en ese día, lo de Sandra, lo de Oscar, lo que averigüe gracias a Alfonso y lo de la muerte de David. -¿Crees que el que te disparo es Oscar, y que es el que mato a David? –Me pregunto Verónica. –Es muy posible que sí, juro vengarse de nosotros. –En ese momento Verónica apretó un poco más el vendaje y solté un quejido lastimero. –No seas quejica, pero lo que no comprendo es lo que pinta Sandra en todo esto, ¿Quién es ella realmente, porque te mintió sobre la muerte de David? –No la respondí, no tenia respuesta a esa pregunta, llevaba tiempo pensando en ello, pero no le encontraba ninguna lógica.
-Voy a llamarla –Dije decididamente –Tu estas loco, ¿y si esta con Oscar? –Era una posibilidad que tenía en mente, ella me mintió sobre la muerte de David, vino a mi casa a contármelo, tal vez como señuelo para que saliera de casa, o tal vez con otras intenciones, pero no tenía nada mas a lo que aferrarme, sabía que era una mala idea pero ¿que mas podía hacer?
-Juan, pase lo que pase yo pienso ir contigo y estar a tu lado. –Cuando ella usaba ese tono de voz sabía que era imposible decirla que no, dijera lo que dijera o hiciese lo que hiciese ella no me escucharía.
-Como quieras Verónica
Cuando termino de ponerme el vendaje nos dirigimos a la sala, yo me senté en el sofá y Verónica fue a la cocina a preparar algo para comer, me encontraba solo delante del teléfono y tenía la tarjeta de Sandra en mis manos, todavía estaba dándole vueltas a si llamarla o no llamarla, si la llamaba sabía que corría un gran riesgo, pero el no hacerlo me alejaba de cualquier prueba que tenia, cualquier vinculo con la extraña situación que estaba viviendo, verdaderamente era una difícil decisión.





1.
Estaba en la terminal del aeropuerto a punto de coger el vuelo cuando me vino a la cabeza lo que ocurrió hace apenas un par de meses cuando salí de permiso de la cárcel y me dirigí a ver a David, no di con él, pero lo que vi me dejo perplejo, esta vez tenía que evitar a toda costa que ocurriera lo mismo, tenía que llegar a Bilbao antes de que fuera demasiado tarde, esta vez tenía que adelantarme. En ese instante la megafonía indicando que el embarque se produciría en breve me saco de mis pensamientos y me dirigí a la puerta de embarque, ocurriera lo que ocurriera pronto lo averiguaríamos.
2. ARREPENTIMIENTO
Tenía en mis manos la tarjeta de Sandra, la movía ansiosamente de una mano a la otra sin decidirme si llamar o no, me mire el brazo vendado y después de un par de segundo cogí el teléfono y me decidí a marcar el numero de Sandra, empezó a darme señal pero no cogían, cada tono que sonaba era un mundo dentro de mi cabeza, era como si estuviera inmerso en un plano paralelo en el que el tiempo se había detenido, alce un poco la vista y vi como Verónica se acercaba con una bandeja con unas bebidas y algo de comer en ese momento contestaron a la llamada.
-Si que tardaste en llamar Juan, esperaba que lo hicieras antes –Era Sandra, esa voz era inconfundible.
-¿Cómo demonios sabes que soy yo? –mi voz sonaba débil comparado con la firmeza con la que me contesto. –Sencillo, solo tú tienes este número de teléfono, y sabia que llamarías tarde o temprano, perdona la herida del brazo normalmente no suelo fallar.
Yo estaba perplejo, así que la que me disparo fue ella y no Oscar… ahora sí que no sabía que pensar, Verónica noto mi incredulidad dibujada en mi rostro y me miraba fijamente, todavía con la bandeja en sus manos, quieta ante mí sin atreverse a mover un solo musculo, como si estaría paralizada esperando una señal para relajarse.
-¿Por qué tu Sandra? ¿Trabajas para Oscar? Y ¿Quién eres? –escuche una ligera carcajada al otro lado del teléfono –Bueno, son tres preguntas aunque seguramente no las formulaste ordenadamente, pero te las contestare a su debido tiempo, solo ahora responderé a una de ellas –Hizo una pausa, yo estaba ansioso no dejaba de mover mi pierna compulsivamente, era un tic que tenía desde pequeño que aparecía cuando estaba muy nervioso –me preguntas que porque yo, bueno la respuesta es sencilla simplemente Venganza, dulce Venganza –Venganza… pensé… -Así que te manda Oscar para vengarse ¿Es tan cobarde como para no atreverse el? ¿Mataste tú a David? –Al preguntar por David mis nervios desaparecieron y se transformaron en rabia y Ira –Esas son dos preguntas más, las añadiré a la lista, ahora tengo que dejarte, tengo que ir al aeropuerto a recoger a alguien, si quieres conocer las otras respuestas puedes venir a buscarme te quedan 2 horas –Después de decir esa frase colgó el teléfono, yo continuaba inmóvil solo moviendo la pierna, en ese instante note como alguien ponía su mano en mi pierna como queriendo detener el movimiento compulsivo, era Verónica, había dejado la bandeja en la mesa y se había sentado a mi lado sin yo darme cuenta, me miraba tiernamente.
Deje el teléfono en la mesa, me gire a mirarla y al ver esa dulzura y ternura que irradiaba me calme y solo de mis labios salió un nombre Sandra.
Verónica me abrazo fuertemente, el contacto con su cuerpo termino de calmarme completamente, ella me susurro al oído –Permaneceré a tu lado ocurra lo que ocurra, te quiero –En ese momento al escucharla mis labios buscaron el camino hacia los suyos sorteando su mejilla y la bese como hacía años que no la besaba, no recordaba lo que era hacerlo, esos labios, la dulzura con que lo hacía, nos fundimos en un solo cuerpo y estuvimos abrazados unos minutos que parecieron horas, la magia del momento la rompí yo como siempre –En el fondo me arrepiento de lo que ocurrió con David aquel día en León –Ella se separo un poco, sus manos se dirigieron a mis mejillas y dulcemente me giro la cabeza para que sus ojos quedaran a la altura de los míos, y con una mirada penetrante con esos ojos brillantes que denotaban ternura y amor me respondió –Nunca te arrepientas de hacer lo correcto –Nuevamente me beso, yo comencé a llorar por segunda vez ese día.
3.
Nunca me gusto viajar en avión, pero era la forma más rápida de llegar a Bilbao, en poco más de una hora estaría aterrizando, no dejaba de darle vueltas a la cabeza, estaba en el asiento de la ventanilla con la mirada perdida en el vacío, junto a mi estaban sentados dos turistas posiblemente ingleses que no dejaban de hablar y reír y sacar fotos por la ventanilla con la consiguiente molestia que me estaba produciendo, estaba empezando a enfadarme, cuando sonó mi teléfono móvil, era un mensaje de texto.: “Te espero en la salida, Golf negro matricula de Francia, un beso”. Me olvide nuevamente de los turistas y volví a meterme en mi mundo de pensamientos con la mirada perdida observando el cielo nuevamente, en breve esperaba que todo acabara y por fin podría descansar tranquilo pasara lo que pasara.
                                               4. BUSCANDO RESPUESTAS
Después de contarle a Verónica la conversación telefónica mientras comíamos un sándwich, ella se levanto recogió las mesa y se dirigió a la cocina, justo antes de perderla de vista ella se giro me miro y con firmeza me dijo –Vamos entonces, no tenemos mucho tiempo –Yo me quede de piedra al escuchar con que convicción lo había dicho, esboce una ligera sonrisa y continúe mirándola mientras ella se perdía en la cocina.
Cuando salimos de la casa dirección al garaje empecé a sopesar todos los pros y las contras de lo que estábamos haciendo, la verdad es que la lista de las contras era inmensamente superior a la de los pros, solo obtendría respuestas, pero en los contras, después de haberme disparado, después de la muerte de David, después de la llamada…. Al final decidí resumirlo todo, pros, encontrar posibles respuestas, contras, encontrar la muerte….
-¿Y si llamamos a la policía? –lance la pregunta al aire haciéndome la pregunta a mi mismo casi sin querer obtener respuesta, pero la obtuve –No tenemos tiempo de llamar a la policía, ya se abran marchado, y además ¿Qué les decimos? –Verónica tenia razón, llamar a la policía seria una pérdida de tiempo, papeleo interrogatorios, contar una historia que parece de película, era mejor olvidarse de ello.
Nos montamos en el coche pero esta vez me puse yo al volante, en cuanto se abrió la puerta del garaje salí rápidamente dejando un rastro de goma en el suelo por el acelerón, en el trayecto al aeropuerto no nos dijimos una sola palabra, no veía ni señales de tráfico ni pasos de peatones ni semáforos, suerte tuvimos que no nos vio ninguna patrulla de la policía y nos detuviera.
Estábamos ya llegando al desvió que nos llevaría al aeropuerto que se podía vislumbrar a los lejos cuando Verónica cogió mi mano que la tenía sobre el cambio de marchas –Todo saldrá bien Juan, veras que si –Acelere mas.
Cuando llegamos a al parking del aeropuerto bajamos del coche y rápidamente nos dirigimos al interior del aeropuerto, al entrar la megafonía indicaba la llegada de un vuelo procedente de Madrid, Verónica y yo nos miramos, si según suponíamos era Oscar el que vendría tenía que ser en ese vuelo, fuimos rápidamente a la zona donde desembarcaban los pasajeros recién llegados y vimos a una multitud de gente saliendo con su maletas, un par de turistas extranjeros nos parecieron salían hablando alegremente con su equipaje y una cámara de fotos colgada al cuello pero lo que de verdad me hizo fijarme en ellos fue la persona que vi detrás, jamás podría olvidarme de él, era Oscar……
Parecía que tenia la mirada perdida, miraba de un lado a otro como buscando a alguien, en un momento determinado nuestras miradas se cruzaron y él se detuvo, se quedo mirándome durante un largo rato, ninguno de los dos movíamos un solo musculo, ni un solo parpadeo, ni un simple gesto, Verónica apretó mi mano fuertemente.
Junto a mi pasaba la gente con sus maletas, abrazando a su familiares y amigos, un constante murmullo se escuchaba en toda la sala pero yo no oía ni veía nada, solo a él, entonces vi que nuevamente empezó a caminar, se dirigía hacia donde estábamos nosotros, al llegar a mi altura se detuvo nuevamente –Juan, cuánto tiempo –En cuanto termino la frase yo me deshice de Verónica que tenía mi mano aprisionada y me lance contra Oscar, estaba fuera de control, dentro de mi solo existía la rabia la ira, lance un puñetazo que impacto contra su rostro, Oscar cayó al suelo al recibir el impacto y comenzó a sangrar por el labio, en ese instante cuando estaba a punto de tirarme sobre el Verónica me agarro, Oscar no intento levantarse, simplemente estaba sentado en el suelo mirándome, un guardia de seguridad se lanzo contra mí en ese instante Oscar hablo nuevamente –Suéltale, no hizo nada, ha sido un accidente –El guarda de seguridad continuaba encima mío sin saber qué hacer, estaba perplejo –¡Suéltalo te digo! –Como si de la orden de un superior se tratara el guardia de seguridad me soltó, y sin saber como actuar decidió perderse entre el gentío que miraban atónitos la escena ocurrida poco antes.
-Juan, tengo que avisarte de algo –Al terminar la frase se incorporo y soltó une escupitajo rojo por la sangre de la herida –¡Avisarme! ¿Te parece poco aviso a ver intentado matarme y a ver matado a David? –yo también me había incorporado, Verónica esta vez estaba fuertemente agarrada a mí.
-Te confundes de persona Juan –No sabía ni porque estaba hablando con él, no sabía como no había vuelto a golpearle, no sabía como no había intentado matarle en ese mismo lugar, pero su tono de voz parecía sincero y algo me detenía a actuar.
-Te contaría todo, pero tengo algo pendiente y me están esperando y si tu estas aquí seguro que a ti también, acompáñame –Mire a Verónica y ella asintió con la cabeza, continuaba sin saber porque no actuaba, pero solo fui detrás del, dirección al aparcamiento. Oscar se dirigió hacia un coche negro que estaba aparcado algo alejado del resto, yo me detuve unos metros antes mire a Verónica y la solté de mi mano –No sé que ocurrirá, pero te pido por favor que te quedes aquí que no te alejes, y si ocurre alguna cosa corras a avisar a alguien –Ella me miro estupefacta -¡Tu estás loco! ¿Te crees que voy a quedarme aquí como un pasmarote mirando lo que pasa? –Si Verónica, te lo pido por favor y no admito replica –En cuanto termine la frase me dirigí hacia Oscar, no mire atrás pero sabía que Verónica me haría caso y no vendría, al llegar a la altura del coche vi a Sandra sentada donde el conductor esbozando una sonrisa, la primera vez que la vi me pareció una de las mujeres más hermosas que jamás había visto, ahora solo veía a una mujer que intento matarme, toda la belleza que tenia se esfumo hace tiempo.
-Me alegra veros a los dos aquí, Juan ¿No le dices a tu amiga que se acerque? –No metas a Verónica en vuestro juego, quiero respuestas Sandra, y las quiero ahora –Sandra me miro, se notaba que le divertida la situación –Veo que no has llamado a la policía, ni has intentado terminar con Oscar, se te nota tranquilo, me parece bien sabia que sería así, no te infravalore, siempre tan sereno en los momentos difíciles, siempre tan tranquilo, como en el juicio del asesinato de mi hermano –Yo me quede callado intentando asimilar todo aquello, el asesinato de su hermano… ¿Sería posible que esta mujer fuera la hermana del militar que David mato? Mire a Oscar buscando una respuesta a una pregunta que formule con la mirada pues no podía siquiera articular palabra, Oscar me miro también y comprendió la pregunta muda que le hice –Si, es cierto Juan, yo te lo contare todo…..
Yo estaba perplejo sin saber cómo actuar, tenía ante mí a los asesinos de mi amigo y a las personas que quisieron terminar con mi vida y ni siquiera me plantee la posibilidad de llamar a la policía ni de intentar terminar con ellos, el ser humano es curioso por naturaleza pero algo dentro de mi me decía que había alguna cosa más.
-Cuéntamelo ya Oscar, y quiero saber toda la verdad –Mire a Oscar que estaba totalmente quieto sin dejar de mirar a Sandra como si esperara algún movimiento y no quisiera que le pillaran desprevenido. Oscar sin dejar de mirar a Sandra empezó a contarme la historia.
-Veras Juan, conoces parte de lo que ocurrió cuando estábamos de maniobras en León, pero no conoces toda la verdad, el guardia a quien David mato trabajaba para nosotros, aquella noche no tenía que haber salido nada mal, estaba todo bien preparado y todos los cabos atados, pero David… -En ese momento se detuvo como queriendo coger aire –David que… -Le dije ayudándole a que continuara con la historia –El quería mas, el organizo todo el plan y le pudo la codicia y cuando vio que se acerco nuestro socio no sé porque le disparo, yo no sabía cómo actuar, pensé que me dispararía a mi también así que corrí lo mas que pude, el resto de la historia ya la conoces –Me costaba creer lo que acababa de escuchar ¿Davis un asesino? No daba crédito a lo que estaba escuchando, en ese momento Sandra nos interrumpió.
-Ese guardia se llamaba Ricardo, y era mi hermano, yo sabía toda la verdad, y cuando fui al juicio y vi la tremenda farsa que se acababa de montar, tu mintiendo, Oscar en la cárcel y David libre, jure vengarme de vosotros –Unas lagrimas empezaron a recorrer sus mejillas, sus hermosos ojos rasgados se enrojecieron, yo continuaba sin poder hablar.
-Cuando estaba en la cárcel recibí la visita de Sandra varias veces, yo estaba encolerizado por lo que había pasado, yo no mate a nadie pero cargué con las culpas, durante muchos años quise vengarme, planee todo con Sandra pero algo que sucedió en presidio me hizo cambiar y toda la rabia y todas las ganas de venganza y sangre que tenia se diluyeron, yo no mate a Ricardo, pero si actué mal y sabia que tarde o temprano acabaría aquí, intente avisaros de los planes de Sandra, pero no recibí respuesta, cuando salí de permiso y fui a avisar a David ya era tarde, la primera parte del plan estaba terminada –Oscar continuaba mirando en todo momento a Sandra.
Sandra había dejado de llorar y ahora miraba fijamente a Oscar –Si, tú me traicionaste, pero no pudiste evitar la muerte de David, tampoco podrás evitar la de Juan y acabo de añadirte a mi lista también, llevo muchos años preparándome para este momento y ni tu ni nadie podrá evitarlo –En menos de un segundo escuche una detonación y vi como Oscar caía al suelo, le mire y vi una mueca surrealista dibujada en su rostro, la bala le alcanzo en la cabeza y un chorro de sangre como si de una fuente se tratara manaba de su herida, al girarme donde Sandra nuevamente escuche otra detonación, el pecho me empezó a arder y la visión se me volvió borrosa en un instante, me lleve las manos a la herida, no sentía mas que un ardor dentro de mí como si me quemaran las entrañas, caí de rodillas apoyando mi cabeza contra la puerta del coche, notaba como mis manos se empapaban de un liquido viscoso y cálido, no me cabía ninguna duda de que era sangre, mi sangre, en esos momentos como si la paz me invadiera supe que moriría, Sandra arranco el coche y salió a toda velocidad, en ese momento al perder el apoyo del coche caí al suelo boca abajo, no podía hablar, no podía ver y casi no podía escuchar, simplemente mi cerebro funcionaba a máxima velocidad y miles de recuerdos y imágenes se me agolpaban en la cabeza, note como alguien me abrazaba, escuche tímidamente unos llantos y pedían auxilio, supuse que sería Verónica, quería hablar, decirla que la amaba decirla que no se preocupara que estaría bien, pero no pude, en esos momentos deje de sentir, ya no oía, ni veía ni notaba nada, simplemente paz y oscuridad.
FINAL
La policía logro atrapar a Sandra con la ayuda de Verónica, fue juzgada por 3 homicidios con premeditación y pasaría la mayor parte de su vida en la cárcel, yo por suerte pude sobrevivir aunque quede postrado en una silla de ruedas para el resto de mi vida, pero al menos pude escribir mis memorias, en ningún momento Verónica se separo de mi lado, tal vez esta no sea la mejor historia que pueden leer, tal vez el final parezca absurdo ¿Pero acaso la vida no lo es muchas veces? Ahora que aprendí la lección puedo decir sin lugar a equivocarme:
“La vida nunca es justa y las decisiones que tomas en ella terminan pasando factura, tarde o temprano los fantasmas del pasado vuelven a aparecer para saldar sus cuentas y cobrarse lo que un día lograste evitar pagar”