Dicen que el cementerio está lleno de
valientes, y seguramente es cierto, los valientes duermen el sueño eterno y los
cobardes les lloramos y llevamos flores. No sé si tendrá algo genético el ser
cobarde o valiente, no sé si la valentía es valentía o es tontería, y no estoy
totalmente seguro que la cobardía sea una vergüenza, todo depende del momento y
la situación supongo.
Yo puedo incluirme en el género de los
cobardes, nunca he estado en una guerra así que no se si podría lanzarme yo
solo contra los enemigos a pecho descubierto para salvar a un compañero que ha
sido herido, pero si estoy convencido que ante la vida he adoptado el camino de
la cobardía y el del síndrome de avestruz, esconder la cabeza hasta que pase el
temporal y cuando pase el temporal ya veremos, pero todo eso estaba a punto de
cambiar.
Serian las nueve de la mañana cuando me
levante sobresaltado al escuchar que llamaban al portero automático
compulsivamente, normalmente paso de cogerlo y hago como que no hay nadie en
casa, total siempre es lo mismo, el cartero, propaganda, o acreedores, no es
que mi vida social sea muy activa, pero esta vez no dejaban de tocar el timbre,
así que no me quedo más remedio que levantarme con muy mala leche para ver
quien estaba llamando de esa manera. - ¿Quien coño molesta? - Mi tono de voz no
era para nada conciliador.
-¿Eres Juan? -La mujer que contesto tenía una
voz dulce.
- Sí, soy yo, ¿Que quieres?, espero que
después de tanto molestar sea algo importante.
-No sé si será importante o no, vengo de parte
de un amigo en común, ¿podría subir?, la verdad es que estar aquí abajo
manteniendo una conversación no es muy cómodo.
No me apetecía una mierda que subiera nadie a
casa, y menos alguien que no conocía, la verdad es que desde hace un tiempo me
volví un antisocial y solo quería soledad a mi alrededor.
-Mira, te voy a ser sincero, no sé quién eres,
debería ser muy buen amigo ese que dices para que te abra, así que tendrás que
decirme algo mas para convencerme o decir adiós y dejarme tranquilo. -Mi tono
de voz eras mas de capullo que de borde y estaba a punto de colgar el
telefonillo de casa cuando ella dijo solamente una frase.... -Me manda David
-Al escuchar ese nombre no lo dude y abrí.
La casa estaba desordenada y yo parecía un
zombi recién salido de la tumba por el aspecto que tenia, pero la verdad es que
me dio lo mismo, David era un amigo de la infancia, mi mejor amigo, y
seguramente mi único amigo, hace años que no nos veíamos, pero eso no
importaba, siempre estaba presente en mi vida y cada vez que nos veíamos era
como si no hubiera pasado ni un solo día desde la última vez que nos veíamos, y
si ella venia de parte de David es que algo sucedía. Estaba en mi mundo
recordando a David y el que pasaría cuando el timbre de la puerta me saco de
mis pensamientos y me dirigí a abrir, pero al estar frente a la puerta decidí
mirar antes por la mirilla.
La verdad es que la mujer que estaba al otro
lado era espectacular, era morena de pelo largo, las facciones de su rostro la
hacían parecer asiática, aunque no lo era, tenía los ojos rasgados, eran de
color miel, sus labios eran muy sensuales y el maquillaje que llevaba era
suave, nada de tonos chillones ni fuertes, iba vestida formalmente, tipo
ejecutivo, con unos pantalones tipo dockers negros y una camisa lisa de manga
larga blanca, la verdad es que aún con esa formalidad se podían distinguir sus
curvas y el hermoso cuerpo que tendría. Demasiado tiempo sin una mujer pensé en
el mismo momento en el que ella volvió a tocar el timbre de la puerta y rompió
mi momento voyeur cutre de mirilla de puerta, así que la abrí.
-Buenos días –Me dijo ella con una sonrisa que
abría ablandado a cualquier persona y abría logrado destensar cualquier situación,
pero claro, yo no era cualquiera.
-Si tú lo dices serán buenos, para mí de
momento no han comenzado muy bien, dime, que quieres.
-Bueno, veo que te he molestado, pero no voy a
disculparme, como te he dicho vengo de parte de David…. –En ese momento le
corte. –Sí, lo dijiste antes y ese es el motivo de que este aquí delante de ti
con unas pintas horribles, con sueño y con muy mala leche, así que espero que
sea importante. –Cualquier otra persona me abría mandado a la mierda y se abría
dado media vuelta, al menos yo lo abría hecho, pero ella permanecía delante de mí
con la sonrisa más amplia si cabe, como si la situación le pareciera graciosa
en vez de incomoda.
-Te lo contare con mucho gusto, pero ¿me
permites pasar? –La mire de arriba abajo, y me retire de la puerta, y la hice
un gesto con la cabeza indicándole que entrara, y cuando ya estaba en la casa cerré
la puerta, al cerrarse dio un portazo que hizo que ella se sobresaltara, tengo
que reconocer que no lo hice aposta, pero también admito que me pareció justo
el susto que se dio a cambio de haberme importunado.
-Bien, la verdad es que no se ser muy
hospitalario, pero pasa y siéntate, ¿Quieres un café?
-Gracias Juan, pero no me apetece ahora, y no
te preocupes, ya me conto David que eres…. peculiar, por llamarlo de alguna
manera. –Ella se dirigió a la sala y se sentó en el sofá con suavidad como si
temiera romperlo.
-Bien, y ahora que ya estás aquí y veo que
conoces como me llamo, dime, ¿Quién eres, y porque vienes?
-Discúlpame que no me haya presentado antes,
me llamo Sandra, y conozco a David desde hace un par de años aproximadamente, estuvo
saliendo con mi hermana una temporada y ya en aquellos momentos nos hablaba de
ti….. –Yo me estaba impacientando.
-Si si, vale, eso me parece bien, sé que soy
un borde y lo admito, así que te pido que vayas al grano.
-Bien, tienes razón, David me conto que tu
eres su mejor amigo, el me dijo que si le pasaba alguna cosa algún día que
acudiera a ti porque tu sabrías que hacer.
-¿Pasarle alguna cosa? ¿Está bien David? –Ella
me miro fijamente y la sonrisa desapareció de su rostro. –David…. Ha muerto.
Miles de recuerdos me vinieron a la cabeza, el
cómo nos conocimos en el colegio, como empezamos a vivir la vida y salir de la inocencia
de la infancia, las primeras borracheras, los primeros líos de faldas, cuando
hicimos el servicio militar…. Siempre juntos casi sin separarnos como dos
hermanos siameses y ahora…. Ahora me dicen que ha muerto, en otra situación abría
llorado desconsoladamente, pero en estos momentos estaba vacía por dentro, no
me quedaba ni una lagrima que ofrecerle. –Como es posible, ¿Qué le ha pasado?
–Mi tono de voz cambio radicalmente.
-Fue hace una semana, se dirigía al trabajo
cuando sufrió un accidente de tráfico. –Hizo una breve pausa como queriéndome
dar la noticia despacio para que no me atragantara. –No murió en el acto, le
llevaron a urgencias y fue allí donde pronuncio sus últimas palabras
preguntando por ti.
-Pero no lo comprendo, ¿Por qué no me dijeron
nada antes sus hermanos, porque no se pusieron en contacto conmigo, porque eres
tú la que has venido a contármelo?
-Bueno, yo quería mucho a David, y no sé
porque no se pondrían en contacto sus hermanos contigo, supongo que fue por lo
que ocurrió hace años, pero yo he venido porque pensé que tenías derecho a
saberlo. –Hace un par de años yo estaba con mi pareja y fuimos a visitar a
David a Madrid que es donde vivía en aquellos momentos con su familia, en una
noche algo confusa de diversión tuve algunos problemas con su hermano mayor y
la cosa termino en comisaría, siempre aviamos tenido problemas y la familia de
David siempre había pensado que yo era una mala influencia para su hijo por eso
se mudaron de Bilbao a Madrid.
-Te lo agradezco Sandra, pero podías haberme
llamado, o mandado una carta, o no sé, ¿Por qué venir directamente? –Yo sabía
que había alguna cosa más detrás de todo aquello, algo dentro de mi me decía
que no me estaban contando toda la verdad.
-Veras Juan, David nos conto la aventura que
tuvisteis en la mili con el contrabando de droga, y que su familia pensaba que
eras tú el culpable, pero él nos conto la verdad y el cómo lograste sacarle de
todo aquello, y he venido porque creo que el accidente no ha sido casual, creo
que ha sido provocado y creo que ha sido consecuencia de aquel pasado. –Ella me
miro con una mezcla de preocupación y de ternura. A lo que se refería con el
asunto del contrabando paso hace mas 20 años cuando hicimos el servicio militar
en León, así que me parecía extraño lo que me estaba contando. –Aquello sucedió
hace más de 20 años Sandra, que te hace pensar que no fue un accidente y que
todo viene de aquellos tiempos.
-Hace un mes y medio que Oscar salió de la cárcel
y fue a visitar a David, pude ver el coche como había quedado, y me conozco la
carretera por la que circulaba y conociendo como conducía no me creo que en ese
tramo de carretera hubiera tenido ese accidente a no ser que abría tenido algún
problema en el coche. –Yo no dejaba de mirarla a los ojos mientras escuchaba
cada palabra de lo que ella me decía, y al escuchar el nombre de Oscar me
vinieron a la cabeza nuevamente recuerdos de aquellos tiempos, y de cómo por
culpa nuestra se había pasado los últimos veinte años vagando de cárcel en
cárcel, y ahora estaba en libertad, las cosas como las contaba Sandra empezaban
a encajar, volví a hacer memoria para recordar todo con más detalle.
Hace veinte años estábamos haciendo la mili en
León, éramos casi de los últimos que la hacíamos obligatoriamente y la verdad es
que nos venía muy bien salir del entorno que nos rodeaba y cambiar de aires,
David y yo nos alistamos juntos y elegimos ambos el mismo destino con la suerte
de que nos toco juntos. Los primeros meses de aclimatación fueron durillos,
pero como todos los novatos o como les decían en el cuartel como todos los
chivos.
Después de la jura de bandera todo cambio, por
nuestra forma de ser nos metimos en más de un lio, y David en uno de esos fines
de semana de arresto se hizo amigo de un Gallego que se llamaba Oscar, tenía
fama en el cuartel por poder lograr cualquier cosa que le pidieras, desde unas
simples botas hasta un poco de coca para llevar mejor las guardias o para los
días que bajábamos de fiesta a la capital, también tenía fama de haber dado más
de una paliza a alguno que se quería pasar de listillo y no pagarle, y se
comentaba que incluso los mandos lo respetaban porque le debían más de un
favor, a mi no me gustaba demasiado pero se ve que se hizo buen amigo de David.
Yo veía que cada día que pasaba la cosa degeneraba
en algo más grave, siempre habíamos consumido alguna cosa, un poco de marihuana
para relajarnos, alguna pastilla cuando salíamos de permiso, pero él empezó a
trapichear con ello, le pedía la mercancía a Oscar y él se encargaba de
venderla, al principio pequeñas cantidades, pero la cosa fue aumentando
progresivamente a medida que la confianza entre ambos iba creciendo, yo intente
hablar varias veces con David, pero siempre me decía que no pasaba nada, que
estaba todo controlado, y que no quería pasarse unos meses sirviendo en el
cuartel sin sacar beneficio, yo me fui alejando cada vez más porque aquella situación
no iba conmigo pero sin dejar de vigilar a mi amigo por si volvía a meterse en
problemas.
Un día que fuimos de maniobras a un pueblo de
Albacete la cosa se salió de madre, en uno de esos chanchullos un policía
militar paso por casualidad por donde andaban Oscar y David recogiendo unos
paquetes que les habían dejado a las afueras del acuartelamiento, el policía se
acerco a ver qué estaba pasando, era de noche y no sé qué ocurriría exactamente
pero al darse cuenta de lo que hacían el policía les dio el alto y sin venir a
cuento Oscar saco una pistola y de dos disparos termino con la vida del pobre
muchacho, yo estaba durmiendo en mi litera cuando David me despertó muy
nervioso. –¡Juan, Juan! Tienes que ayudarme, ha ocurrido una cosa increíble.
-Joder David, son las 3 de la mañana, que ha
pasado ahora. –Yo no podía ni abrir los ojos así que en cuanto me desperece un
poco y pude abrirlos vi la cara de pánico que tenia. –David…. ¿Qué ha pasado?
-Oscar a matado a un guardia, se acerco a
nosotros cuando estábamos recogiendo unos paquetes y sin mediar palabra le pego
dos tiros, nos anda buscando toda la guardia del cuartel, tienes que ayudarme.
–Yo no daba crédito a lo que escuchaba pero decidí ayudarle como siempre, le dije
que se metiera en su litera y no dijese nada, al cabo de un par de horas la luz
del barracón se encendió y entraron cuatro policías militares armados y
cogieron a David, se ve que Oscar le había delatado al ser pillado, yo ya lo tenía
todo pensado, así que en el juicio yo declare que David había pasado toda la
noche durmiendo en el barracón que yo daba fe de ello, por suerte yo era un
buen mentiroso y el juez militar me creyó, y solo le cayeron tres años de cárcel
por tráfico de drogas, y a Oscar una condena de dieciséis años por asesinato y tráfico
de drogas, años que se convirtieron en veinte por las movidas que tuvo dentro
de la cárcel, nunca me perdono el haber mentido en el juicio, y menos perdono a
David el haber declarado en su contra y haber logrado un trato con el juez para
reducir su conceda si contaba todo lo que sabía. David solo estuvo en la cárcel
diez meses, pero cada mes durante seis años tanto él como yo recibíamos una
carta desde la cárcel que nos enviaba Oscar para que no olvidáramos que nos
recordaba. Con el tiempo nos acostumbrábamos y ya ni las leíamos, por suerte
nuestras vidas se encauzaron, trabajos decentes, novias, una vida más
tranquila, y el odio de la familia de David pensando que todo aquello fue por
mi culpa.
Así que al escuchar el nombre de Oscar por
boca de Sandra, las cosas empezaban a cobrar sentido, y lo que es peor, si de
verdad sucedió como ella sospechaba yo sería el siguiente, la pena que sentía
por la pérdida de mi amigo se fue transformando en miedo y en inseguridad.
Yo desde hace un año que lo deje con mi novia
no había casi salido de casa, el ordenador, internet, mi perro y mi depresión
eran mi vida, no tenía trabajo, no salía más que para hacer compras, y llego un
momento en que me habitué y me deje llevar por la vida, pero al escuchar todo
aquello algo debió encenderse o arreglarse en mi cabeza porque todas las
preocupaciones y angustias que sentía desaparecieron y nuevamente tenía ganas
de salir, aunque me temía que esas ganas eran de huida más que de otra cosa.
-Sandra, gracias por venir a contármelo, pero
sabes que si eso es cierto el siguiente puedo ser yo, te agradezco que vinieras
hasta aquí para contármelo, pero igual no es seguro que permanezcas más tiempo
aquí. –Ahora sí que mi tono de voz era dulce y condescendiente, toda la
brusquedad y el escepticismo del principio desaparecieron, y dieron paso a un
sentimiento de cercanía y de confianza.
-Lo sé Juan, por eso vine, porque quería
avisarte y decírtelo directamente, si necesitas cualquier cosa, si puedo
ayudarte en alguna cosa…. –No la deje terminar la frase. –Te lo agradezco, pero
tengo que salir de aquí y enterarme bien de lo que ha pasado, si tienes razón
no quiero que te inmiscuyas en todo este asunto y puedas tener problemas, hoy
mismo saldré hacia Madrid para enterarme de primera mano de todos los detalles.
Ella no dijo nada mas, simplemente asintió con
la cabeza, me miro tiernamente y se acerco a mí y me dio dos besos, yo no hice
nada para rechazarla, ni siquiera me levante del sofá, ella sin decir una sola
palabra más se dirigió a la puerta y desapareció sin decir adiós.
En cuanto me repuse un poco me dirigí al
ordenador y mande un mail a un amigo que trabajaba en un periódico de tirada
nacional en la sección de sucesos que me debía algún favor.
-Alfonso, soy Juan, necesito tu ayuda, quiero por
favor que me busques toda la información referente a un accidente de tráfico
que ocurrió hace una semana más o menos en la M-537 a la altura de
Valdemaqueda, el coche es un Golf negro, mándame todo lo que encuentres y sé
que tú tienes mano con tráfico, así que todo es todo, con esto damos por
saldada nuestra deuda.
Después de mandar el correo a mi amigo me fui rápidamente
a vestir e hice las maletas apresuradamente, mi cuerpo era una mezcla de rabia
y de miedo a partes iguales, todavía trataba de asimilar lo que Sandra me había
contado sobre David…. El ya no estaba, y aunque mi instinto me decía que escapara
algo dentro de mi me animaba a investigar que había ocurrido.
Cuando me encontré con todo listo y la puerta
de mi casa abierta me gire y note una frialdad en la casa como antes nunca había
notado, como si hiciera mucho tiempo que me había marchado, un pequeño escalofrió
recorrió mi cuerpo, entonces cruce el umbral y cerré la puerta tras de mí.
Cuando llegue al portal de casa y puse un pie
en el suelo los nervios se apoderaron de mi todavía más si es que eso era
posible, pero no tenia vuelta atrás, no quería tenerla, tenía que averiguar lo
que había ocurrido, me dirigí a la boca del metro que se encontraba a cinco
minutos de mi casa cuando detrás de mi escuche a alguien llamándome.
-¡Juan, Juan! –La voz era de una mujer, parecía
alterada por alguna cosa y no dejaba de llamarme desesperadamente, al girarme
para ver quién me llamaba la vi, era Verónica a la que hacia un par de años que
no veía. –Verónica, ¿qué te ocurre? ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Estás bien? –Verónica
era morena de pelo muy rizado, al correr parecía que llevaba cientos de
pequeños muelles que se movían alegremente, sus labios que normalmente
dibujaban una inconfundible sonrisa eran carnosos y siempre apetecibles,
siempre la decía que tenía unos labios perfectos para ser besados.
-No lo sé Juan, dímelo tu –Estaba ya delante
de mí, se la notaba fatigada por la carrera y la costaba hablar. –Mira lo que
me dejaron en el buzón. –Verónica saco de su bolso un pequeño sobre que me
entrego, en el remite solo se leía el nombre de Verónica, cuando fui a coger la
carta de su mano note que estaba temblorosa, sus pequeñas manos sensuales pocas
veces temblaban de esa forma. Verónica y yo tuvimos una relación hace mucho
tiempo, y la conocía bien, era fuerte, valiente, un terremoto, y pocas veces en
mi vida la vi nerviosa o tan asustada como para temblar de esa forma.
Cogí la carta y como si de una descarga eléctrica
se tratara al contactar con su mano yo también me puse nervioso, supongo que sería
por verla a ella así, o tal vez por la situación tan extraña que estaba
viviendo ese día, abrí la carta y saque un folio en él había un pequeño texto
escrito a ordenador.
“Verónica, saludos, soy David, ¿te acuerdas de
mí?:
Te parecerá extraño que te escriba, se que de jóvenes
no nos llevábamos muy bien, pero sé que quieres mucho a Juan, tengo que
contarte una cosa y pedirte un gran favor.
Creo que ya sabes algo de lo que ocurrió en Albacete
con Oscar y conmigo, tengo que confesarte una cosa, Oscar no fue quien mato a
ese hombre, fui yo, nunca saque valor para decírselo a Juan pero tenía que confesártelo
antes de mi adiós, quiero que seas tú quien se lo cuente, quien le entregue
esta carta, Oscar era inocente, y nunca pude vivir tranquilo con esa carga a
mis espaldas.
Cuando recibas esta carta, yo ya no estaré,
tengo que acabar con mi sufrimiento, dile a Juan que le quiero y siempre le he
admirado, lo sé, soy un cobarde y no soy capaz de decírselo yo mismo. Dile que
me perdone por lo que voy a hacer, muchas gracias Verónica, cuida de Juan.”
Yo…. No sabía cómo actuar, no dejaba de releer
la misma frase una y otra vez “Oscar no fue quien mato a ese hombre, fui yo”,
pero no era capaz de sentirme engañado, sentía tristeza y dolor por mi amigo,
por David, no podía creer lo que leía, no quería asimilar esa verdad.
-Y… ¿y si es Oscar quien ha escrito esta carta
y te la ha enviado? –Le pregunte con la voz entrecortada a Verónica… como
buscando una excusa que exculpase a David.
-Juan, yo no conozco a Oscar, dudo que él
pueda saber de mi, y menos donde vivo y mucho menos lo de nuestra infancia y lo
mal que nos llevábamos, pero Juan, ¿que está pasando? ¿Que ocurre?.
Yo continuaba agarrando la carta y no dejaba
de mirarla, ya solo veía letras borrosas porque tenía la mirada perdida. –David
a muerto, lo he sabido hoy, en un accidente de coche pero….. –Le conté la
extraña visita que había tenido en la mañana, le conté las sospechas sobre
Oscar por lo que Sandra me conto.
-Juan… lo siento….. –Verónica me cogió de la
mano y acto seguido me abrazo, en ese momento hice lo que tenía ganas de hacer
desde hace mucho pero siempre me guarde para mi, llore desconsoladamente, como
un niño al que rompen su juguete favorito, jamás en mi vida llore tanto, Verónica
cada vez me abrazaba con más fuerza.
LIBERTAD
Veinte años…. Veinte años encerrado y por fin
puedo disfrutar de la luz del sol, de la brisa que al golpearme no se corta por
los barrotes de la prisión, por fin podría hacer lo que tanto tiempo soñé que haría,
por fin podría llevar a cabo lo que tantos años soñé.
Mi juventud no fue la de un niño perfecto, yo
era conflictivo y seguramente habría terminado aquí encerrado tarde o temprano,
pero estos veinte años no, yo era inocente, ahora me toca a mi mover ficha.
Me gire y ante mi vi la enorme cárcel que fue
mi casa los últimos años, me despedí de ella, sabía que pronto volvería, pero sabría
que si lo hacia esta vez era porque me lo merecía, y en el fondo tenía ganas de
volver a entrar, eso quiere decir que mi venganza habría sido ejecutada, estaba
absorto en mis pensamientos cuando el claxon de un coche me saco de mi trance,
era un taxi.
-Buenos días, ¿a dónde?
-Buenos días, al aeropuerto, tengo un vuelo dirección
a Bilbao que sale en tres horas, ¿me dará tiempo?
-Por supuesto, claro –El taxi arranco y yo volví
a mi trance… venganza.
UNA DIFICIL DECISION
Después de la noticia que acababa de tener no sabía
cómo actuar, Verónica continuaba abrazándome y yo más calmado ya empecé a
pensar en si ir a Madrid o si dejar correr el asunto después de lo que acababa
de leer, estaba dando vueltas a la cabeza cuando sonó mi teléfono, era un
correo, era de Alfonso.
“Juan, recibí tu correo, te envió el archivo
del caso con todos los datos, pero la verdad es que es muy extraño lo que descubrí,
espero que te sirva de alguna cosa, y recuerda ya estamos en deuda, hasta
pronto.”
El correo venia con un archivo, al abrirlo vi
que era un informe policial que contenía datos del accidente, datos de la
autopsia y muchas cosas que no comprendía por los términos en los que hablaban,
pero un pequeño detalle sí que llamo mi atención, “la victima a sufrido
contusiones graves, ha sido llevado a urgencias, pero no se teme por su vida.”
Algo no me cuadraba en todo esto, según Sandra
le llevaron al hospital moribundo, y murió en urgencias, pero el informe de
atestados no dice lo mismo, pero… y entonces ¿Porque viene un informe forense
en los archivos, y porque Sandra me ha mentido? Algo estaba empezando a oler
muy mal en todo aquello, Verónica al ver mi cara de desconcierto no se atrevió
a preguntar nada, simplemente permanecía mirándome, junto a mí.
Abrí el informe forense y lo que leí termino
de convencerme de que aquello tenía poco sentido.
“La victima murió por asfixia, se a comprobado
que la máquina de respiración fue desconectada y las marcas en el pecho de la victima
demuestran que alguien se las hizo después de muerto”
Al llegar a esa parte del informe vi una
pequeña foto, al ampliarla me di cuenta de que era el cadáver de David, tenía
una serie de cicatrices en su pecho, al fijarme mejor en ellas pude leer con
meridiana claridad la palabra “Venganza”, yo me horrorice al verlo, Sandra me había
mentido pero entonces…..
-¡Juan, cuidado! –Grito Verónica enloquecida,
en ese momento levante la vista del teléfono y escuche una detonación, note
como algo atravesaba la carne de mi brazo, note una quemadura muy fuerte y el teléfono
cayó al suelo, Verónica estaba agachada gritando histéricamente, me toque el
brazo y note como la sangre brotaba de la herida con fuerza, como si abrían
abierto una presa, instintivamente apreté la herida fuertemente con mi mano y
me agache, justo en ese momento escuche otra detonación, vi detrás de mí como
saltaban los cristales de un escaparate, si no me abría agachado habría muerto,
alguien desde un coche en marcha estaba disparándome
-¡Que está pasando! –Gritaba Verónica mientras
lloraba. –No lo sé, no sé que está ocurriendo pero estoy herido ¿Estas bien Verónica?
–Verónica al escuchar que estaba herido me miro el brazo, dejo de llorar en
esos momentos y saco de su bolso un pañuelo y me lo ato alrededor del brazo
haciendo un torniquete, la sangre ya no salía tan virulentamente.
-Tenemos que ir al hospital ahora mismo Juan,
estas sangrando mucho. –Era increíble la fuerza que tenia Verónica, de estar
llorando desconsoladamente paso a tener un aplomo en la voz y una fuerza como
nunca antes se la había notado.
Al de pocos segundos escuchamos como el coche
dese el que no habían disparado se alejo apresuradamente al escuchar el sonido
de las sirenas de la policía, nosotros continuábamos agachados, Verónica no
dejaba de apretar mi brazo y de cerciorarse de que el torniquete funcionara y
no continuara perdiendo sangre.
Ahora ya que estaba todo más calmado, me
incorpore levemente y me mire la herida, por suerte me di cuenta de que era una
herida limpia, fue más la espectacularidad de la sangre saliendo, que la herida
en sí, así que me calme y tranquilice, en mi cabeza solo existía un nombre en
esos momentos Oscar, no podía ser nadie más, empecé a encajar las piezas, la
palabra venganza en el pecho de David y ahora el querer terminar con mi vida,
pero lo que no entendía es lo que pintaba Sandra en todo esto…..
-Parece que ya ha pasado el peligro, voy a
llamar a una ambulancia –Después de decir eso Verónica saco su teléfono de su
bolso, en ese instante yo la sujete la mano. –No, Verónica, no llames a nadie,
la herida es superficial, algo aquí no me encaja, te contare lo que averigüe
sobre David y me entenderás, pero no vamos a ir al hospital. –Después del
accidente de David y su muerte en urgencias asesinado, no me atrevía a ir al
hospital por si corría la misma suerte.
-Vamos a tu casa Verónica. –Ella me miro
fijamente, como queriendo convencerme de lo contrario, una mirada severa con
esos hermosos ojos color avellana.
-Por favor… Verónica…. Confía en mí –Esas
palabras terminaron de convencerla.
-Está bien, pero espero que la explicación
merezca la pena –Recogió mi teléfono del suelo y se lo guardo en el bolso, me
ayudo a levantarme y nos dirigimos a su coche.
La herida del brazo me ardía, pero por suerte
la sangre había parado de salir el torniquete había funcionado, entramos en su
coche y ella condujo hasta su casa.
Verónica vivía en un pueblo cercano al mío, a
unos 35 kilómetros, durante el trayecto hasta su casa no nos dirigimos ni una
sola palabra, ambos estábamos nerviosos y intentando asimilar lo que acababa de
ocurrir hacia nada, era un silencio tenso, yo mire a Verónica, era la mujer más
hermosa que había conocido nunca, no tanto por los rasgos de su rostro, sino
por la fuerza y la energía que trasmitía, y sobre todo por su gran corazón, no
pude evitar esbozar una sonrisa.
-¿De qué te ríes ahora? –Me dijo ella enfadada
-No me rio, simplemente estoy feliz, feliz de
que estés a mi lado en estos momentos.
Ella quería hacerse la dura le costó aguantar
pero al final sus carnoso labios dibujaron esa sonrisa hermosa que tantas veces
he admirado. –Después de lo que acaba de ocurrir y se te ocurre decirme eso,
anda tonto, ¿Estas bien?
-Muy bien Verónica, ya puedo presumir de
cicatriz. –Ambos nos reímos tontamente, estaba claro que acabábamos de soltar
toda la tensión acumulado minutos antes, y esa risa sin control nos hizo
tranquilizarnos.
Llegamos a su casa, Verónica aparco el coche
en el garaje, y nos dirigimos a su piso. Ella me llevo al baño y comenzó a
curarme la herida, como yo había visto antes la herida era más aparatosa que
grave, me curo limpio y me puso un vendaje, mientras yo le contaba todo lo que
me había ocurrido en ese día, lo de Sandra, lo de Oscar, lo que averigüe
gracias a Alfonso y lo de la muerte de David. -¿Crees que el que te disparo es
Oscar, y que es el que mato a David? –Me pregunto Verónica. –Es muy posible que
sí, juro vengarse de nosotros. –En ese momento Verónica apretó un poco más el
vendaje y solté un quejido lastimero. –No seas quejica, pero lo que no
comprendo es lo que pinta Sandra en todo esto, ¿Quién es ella realmente, porque
te mintió sobre la muerte de David? –No la respondí, no tenia respuesta a esa
pregunta, llevaba tiempo pensando en ello, pero no le encontraba ninguna
lógica.
-Voy a llamarla –Dije decididamente –Tu estas
loco, ¿y si esta con Oscar? –Era una posibilidad que tenía en mente, ella me
mintió sobre la muerte de David, vino a mi casa a contármelo, tal vez como
señuelo para que saliera de casa, o tal vez con otras intenciones, pero no
tenía nada mas a lo que aferrarme, sabía que era una mala idea pero ¿que mas
podía hacer?
-Juan, pase lo que pase yo pienso ir contigo y
estar a tu lado. –Cuando ella usaba ese tono de voz sabía que era imposible
decirla que no, dijera lo que dijera o hiciese lo que hiciese ella no me
escucharía.
-Como quieras Verónica
Cuando termino de ponerme el vendaje nos
dirigimos a la sala, yo me senté en el sofá y Verónica fue a la cocina a
preparar algo para comer, me encontraba solo delante del teléfono y tenía la
tarjeta de Sandra en mis manos, todavía estaba dándole vueltas a si llamarla o
no llamarla, si la llamaba sabía que corría un gran riesgo, pero el no hacerlo
me alejaba de cualquier prueba que tenia, cualquier vinculo con la extraña
situación que estaba viviendo, verdaderamente era una difícil decisión.
1.
Estaba en la terminal del aeropuerto a punto
de coger el vuelo cuando me vino a la cabeza lo que ocurrió hace apenas un par
de meses cuando salí de permiso de la cárcel y me dirigí a ver a David, no di
con él, pero lo que vi me dejo perplejo, esta vez tenía que evitar a toda costa
que ocurriera lo mismo, tenía que llegar a Bilbao antes de que fuera demasiado
tarde, esta vez tenía que adelantarme. En ese instante la megafonía indicando
que el embarque se produciría en breve me saco de mis pensamientos y me dirigí
a la puerta de embarque, ocurriera lo que ocurriera pronto lo averiguaríamos.
2. ARREPENTIMIENTO
Tenía en mis manos la tarjeta de Sandra, la movía
ansiosamente de una mano a la otra sin decidirme si llamar o no, me mire el
brazo vendado y después de un par de segundo cogí el teléfono y me decidí a
marcar el numero de Sandra, empezó a darme señal pero no cogían, cada tono que
sonaba era un mundo dentro de mi cabeza, era como si estuviera inmerso en un
plano paralelo en el que el tiempo se había detenido, alce un poco la vista y
vi como Verónica se acercaba con una bandeja con unas bebidas y algo de comer
en ese momento contestaron a la llamada.
-Si que tardaste en llamar Juan, esperaba que
lo hicieras antes –Era Sandra, esa voz era inconfundible.
-¿Cómo demonios sabes que soy yo? –mi voz
sonaba débil comparado con la firmeza con la que me contesto. –Sencillo, solo tú
tienes este número de teléfono, y sabia que llamarías tarde o temprano, perdona
la herida del brazo normalmente no suelo fallar.
Yo estaba perplejo, así que la que me disparo
fue ella y no Oscar… ahora sí que no sabía que pensar, Verónica noto mi incredulidad
dibujada en mi rostro y me miraba fijamente, todavía con la bandeja en sus
manos, quieta ante mí sin atreverse a mover un solo musculo, como si estaría
paralizada esperando una señal para relajarse.
-¿Por qué tu Sandra? ¿Trabajas para Oscar? Y
¿Quién eres? –escuche una ligera carcajada al otro lado del teléfono –Bueno,
son tres preguntas aunque seguramente no las formulaste ordenadamente, pero te
las contestare a su debido tiempo, solo ahora responderé a una de ellas –Hizo
una pausa, yo estaba ansioso no dejaba de mover mi pierna compulsivamente, era
un tic que tenía desde pequeño que aparecía cuando estaba muy nervioso –me
preguntas que porque yo, bueno la respuesta es sencilla simplemente Venganza,
dulce Venganza –Venganza… pensé… -Así que te manda Oscar para vengarse ¿Es tan
cobarde como para no atreverse el? ¿Mataste tú a David? –Al preguntar por David
mis nervios desaparecieron y se transformaron en rabia y Ira –Esas son dos
preguntas más, las añadiré a la lista, ahora tengo que dejarte, tengo que ir al
aeropuerto a recoger a alguien, si quieres conocer las otras respuestas puedes
venir a buscarme te quedan 2 horas –Después de decir esa frase colgó el teléfono,
yo continuaba inmóvil solo moviendo la pierna, en ese instante note como
alguien ponía su mano en mi pierna como queriendo detener el movimiento
compulsivo, era Verónica, había dejado la bandeja en la mesa y se había sentado
a mi lado sin yo darme cuenta, me miraba tiernamente.
Deje el teléfono en la mesa, me gire a mirarla
y al ver esa dulzura y ternura que irradiaba me calme y solo de mis labios salió
un nombre Sandra.
Verónica me abrazo fuertemente, el contacto
con su cuerpo termino de calmarme completamente, ella me susurro al oído –Permaneceré
a tu lado ocurra lo que ocurra, te quiero –En ese momento al escucharla mis
labios buscaron el camino hacia los suyos sorteando su mejilla y la bese como hacía
años que no la besaba, no recordaba lo que era hacerlo, esos labios, la dulzura
con que lo hacía, nos fundimos en un solo cuerpo y estuvimos abrazados unos
minutos que parecieron horas, la magia del momento la rompí yo como siempre –En
el fondo me arrepiento de lo que ocurrió con David aquel día en León –Ella se
separo un poco, sus manos se dirigieron a mis mejillas y dulcemente me giro la
cabeza para que sus ojos quedaran a la altura de los míos, y con una mirada
penetrante con esos ojos brillantes que denotaban ternura y amor me respondió
–Nunca te arrepientas de hacer lo correcto –Nuevamente me beso, yo comencé a
llorar por segunda vez ese día.
3.
Nunca me gusto viajar en avión, pero era la
forma más rápida de llegar a Bilbao, en poco más de una hora estaría
aterrizando, no dejaba de darle vueltas a la cabeza, estaba en el asiento de la
ventanilla con la mirada perdida en el vacío, junto a mi estaban sentados dos
turistas posiblemente ingleses que no dejaban de hablar y reír y sacar fotos
por la ventanilla con la consiguiente molestia que me estaba produciendo,
estaba empezando a enfadarme, cuando sonó mi teléfono móvil, era un mensaje de
texto.: “Te espero en la salida, Golf negro matricula de Francia, un beso”. Me
olvide nuevamente de los turistas y volví a meterme en mi mundo de pensamientos
con la mirada perdida observando el cielo nuevamente, en breve esperaba que
todo acabara y por fin podría descansar tranquilo pasara lo que pasara.
4.
BUSCANDO RESPUESTAS
Después de contarle a Verónica la conversación
telefónica mientras comíamos un sándwich, ella se levanto recogió las mesa y se
dirigió a la cocina, justo antes de perderla de vista ella se giro me miro y
con firmeza me dijo –Vamos entonces, no tenemos mucho tiempo –Yo me quede de
piedra al escuchar con que convicción lo había dicho, esboce una ligera sonrisa
y continúe mirándola mientras ella se perdía en la cocina.
Cuando salimos de la casa dirección al garaje
empecé a sopesar todos los pros y las contras de lo que estábamos haciendo, la
verdad es que la lista de las contras era inmensamente superior a la de los
pros, solo obtendría respuestas, pero en los contras, después de haberme
disparado, después de la muerte de David, después de la llamada…. Al final
decidí resumirlo todo, pros, encontrar posibles respuestas, contras, encontrar
la muerte….
-¿Y si llamamos a la policía? –lance la
pregunta al aire haciéndome la pregunta a mi mismo casi sin querer obtener
respuesta, pero la obtuve –No tenemos tiempo de llamar a la policía, ya se
abran marchado, y además ¿Qué les decimos? –Verónica tenia razón, llamar a la
policía seria una pérdida de tiempo, papeleo interrogatorios, contar una
historia que parece de película, era mejor olvidarse de ello.
Nos montamos en el coche pero esta vez me puse
yo al volante, en cuanto se abrió la puerta del garaje salí rápidamente dejando
un rastro de goma en el suelo por el acelerón, en el trayecto al aeropuerto no
nos dijimos una sola palabra, no veía ni señales de tráfico ni pasos de
peatones ni semáforos, suerte tuvimos que no nos vio ninguna patrulla de la
policía y nos detuviera.
Estábamos ya llegando al desvió que nos
llevaría al aeropuerto que se podía vislumbrar a los lejos cuando Verónica
cogió mi mano que la tenía sobre el cambio de marchas –Todo saldrá bien Juan,
veras que si –Acelere mas.
Cuando llegamos a al parking del aeropuerto
bajamos del coche y rápidamente nos dirigimos al interior del aeropuerto, al
entrar la megafonía indicaba la llegada de un vuelo procedente de Madrid,
Verónica y yo nos miramos, si según suponíamos era Oscar el que vendría tenía que
ser en ese vuelo, fuimos rápidamente a la zona donde desembarcaban los
pasajeros recién llegados y vimos a una multitud de gente saliendo con su
maletas, un par de turistas extranjeros nos parecieron salían hablando
alegremente con su equipaje y una cámara de fotos colgada al cuello pero lo que
de verdad me hizo fijarme en ellos fue la persona que vi detrás, jamás podría
olvidarme de él, era Oscar……
Parecía que tenia la mirada perdida, miraba de
un lado a otro como buscando a alguien, en un momento determinado nuestras
miradas se cruzaron y él se detuvo, se quedo mirándome durante un largo rato,
ninguno de los dos movíamos un solo musculo, ni un solo parpadeo, ni un simple
gesto, Verónica apretó mi mano fuertemente.
Junto a mi pasaba la gente con sus maletas,
abrazando a su familiares y amigos, un constante murmullo se escuchaba en toda
la sala pero yo no oía ni veía nada, solo a él, entonces vi que nuevamente empezó
a caminar, se dirigía hacia donde estábamos nosotros, al llegar a mi altura se detuvo
nuevamente –Juan, cuánto tiempo –En cuanto termino la frase yo me deshice de Verónica
que tenía mi mano aprisionada y me lance contra Oscar, estaba fuera de control,
dentro de mi solo existía la rabia la ira, lance un puñetazo que impacto contra
su rostro, Oscar cayó al suelo al recibir el impacto y comenzó a sangrar por el
labio, en ese instante cuando estaba a punto de tirarme sobre el Verónica me
agarro, Oscar no intento levantarse, simplemente estaba sentado en el suelo mirándome,
un guardia de seguridad se lanzo contra mí en ese instante Oscar hablo
nuevamente –Suéltale, no hizo nada, ha sido un accidente –El guarda de
seguridad continuaba encima mío sin saber qué hacer, estaba perplejo –¡Suéltalo
te digo! –Como si de la orden de un superior se tratara el guardia de seguridad
me soltó, y sin saber como actuar decidió perderse entre el gentío que miraban
atónitos la escena ocurrida poco antes.
-Juan, tengo que avisarte de algo –Al terminar
la frase se incorporo y soltó une escupitajo rojo por la sangre de la herida
–¡Avisarme! ¿Te parece poco aviso a ver intentado matarme y a ver matado a
David? –yo también me había incorporado, Verónica esta vez estaba fuertemente
agarrada a mí.
-Te confundes de persona Juan –No sabía ni
porque estaba hablando con él, no sabía como no había vuelto a golpearle, no sabía
como no había intentado matarle en ese mismo lugar, pero su tono de voz parecía
sincero y algo me detenía a actuar.
-Te contaría todo, pero tengo algo pendiente y
me están esperando y si tu estas aquí seguro que a ti también, acompáñame –Mire
a Verónica y ella asintió con la cabeza, continuaba sin saber porque no
actuaba, pero solo fui detrás del, dirección al aparcamiento. Oscar se dirigió
hacia un coche negro que estaba aparcado algo alejado del resto, yo me detuve
unos metros antes mire a Verónica y la solté de mi mano –No sé que ocurrirá,
pero te pido por favor que te quedes aquí que no te alejes, y si ocurre alguna
cosa corras a avisar a alguien –Ella me miro estupefacta -¡Tu estás loco! ¿Te
crees que voy a quedarme aquí como un pasmarote mirando lo que pasa? –Si Verónica,
te lo pido por favor y no admito replica –En cuanto termine la frase me dirigí
hacia Oscar, no mire atrás pero sabía que Verónica me haría caso y no vendría,
al llegar a la altura del coche vi a Sandra sentada donde el conductor
esbozando una sonrisa, la primera vez que la vi me pareció una de las mujeres más
hermosas que jamás había visto, ahora solo veía a una mujer que intento
matarme, toda la belleza que tenia se esfumo hace tiempo.
-Me alegra veros a los dos aquí, Juan ¿No le
dices a tu amiga que se acerque? –No metas a Verónica en vuestro juego, quiero
respuestas Sandra, y las quiero ahora –Sandra me miro, se notaba que le
divertida la situación –Veo que no has llamado a la policía, ni has intentado
terminar con Oscar, se te nota tranquilo, me parece bien sabia que sería así,
no te infravalore, siempre tan sereno en los momentos difíciles, siempre tan
tranquilo, como en el juicio del asesinato de mi hermano –Yo me quede callado
intentando asimilar todo aquello, el asesinato de su hermano… ¿Sería posible
que esta mujer fuera la hermana del militar que David mato? Mire a Oscar
buscando una respuesta a una pregunta que formule con la mirada pues no podía
siquiera articular palabra, Oscar me miro también y comprendió la pregunta muda
que le hice –Si, es cierto Juan, yo te lo contare todo…..
Yo estaba perplejo sin saber cómo actuar, tenía
ante mí a los asesinos de mi amigo y a las personas que quisieron terminar con
mi vida y ni siquiera me plantee la posibilidad de llamar a la policía ni de
intentar terminar con ellos, el ser humano es curioso por naturaleza pero algo
dentro de mi me decía que había alguna cosa más.
-Cuéntamelo ya Oscar, y quiero saber toda la
verdad –Mire a Oscar que estaba totalmente quieto sin dejar de mirar a Sandra
como si esperara algún movimiento y no quisiera que le pillaran desprevenido.
Oscar sin dejar de mirar a Sandra empezó a contarme la historia.
-Veras Juan, conoces parte de lo que ocurrió
cuando estábamos de maniobras en León, pero no conoces toda la verdad, el
guardia a quien David mato trabajaba para nosotros, aquella noche no tenía que
haber salido nada mal, estaba todo bien preparado y todos los cabos atados,
pero David… -En ese momento se detuvo como queriendo coger aire –David que… -Le
dije ayudándole a que continuara con la historia –El quería mas, el organizo
todo el plan y le pudo la codicia y cuando vio que se acerco nuestro socio no
sé porque le disparo, yo no sabía cómo actuar, pensé que me dispararía a mi
también así que corrí lo mas que pude, el resto de la historia ya la conoces
–Me costaba creer lo que acababa de escuchar ¿Davis un asesino? No daba crédito
a lo que estaba escuchando, en ese momento Sandra nos interrumpió.
-Ese guardia se llamaba Ricardo, y era mi
hermano, yo sabía toda la verdad, y cuando fui al juicio y vi la tremenda farsa
que se acababa de montar, tu mintiendo, Oscar en la cárcel y David libre, jure
vengarme de vosotros –Unas lagrimas empezaron a recorrer sus mejillas, sus
hermosos ojos rasgados se enrojecieron, yo continuaba sin poder hablar.
-Cuando estaba en la cárcel recibí la visita
de Sandra varias veces, yo estaba encolerizado por lo que había pasado, yo no
mate a nadie pero cargué con las culpas, durante muchos años quise vengarme,
planee todo con Sandra pero algo que sucedió en presidio me hizo cambiar y toda
la rabia y todas las ganas de venganza y sangre que tenia se diluyeron, yo no
mate a Ricardo, pero si actué mal y sabia que tarde o temprano acabaría aquí,
intente avisaros de los planes de Sandra, pero no recibí respuesta, cuando salí
de permiso y fui a avisar a David ya era tarde, la primera parte del plan
estaba terminada –Oscar continuaba mirando en todo momento a Sandra.
Sandra había dejado de llorar y ahora miraba
fijamente a Oscar –Si, tú me traicionaste, pero no pudiste evitar la muerte de
David, tampoco podrás evitar la de Juan y acabo de añadirte a mi lista también,
llevo muchos años preparándome para este momento y ni tu ni nadie podrá
evitarlo –En menos de un segundo escuche una detonación y vi como Oscar caía al
suelo, le mire y vi una mueca surrealista dibujada en su rostro, la bala le
alcanzo en la cabeza y un chorro de sangre como si de una fuente se tratara
manaba de su herida, al girarme donde Sandra nuevamente escuche otra detonación,
el pecho me empezó a arder y la visión se me volvió borrosa en un instante, me
lleve las manos a la herida, no sentía mas que un ardor dentro de mí como si me
quemaran las entrañas, caí de rodillas apoyando mi cabeza contra la puerta del
coche, notaba como mis manos se empapaban de un liquido viscoso y cálido, no me
cabía ninguna duda de que era sangre, mi sangre, en esos momentos como si la
paz me invadiera supe que moriría, Sandra arranco el coche y salió a toda
velocidad, en ese momento al perder el apoyo del coche caí al suelo boca abajo,
no podía hablar, no podía ver y casi no podía escuchar, simplemente mi cerebro
funcionaba a máxima velocidad y miles de recuerdos y imágenes se me agolpaban
en la cabeza, note como alguien me abrazaba, escuche tímidamente unos llantos y
pedían auxilio, supuse que sería Verónica, quería hablar, decirla que la amaba
decirla que no se preocupara que estaría bien, pero no pude, en esos momentos
deje de sentir, ya no oía, ni veía ni notaba nada, simplemente paz y oscuridad.
FINAL
La policía logro atrapar a Sandra con la ayuda
de Verónica, fue juzgada por 3 homicidios con premeditación y pasaría la mayor
parte de su vida en la cárcel, yo por suerte pude sobrevivir aunque quede
postrado en una silla de ruedas para el resto de mi vida, pero al menos pude
escribir mis memorias, en ningún momento Verónica se separo de mi lado, tal vez
esta no sea la mejor historia que pueden leer, tal vez el final parezca absurdo
¿Pero acaso la vida no lo es muchas veces? Ahora que aprendí la lección puedo
decir sin lugar a equivocarme:
“La vida nunca es justa y las decisiones que
tomas en ella terminan pasando factura, tarde o temprano los fantasmas del
pasado vuelven a aparecer para saldar sus cuentas y cobrarse lo que un día
lograste evitar pagar”